Martes, 12 de diciembre de 2017

El sonido de las campanas

El sol caía a plomo en la plaza de tierra. El sacerdote celebrante con capa pluvial de color negro y ribetes dorados, con el rostro cubierto por el sudor, iba seguido por el diácono, ambos hacen una genuflexión ante el féretro, que descansa solitario sobre dos soportes. Con el hisopo en su mano derecha asperja tres veces el féretro: La primera a los pies, la segunda en el medio, y la tercera a la cabeza. Al pasar por delante de la Cruz del Subdiácono la saluda. Deja el hisopo y recibido el incensario, inciensa el féretro  de la misma forma.

                   _ REQUIEN ALTERNAN, DONA ELS DOMINE ET LUX PERPETUA LUCEAT EIS_

Los deudos con vestimentas negras siguen con atención y recogimiento todas las evoluciones del sacerdote, mientras que los acompañantes y amigos están dispersos por la Plaza, buscando la mayoría la sombra que proyecta el Ayuntamiento, o la acacia de la esquina. El silencio de los hombres y mujeres es absoluto, sólo se oye, aparte de las jaculatorias del sacerdote, el canto estridente de la bandada de vencejos que pasan veloces por encima de los tejados, o el sonido monocorde de las cigarras, que desde los huertos cercanos y de las eras, se dejan sentir.

KIRIE ELEISON, KIRIE ELEISON, PATER NOSTE, ET NEMOS INDICAS INTENTATIONEN SED LIBERA NOS HA MALO.

Desde la Iglesia que está en un altozano, llega nítido el sonido de las campanas que tocan a muerto en una cadencia que sobrecoge en el silencio.

                      QUI LAZARUN RESUSCITATI A MONUMENTO

Al señor Manuel el duelo le ha sorprendido en la Plaza llevando su carro cargado de mies y tirado por dos cansinos bueyes. Respetuoso se ha quitado el ajado sombreo de paja dejando ver su rostro marcado por mil soles. El entierro le ha pillado a pleno sol y gruesas gotas de sudor corren por su cara y se pierden entre su camisa sin cuello.

                     REQUIESCANT IN PACE, AMEN

METEMORFOSIS es: Trasformación de una cosa en otra. Y… cuando sucedió esta historia que pretendo contaros en sucesivos Domingos; era yo un niño y cuando toda esta parafernalia de entierro se realizaba, ya era un mozo. Comienzo por el día en que estuve en el entierro de Juan; un entierro cargado de simbolismo y recogimiento que, a mí, me impresionó hondamente. Mi padre era el médico de dicho lugar y amigo de Juan desde que llegó a aquel pueblecito perdido en los confines provinciales. Y fue uno de los co-autores del cambio de vida que este sufrió y del que yo me fui enterando cuando me hacía mayor… la metamorfosis de Juan. Pero… esta es la historia humana que continuaré contando el próximo domingo, si Dios quiere…

 

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas