Viernes, 15 de diciembre de 2017

De urnas y hogueras

  21/junio/martes:

     Por obligaciones de trabajo acudo a un acto electoral del PP. Un sencillo encuentro con empresarios en la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Servicios de Valladolid. El conferenciante es Álvaro Nadal, responsable de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno. Siempre he oído hablar bien de este hombre, cosa que en política no es fácil. Mente económica de gráficos y sentido común. El resumen, sucinto, es que la clave del “éxito” de los logros económicos de España nace del aumento de la competividad. Esa es la palabra determinante. Aseguró que España está muy dividida ideológicamente y que fuera de aquí, o sea en Bruselas, el lenguaje es común y muy distinto al que utilizan otras formaciones políticas. Nadal dijo que el PP habla bien de España, contrariamente a los demás, que hablan mal. Y para demostrar que hay que hablar bien recordó que en los años sesenta del siglo pasado éramos un país pobre, que exportaba algo de minerales y tenía un incipiente turismo. Que en dos generaciones eso ha cambiado, que ha sido un tiempo de éxito, hasta el punto de llevarnos a estar entre los países más desarrollados. Ahora España es un país que compra, pero también vende, y ahí está la llave del éxito. Antes España era pobre porque no tenía nada que vender. Ahora vendemos bienes de equipo, mucho material del sector del automóvil y productos agroalimentarios, además de un turismo de calidad. Somos, en definitiva, competitivos. El error de otros partidos es considerar que el éxito llega con la distribución de la riqueza. Mal se puede distribuir si no se crea, si no se tiene. En su argumentación aseveró que hubo dos etapas en las que en España se bajaron las exportaciones, del 84 al 91 y de 2004 a 2008, y que eso se llevó por delante a dos presidentes, a Felipe González y a José Luis Rodríguez Zapatero. Fueron dos crisis que se generaron por la falta de competitividad de España, que es lo que genera actividad y, por tanto, empleo, que a su vez mantiene el sistema social y las pensiones. Hizo alabanzas del euro porque ahora los créditos se pagan a precio muy barato, mientras que con la peseta llegaban al 18%. Lo recuerdo bien porque compré un piso en aquella época y Banesto, con deferencia de buen cliente, me sacudió la hipoteca al 18,50%.  El euro vino a sustituir al marco alemán y fue lógico, dijo, “porque no iba a sustituir a la peseta”, de haber sido así seguiríamos con los créditos por las nubes.

   Álvaro Nadal hizo una exposición brillante, ágil y didáctica, hasta el punto de convencerme. Para eso empleó también tres gráficos muy ilustrativos. Es el problema que tengo con los economistas: que siempre me convencen. Es muy sencillo, ponen los números, los datos y los gráficos al servicio de su idea y yo, como no entiendo nada de economía, pues caigo. Eso sí, me mosqueó la utilización sesgada de lo barato de los créditos sin que mencionara lo contrario: que una barra de pan ronda y sobrepasa las 100 pesetas, o 200 un café o una botella pequeña de agua mineral o 300 un chato de vino. Mi pregunta es ¿por qué siendo una cosa tan clara, tan meridiana, lo bien que lo hace el PP en economía la gente no lo ve? Tal vez porque la gente no compra créditos y sí barras de pan, cafés y botellas de agua mineral. Y eso no les cuadra con las tesis del tecnócrata Álvaro Nadal.

   Pero la confusión me aumenta cuando expone sus teorías Luis Garicano, el hombre de la economía de Ciudadanos, brillante profesor en Inglaterra, porque dice que el PP ha generado un déficit público insoportable y que las líneas económicas de este partido son un fracaso. Si quienes hablan son economistas como el catalán Gay de Liébana, gran vendedor de humo, y otros que ahora están todo el día dando lecciones en las tertulias televisivas, nos iluminan con otras versiones; y todas al primer golpe parecen buenas. Pero siempre desconfío porque recuerdo que ni todas las cabezas económico-pensantes del BBV, que forman varios equipos de fútbol, vieron llegar la crisis. Sólo el profesor de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, Santiago Niño Becerra, al que todos calificaban de loco, y cosas por el estilo, se aventuró a advertir la que se nos venía encima. Pero en general los economistas son gurús que anuncian el fin del mundo cada dos por tres o hacen previsiones a toro pasado. Son unos fenómenos: saben cuatro conceptos económicos, emplean un lenguaje que confunde al personal y, hala, a tirar, a escribir libros y a pontificar. No tengo dudas de que los males que nos suelen sobrevenir es por culpa de ellos que se dedican a un oficio que no es ni científico ni se lo parece, pero que nos lo venden así. Por supuesto: todavía es más peligroso un político que aprende a sumar y restar en dos días y conoce de oídas a Adam Smith o John Galbraith.

   Por eso yo sigo a lo mío: si gano dos, gasto uno, pero no tres. Eso sí: quiero gastar uno para que el sistema siga funcionando. Eso de meter todo el ahorro debajo de una baldosa no sirve en estos tiempos nada más que como parábola bíblica. Y endeudarse es muy peligroso, porque los bancos siempre serán aves de rapiña y buitres leonados hambrientos. Que para eso están, no para hacer caridad. De todos modos la economía es la madre de todas las batallas. Como dijo Clinton a Bush padre: “es la economía, estúpido”. Siempre la economía.

 

    Entramos en el final de la campaña de las elecciones del 26-J, San Pelayo, fiesta de Cañizo. Lo  recuerdo para todos los amigos que quieran llegarse a mi pueblo. Allí estaremos de votaciones y vaquillas, de peñas y limonadas mezcladas con las urnas, de bodegas para el trasiego personal y el lechazo propio del día grande. Una fecha esta del 26-J que en Cañizo será más histórica si cabe. Ya en junio, un día 15 de 1977, se celebraron las famosas elecciones que ganó el donut de UCD y Adolfo Suárez. 39 años después aquí estamos de nuevo los españoles intentando aclararnos. ¡Qué difícil! Entonces cantábamos “libertad sin ira” y ahora estamos dando el cante. Y bien.   

 

  23/24 junio/jueves/viernes

 

  Noche de San Juan, del 23 al 24 de junio. El padre de San Juan Bautista, que se llamaba Zacarías y era sacerdote, perdió la voz por dudar de que su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Pero sucedió que cuando nació San Juan recuperó la voz milagrosamente, y como demostración de alegría y contento encendió hogueras para anunciárselo a parientes y amigos.  Con el tiempo se cristianizó esta fiesta la noche del 23 al 24 de junio, convirtiéndose en una noche sagrada y de purificación. De hecho el fuego siempre purifica. Pero existe confusión en torno a la noche de San Juan, sobre todo en aquellos sitios en los que la celebración se une al solsticio de verano (21-22 de junio) y no al nacimiento de San Juan Bautista (24 de junio); en este caso se produce una anomalía asumida, porque se celebra el nacimiento del Santo, cuando la referencia de los santos siempre ha sido el día de la muerte. En cualquier caso hay lugares como en Alicante donde las hogueras, nada que ver con las inquisitoriales, se hacen del 24 al 25 de junio, mientras en otros lugares, como Almería o Barcelona, se celebran del 23 al 24 de junio. Mi recuerdo de San Juan y sus hogueras me lleva hasta Barcelona, a los años que van desde 1972 a 1982, el tiempo en que residí en la Ciudad Condal. Los chaflanes de las calles, los cruces, se llenaban de enseres viejos de los que se desprendían los vecinos, y que amontonaban de forma compulsiva: armarios en retiro, sillas desvencijadas, sofás deteriorados, muebles de formica…, todo valía. Ya de noche se prendían fuego, convirtiéndose en hogueras impresionantes que seguían los vecinos de cerca y que suponía para los bomberos un auténtico quebradero de cabeza. Paralelamente se hacían infinidad de fiestas en las terrazas, en los áticos, tan propios de la Barcelona mediterránea, donde se juntaba la magia de San Juan, los amores imposibles -o posibles-, la sangría, la cerveza y los cubatas. Todo unido sumaba, lo que generaba en los cuerpos, y las almas, un conjunto de emociones únicas pegadas a la celebración, al calor del fuego y la dulzura inigualable de la noche. En Barcelona quien no ligaba la noche de San Juan muy mal lo tenía durante todo el año. Y eso dependía en buena parte en la veneración al Santo. Yo tengo que decir que siempre procuré serle fiel, leal y adicto.

 

   Quienes tienen la paciencia y la bondad de seguir mi “picoteo” me piden que siga con los pensamientos de las dos semanas anteriores. Así lo hago:

 

   11.-El sentimiento más ruin…………… el rencor

   12.-el regalo más bello…………………..el perdón

   13.-lo más imprescindible……………….el hogar

   14.-la sensación más grata……………...la paz interior

   15.-el mejor remedio…………………….el optimismo

 

(Continuará)