Jueves, 14 de diciembre de 2017

De tertia electione liberanos Domine

No sabía si debía titular así o “Dios nos libre de unas Terceras Elecciones”, porque si nuestros políticos no nos han librado de las segundas ¿por qué habrán de librarnos de otras? Pero la base de las relaciones humanas, también de las políticas, es el concepto de confianza, así que confío en que, con intervención divina y sin ella, no tengamos que repetir como los malísimos estudiantes. Digo esto paporsia, antes de saber el resultado.

Y precisamente la confianza es lo que parece haber fallado en el Brexit. Todo el ‘establishement’ – la City financiera, las grandes empresas, los partidos políticos tradicionales, aun con diferencias internas entre ellos- estaba a favor de seguir en la Unión Europea y, sin embargo, han ganado los que en las encuestas parecía que iban a perder. Esta crisis puede tener su lado positivo: darnos cuenta todos de que algo pasa, de que hay una gran desconexión entre los representantes y los representados en Europa y en el Reino Unido. La democracia liberal es una joya frágil que puede romperse si no se la cuida, si los partidos tradicionales no son más fieles a sus idearios fundacionales, tampoco se cuidan de actualizarlos y, en lugar de pensar en la persona del ciudadano y del votante, se dejan llevar por la dictadura de las encuestas o por el dogma del poder y no por el del servicio a los ciudadanos, sino que se sirven de ellos para sus intereses personales, económicos o políticos. Las consecuencias de no pensar en lo que piensan los representados son la convocatoria de los referéndums y la aparición rampante de los populismos. La “gente”, harta de no ser representada, se echa en manos de quién tampoco sabe si le va a representar, porque tampoco ha tenido tiempo de demostrarlo, pero al menos suena a “nuevo”. Y en cuanto a los referenda, siendo en sí mismos una herramienta democrática, son una herramienta peligrosa; la prueba está en su uso masivo por parte de las tiranías y las dictaduras –de izquierda o de derecha- y una muestra actual podemos verla en los partidos de extrema derecha en toda Europa que, a la vista del resultado del Brexit, se han puesto a la cola para exigirlos. Y como en España apenas tenemos partidos de extrema derecha y son poco significativos, a no ser que hagamos caso a los de extrema izquierda que señalan al PP como su extremo opuesto, pues resulta que aquí, quien reclama los referenda es la extrema izquierda, a no ser que ya no los reclame o que ya no sea extrema izquierda sino socialdemocracia reciclada. España es en esto muy “castiza” y no pierde sus manías: Spain is different. Pero ¿no era este un lema turístico franquista? ¡País!

Cuando escribo no se ha producido todavía la votación en las Elecciones Generales. En el fondo no importa, porque como ciudadano, además de tener mis preferencias y votar a esta opción o a la otra, debo asumir mis responsabilidades políticas, algunas de las cuales son:

- procurar que mi mente siga siendo libre y crítica, para lo cual intentaré diversificar mis fuentes de información, privilegiando el diálogo con mi círculo de familiares, amigos y conocidos y, sobre todo, analizando lo que yo viva y vea.

- actualizar mi conciencia política apoyándome en bases morales sólidas como son el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia y aprovechando en lo posible lo que las instituciones libres que me rodean puedan ofrecer: por ejemplo, las dos Universidades de Salamanca.

- mantener mi compromiso de colaborar como voluntario en la formación de buenos cristianos y buenos ciudadanos a través del Escultismo Católico, que es un movimiento de Educación no formal, pero integral.

- privilegiar en mi tarea pastoral como párroco la referencia a la Doctrina Social de la Iglesia, también en la predicación y en la Catequesis, pero sobre todo en mi contacto diario con los más pobres de mi entorno, en comunión activa con las instituciones de la Iglesia en ese ámbito (Cáritas, Manos Unidas, etc…)

- continuar con una actitud abierta al diálogo con militantes de todos los partidos democráticos con los que pueda relacionarme de cerca, e incluso con los no demócratas, a los que, como sacerdote, no puedo rechazar, sin perder mis puntos de referencia antes expresados.

- potenciar en lo que me sea posible el ejercicio de la libertad de pensamiento, de conciencia, la vivencia privada y pública de la religión y de la fe cristiana en todos los ámbitos, exigiendo, en lo que de mi dependa, especialmente, la libertad religiosa.

- reclamar a todos los partidos y a sus militantes que tenga cerca, el respeto y la potenciación del hecho religioso como algo democrático y bueno para nuestra Sociedad. En concreto, apoyar la enseñanza de la religión en la escuela pública, sea esta de titularidad estatal o concertada y la propia existencia de la enseñanza concertada.

- seguir con mi apuesta pro europea, procurando que el europeísmo respete y recupere sus raíces humanistas cristianas, ilustradas, sociales y populares, insistiendo en la solidaridad y, en las actuales circunstancias, en la acogida a los refugiados. A partir de mi europeísmo, mantener la conciencia católica, universal, abierta a todos los pueblos del mundo.

- denunciar lo que me parezca corrupción, así como la manipulación y utilización de los sentimientos de la gente, especialmente de los más jóvenes y de los pobres, en favor de opciones políticas e ideológicas concretas, sobre todo si son antidemocráticas o dudosamente democráticas.

Y, como no soy un partido político, ni pertenezco a ninguno, teniendo aún muchas más cosas que decir, las dejo para mejor ocasión, que muchas habrá en los próximos meses y años.