Sábado, 16 de diciembre de 2017

Ética como valor del siglo XXI

Participar y tratar de convivir en esta compleja vida social en la que casi todos los temas terminan analizados desde el punto de vista de la legalidad es difícil porque no es fácil disponer de pruebas o evidencias sobre los que tratan de burlar la ley con ingeniería social y/o financiera. Además, actualmente la Justicia es lenta y, por tanto, a corto plazo su incumplimiento sale gratis. Esta situación se viene observando en una buena parte de los políticos, incluidos los nuevos, que sin perfil profesional ni crédito social; pero con arrogancia juvenil vienen dando lecciones de legalidad.

La mayoría de los personajes que hemos conocido a través de los medios de comunicación argumentan para sus actos la legalidad y olvidan algo fundamental, la ética que es un valor básico en las relaciones interpersonales y sociales, Porque en una época de globalidad, de transformaciones y de oportunismos políticos este valor supone preguntarse por lo que es beneficioso y justo para los ciudadanos y asumir la responsabilidad personal de sus palabras, actos y decisiones. Porque utilizar la verborrea para decir palabras grandilocuentes y erigirse en salvadores de clases es muy fácil y, actualmente, por la falta de cultura ética sale gratis.

En base a la ética, se puede uno preguntar si es adecuado para un político tener dinero en paraísos fiscales aunque sea legal, si es lícito utilizar el sufrimiento humano o la pobreza para dar lecciones teóricas de valores que probablemente ni se tienen. Porque hablar de ética es hablar de justicia social y no sólo de cumplir la ley o de tratar de burlarla mediante procedimientos diversos. Porque la ética conlleva ante todo no provocar daño y, generalmente, se explican las decisiones y acciones en base a la legalidad. La ley es un marco de exigencias en un Estado de Derecho; pero hay no se acaban las responsabilidades personales.

Las sociedades avanzadas y desarrolladas necesitan realizar cambios legislativos para adaptarse a las necesidades y problemas de los ciudadanos; pero si estos no se acompañan de principios y valores éticos seguirán siendo poco efectivos para desarrollar proyectos nacionales de convivencia sostenible porque siempre existen oportunistas y populistas que bordean la ley.

En mi opinión, la ética debe ser un valor determinante en la vida cotidiana porque se asocia a la actitud y precede a la acción. La ética de mínimos exige a un médico ante todo no provocar dañoprincipio de no maleficencia- y también ser justos-principio de justicia-. Es decir, aplicar a todos, sin diferencias de género, clase o cualquier otra característica personal o social, todas las evidencias y conocimientos diagnósticos y terapéuticos. La ética de máximos supone además producir beneficios –principio de beneficencia-, mejorar la Salud y curar con su competencia y profesionalidad teniendo muy presente la decisión del paciente a través del consentimiento informado -principio de autonomía del paciente-.

Por tanto, cualquier acción, aunque sea legal, conlleva una responsabilidad que debe asumirse. Esto es lo que les pasa a los profesionales de la Medicina cuando se produce un efecto adverso en la atención a un paciente que está bajo su responsabilidad. Sin embargo, a los políticos populistas no les gusta asumir su responsabilidad porque tienen entre sus habilidades encontrar excusas para atribuírsela a otros, como a la Unión Europea (Brexit), al contexto internacional o simplemente a otros. A cualquiera con tal de no asumir la responsabilidad de tomar decisiones que es individual.

La vida saludable y sostenible exige ética en las acciones y en los comportamientos responsables

 

 

JAMCA