Viernes, 15 de diciembre de 2017

Pero qué nos pasa

Hay cosas que no entiendo. Mi vecino ve el box y dice que los zurdos tienen un perfil difícil. Algo parecido he escuchado sobre los jugadores de fútbol. No sé si suceda lo mismo con los voleibolistas. Suele decirse que “No hay zurdo malo.” También se escucha que las mujeres pueden hacer dos cosas a la vez, mientras que los hombres no. Supongo que lo último no lo entiendo porque soy hombre, ni lo anterior porque soy derecho.

Tampoco entiendo cómo puede vivir la gente en un mundo virtual. Si a una piscina brincamos con bañador, gorro y goggles, si a una biblioteca entramos con una actitud recogida, pienso que a la vida nos enfrentamos con circunstancias esencialmente materiales. En la piscina uno no siempre se sumerge en el agua, ni en la biblioteca uno todo el tiempo discurre mentalmente en conversación con los textos, así como tampoco uno está de lleno en la realidad tangible de las personas y las cosas en el día a día, sino que en la piscina y la biblioteca asimismo se puede platicar y un domingo por la mañana se puede conversar con personas de Nueva Zelanda y de Chile vía electrónica, pero está claro, al menos hasta donde mi miopía me permite ver, que ni la piscina ni la biblioteca están hechas para las pláticas, ni la realidad para vivir en un mundo virtual.

Cualquier persona que se haya echado unos tragos de más habrá experimentado que se tambalea. Una evaluación para medir el estado alcohólico consiste en hacer el cuatro. Pararse en una pierna y cruzar la otra. Ahí uno mira a ciencia cierta cómo va. Por otra parte, cuando la presión baja, naturalmente la persona también se tambalea. O cuando camina por la calle con el móvil en la mano: si viene de frente, tengo problemas para descifrar si pasará a mi derecha o a mi izquierda, si yo voy detrás, se me dificulta saber por qué lado la adelantaré.

Las personas están aquí, pero no están aquí, porque aquí no se está si se está en otra parte, aunque el espacio que ocupe el cuerpo indique lo contrario. Además, ese moverse de un lado a otro encuentra un reflejo en lo que sucede al interior. Puedes hablar con palabras contantes y sonantes, pero no todos sus oídos serán para ti: una parte será para las palabras que aparecen en su móvil; ni, desde luego, todas sus palabras serán para ti, sino que unas tendrán por destinatario a alguien más a cinco metros o kilómetros u horas de distancia (dentro de su móvil).

Algunas filosofías que suelen difundirse en locales de productos naturistas ponen en alto valor la vida en el presente. Sus maestros dicen que para comenzar un ciclo, antes hubo que cerrar el anterior, que cosas como estas llevarán al ser humano al encuentro consigo mismo (y uno se tambaleará menos ―supongo yo―). El estado de la cuestión es alarmante. La cultura no tiene consistencia, por más instantes de lucidez que exhiba. La gente se está rompiendo los tobillos al caminar por tener su atención al móvil (no mencionaré los accidente de tránsito). Nos estamos convirtiendo en una burbuja que sube… No estamos en un aquí, sino en un allá, que ilusoriamente pensamos que es un aquí. No vivimos en el planeta Tierra, sino en un mundo virtual… No lo entiendo. Pero qué nos pasa.

 

Fotografía propia del Festival de Luz y Vanguardias Salamanca 2016, Iberdrola.

Contacto: torres_rechy@hotmail.com