Martes, 12 de diciembre de 2017

Recordando a Carlitos.

En el cementerio de Highgate, situado al norte de Londres, fue enterrado, un 17 de marzo de 1883, en condición de apátrida, Karl Marx. A su funeral sólo asistieron unas 15 personas. Entre ellas, los socialdemócratas Friedrich Engels y Wilhelm Liebknecht. Engels pronunció, en aquella ocasión, un breve elogio funerario. Decía: “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana. Hasta ahora las ideologías imperantes han tratado de ocultar un hecho capital. El hecho por el cual la humanidad antes de hacer política, ciencia, arte o religión debe atender a su sustento y no al revés como se nos ha venido diciendo. Las instituciones del estado, el ordenamiento jurídico y la política económica de cualquier nación del mundo deberán asegurar, en consecuencia, la producción de los más elementales medios de subsistencia para sus pueblos. Por estas y otras razones Marx ha sido el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos lo desterraron de sus territorios y las clases privilegiadas, tanto las conservadoras, como las liberales compiten en afrentas hacia su persona. No obstante, millones de personas, desde las minas de Siberia a los campos californianos, hoy lloran su muerte”. Un compañero, recuerdo, me decía al salir, ambos, de un penal militar uruguayo: “Gallego, la lucha de clases sigue más viva que nunca”. Así es. Quizás los protagonistas de esta confrontación se les conozca hoy con otros nombres. No obstante, los intereses de unos y otros siguen siendo exactamente los mismos. Unos acumulan riqueza y privilegios y los otros, los de a pie, sobreviven. Los primeros, hoy, hablan de las “leyes del mercado”. Los segundos, hoy, sólo entienden de un trabajo perdido o mal pagado. Los primeros son “sensatos” y los segundos “populistas radicales”. Mañana habrá una “segunda vuelta” electoral. La mayoría de los medios de comunicación, politólogos, doctos columnistas, gurúes de todo pelaje nos alertan sobre la dificultad de la decisión a tomar, nos meten miedo, denigran, sus mensajes los acompasan con música caribeña, tratan de hacernos olvidar su mamoneo e ineficacia como gobernantes…  Creo, no obstante, que la decisión que Vds. tomen mañana se reduce a lo siguiente: votaré a los de arriba o votaré a los de abajo. Así de simple.