Lunes, 18 de diciembre de 2017
La Sierra al día

Crónica de un verano anunciado y la esencia del bonsái

Una mirada a la llegada de la época más calurosa del año a través del arte minimalista, pero cargado de significado, de plantar bonsáis
Crescencio al lado de uno de sus cuidados bonsáis.

Me pilló el verano desprevenida, aunque todos sabíamos que era una llegada anunciada. Me sorprendió de camino por los pueblos de la Sierra de Francia, al sur de Salamanca, justo en San Martín del Castañar al pie de su fuente en la Plaza Mayor. Me di cuenta por la luz, por un olor a infancia de juegos y por un silencio hipnótico roto por las golondrinas y el chorro fresco de la fuente que como canto de sirena no para de susurrar "bébeme-bébeme". Que Crescencio, ‘el hombre de los mil bonsáis’, estuviera regando ya sus pequeñas criaturas se podría leer como una señal extra.

Este es un tiempo pausado pero sin tregua, que muy pronto será acompañado por el runrún de maletas de hijos lejanos, mientras tanto observemos ese mundo alrededor de la fuente: en esa calle entre luces y sombras tres generaciones se entretienen sobre las mismas piedras; atraviesa la plaza una madre con su hijito que muy pronto la cruzará corriendo y su voz se sumará a la de otros niños de la Sierra que falta hace; un hombre accede a la invitación de la fuente y refresca sus manos una vez más, ¿cuántas veces lo hará a lo largo del verano?, ¿cuántas veces lo habrá hecho a lo largo de su vida?; en los soportales puedes guarecerte en una lozana umbría; y nuevas rutas convocan al viajero a descubrir caminos y paisajes inéditos. Porque aquí todo nos recuerda que las mejores cosas son gratis, todo es una invitación a disfrutar de un verano limpio y sosegado, de silencios pausados por aves bulliciosas.

Y cada mañana Crescencio, ‘el hombre de los mil bonsáis’, cuidará y regará en actitud paradójica sus plantas, esperando que crezcan lo suficiente sin que pierdan sus propiedades y virtudes, que troncos y ramas principales compartan el mismo carácter haciendo que el conjunto sea verdaderamente maravilloso, pues así nuestros pueblos, que crezcan y se desarrollen con armonía, pero que no pierdan su esencia de pequeños tesoros.

Me gustaría hacer una reflexión con respecto al título de este artículo, recordando que nunca hemos de olvidar que la verdadera esencia y lo realmente bonito del bonsái, es el placer que proporciona verlo mejorar con los años a través del cultivo y los constantes sucesivos cuidados.

Texto y fotos: Rosa Gómez