Martes, 12 de diciembre de 2017

Ánimo, Pedro

Lo siento, Pedro, no tengo el tiempo –ni el espacio– para decirte lo que siento, para animarte después de todo lo que estás pasando. A fin de cuentas, solo expresaste en voz alta lo que muchos otros deportistas experimentan, y callan, cuando no son tenidos en cuenta por sus entrenadores y se sienten frustrados por ello. Sí, lo que a unos les ocurre en un equipo de Regional a ti te ocurre en la selección española, pero, ¿acaso hay alguna otra diferencia?

 

Perdónalos; los lectores del Marca o el As –tristes obreros, dependientes, doctorandos, amos de casa, presidentes del gobierno,...– no pueden ponerse en tu situación y entender que con lo que ganas en un día podrías estar en este momento visitando Nueva York, recorriendo las rutas que explorara Marco Polo o en una playita paradisíaca rodeado de tías siliconadas en bikini (o sin él). Ellos, que solo tienen pensado escaparse al pueblo, o un par de días a la playa, no entienden que puedas sentirte insatisfecho portando el peto de los suplentes, jugando un rondo en el descanso y pasando desapercibido ante la fila de los periodistas al finalizar los encuentros.

 

Tampoco hagas caso de aquellos que reclaman profesionalismo, espíritu deportivo o compañerismo. Son unos pobrecitos románticos que no saben lo que es jugar en el Barcelona o en el Chelsea. Si ellos hubieran disputado una final del mundial sabrían que no es tan sencillo ocupar ahora un papel marginal, verse rebasado por las nuevas generaciones o por aquellos compañeros que en el pasado estaban por debajo de tu nivel. Afirman que estarían encantados de ser meras comparsas en una convocatoria los que ni siquiera pueden soñar con vestirse la roja. Exigen compromiso y patriotismo los que ni siquiera serían capaces de ser fieles a sí mismos.

 

Suerte, Pedro, que después de la derrota del martes, parece que el camino será breve y que pronto podrás tomarte unas vacaciones. Porque se equivocan los que piensan que jugar al tenis de mesa, bañarse en la piscina o en el jacuzzi de un hotel de cinco estrellas en La Rochelle, con vistas al océano, es el paraíso. No saben lo que es tener prohibido el alcohol y las salidas nocturnas, ser futbolista y no poder aprovecharse de ello en la sala V.I.P de una discoteca.

 

Solo te deseo, Pedro, que acabe pronto este infierno y puedas dejar reposar tu mochila llena de libros en la casa de tu familia en Tenerife para poder escaparte. Solo quien trabaja descansa, y tú te has merecido un prolongado reposo. Así que ánimo para lo que te queda, Pedro, y que te jodan.