Lunes, 18 de diciembre de 2017

Noche mágica de San Juan en La Alberca

Es tiempo de recoger la hornija, se acerca el día de San Juan y hemos de acarrear chaguarzos, escoberas, berezos*, y todo aquello que se pueda echar en la hoguera.

El día 21 de Junio, entra el solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5 grados hacia el sol, es el día más largo del año, a partir de esta fecha comienzan a menguar los días, por lo que nuestros antepasados creían que el Sol perdía fuerza, siendo tres días después, el 24, la festividad de San Juan donde se encendían las hogueras para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

Definitivamente no es un día como los demás, la naturaleza, el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una fiesta, cargada de gran poder y magia, hadas y deidades de la naturaleza andan sueltos por los campos.

Según los ritos y creencias, los días son más largos, por consiguiente, el poder de las tinieblas tiene su reinado más corto.

Nuestros antepasados en su conciencia interna sabían que el fuego destruye lo malo y lo dañino, y seguían destruyendo los hechizos con fuego.

 

Varias hogueras iluminan en calles y plazas de La Alberca, en esta noche de San Juan, noche mágica, noche llena de rituales, donde se baila y salta alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del sol.

Ni que decir tiene, que esta fiesta es muy anterior a la religión cristiana y a la mahometana, siendo el cristianismo el más experto en reciclar estos viejos cultos paganos.

Eran los mayores los que acudían hasta nuestra dehesa con sus petallas, para cortar el roble más alto, y en procesión lo traían sobre sus hombros para plantarlo en mitad del crucero del Barrionuevo, aún recuerdo como agatábamos* hasta la capullina.

Y le chiscábamos a la hornija para regocijo de los moradores, se bailaba y saltaba la hoguera, en un claro ejercicio de purificarse.

También preparábamos antorchas, consistentes en una vara aguzada en la que espetábamos una suela de zapatilla de goma, y visitábamos a los vecinos de otras calles y plazas, dejando un reguero de olor a goma quemada cuyas gotas caían ardiendo en nuestro caminar por las calles de La Alberca, en esa noche mágica y misteriosa, en la que el aire aullaba por las esquinas. 

                                                                                          Andrés Barés Calama.

Palabras de nuestra jerga:

Berezos*= brezos. Agatábamos*= subíamos gateando.