Lunes, 11 de diciembre de 2017

Miccionar en la Alamedilla

Tiene el Parque de la Alamedilla una zona bio-saludable que se instaló cuando se hizo la renovación del mismo el pasado año “para mejorar la forma física de adultos y personas mayores mediante un ocio saludable”, rezaba la prensa.

El gran éxito de este espacio se puede ver a diario por el número de usuarios que lo disfrutan desde primeras horas de la mañana, en su mayoría jubilados que practican sus ejercicios sin importarles el frío o el calor, y que al mismo tiempo establecen una relación de amistad entre ellos.

Claro que a lo largo de una hora, que es lo que suelen estar, y como a esas edades las próstatas se vuelven caprichosas, llega la necesidad de cumplir con la micción aliviadora. Y aquí empiezan los problemas.

Utilizar los servicios que están a unos cincuenta metros cuesta veinte céntimos. Teniendo en cuenta que en el espacio de esa hora de ejercicio necesitan ir una media de dos veces, el obligado desahogo les sale por cuarenta céntimos, que multiplicado por treinta día son doce euros al mes. Esta cantidad repercute, y mucho, en las exiguas pensiones que cobran.

A esto hay que añadirle que no son pocas las veces que no funcionan y se tragan la moneda sin abrirse.

Y claro, los apuros fisiológicos no aguantan esperas, así que los que debieran ser usuarios del servicio, buscan la alternativa más cercana y accesible: un árbol.

Y así, el uso de los árboles con estos fines “terapeúticos” se han convertido en costumbre, pasando de gastarse el dinero y de arriesgarse al no funciona.

Este problema no atañe solo a los jubilados que usan las máquinas. Es de todos los visitantes. A los niños también les entran ganas de hacer pis y no todos los padres están dispuestos a pagar, así que disimuladamente, césped o árbol.

Con la llegada de los calores, el rastro oloroso de estos usos empezará a notarse y mucho, aroma nada apropiado para el disfrute y relajo del parque.

Alguna mente de reflejo rápido, pero equivocado, pensará que la solución está en multar a los que sorprendan en tal faena. Pues no.

La solución está en que sea gratuito, tan gratuito como el agua de la fuente que alivia la sed de los que disfrutan la Alamedilla como lo que es, un parque público, sin ánimo de recaudación.

Pueden alegar que cobrando se evitan los abusos. No sé qué abusos, porque un servicio para realizar determinadas necesidades no es precisamente lugar que atraiga para nada más. Y si es por el cuidado y mantenimiento, que lo metan en la partida de los demás mantenimientos que se realizan.

Sugiero a la Concejalía correspondiente que eliminen el pago en el uso de los servicios que no deja de ser una necesidad, no un lujo, y que los usuarios de la Alamedilla, niños, jóvenes y adultos no tengan que usar sus aguas menores como riego obligado de césped y árboles.