Lunes, 11 de diciembre de 2017

La más charra entre las charras

Este fin de semana una charra ha estado de celebración. Su nombre, Soledad. Su ciudad, Salamanca, la besó, adoró y acompañó en el 75 aniversario del  dulce llanto de la Señora de la capital del Tormes

Nuestra Señora de la Soledad (Foto de Álex López)

No había bodas cuando las campanas marcaban la una del mediodía del sábado en la Catedral Nueva de Salamanca, pero sí una bella mujer luciendo de blanco impoluto. Nuestra Señora de de la Soledad volvía a pisar tierra charra, su tierra, para recibir los besos de sus fieles en esas manos que sostienen un rosario.

Y no. No era Sábado de Pasión, ni se estaban preparando ramos en los alrededores, ni la primavera estaba recién estrenada. Era un sábado de junio, y La Soledad comenzaba a celebrar el 75 aniversario de su bendición. A pesar de lo extraordinario de la fecha, no faltaron el reguero de gente y las velas encendidas. La Señora había cambiado su luto por el blanco, pero hay algo que nunca cambia, los sentimientos y el cruce de miradas con ese tierno y profundo llanto. Un sábado, otro sábado de besar manos y compartir lágrimas en compañía de La Soledad (ironías de la vida). La Soledad en sí misma y ensimisma.

Y llegó el gran día. El día en el que La Soledad volvería a abrazar su ciudad y a sus gentes. Y esta vez no habría lluvia, únicamente un cielo azul y un sol radiante pero eclipsado por el esplendor de la más charra entre las charras.

Se hizo de rogar, pero La Señora llegó, y Salamanca la esperaba. Sin su palio, pero con su luto y belleza. Sus lagrimas brillaban a la luz del mediodía, y las palabras se desvanecían a su paso. Y sólo quedaron las miradas, los pensamientos, los "¡Vivas!", los silencios y los corazones latiendo.  Y la Rúa fue suya. Y la Plaza Mayor. Y el Ave María desde el balcón del Ayuntamiento. Y toda Salamanca.

La Soledad navegó sobre un mar de emociones, sobre los entregados hombros de los que la portan cada noche de Viernes Santo y también por los chicos y chicas de la Soledad en la Cruz, que esta vez no tenían que darse la vuelta para ver a su Madre, les bastaba con mirar hacia arriba para ver cumplido el sueño de llevar sobre sus corazones a la Señora de Salamanca.

Y así, entre "¡Vivas!" y miradas, entre emociones y sentimientos, trascurrió un día de celebración y de eterno recuerdo. Una fecha para la Historia de Salamanca, su sociedad, cultura y tradiciones. Nuestra Señora de la Soledad, la Señora de Salamanca, la más charra entre las charras celebró el 75 aniversario de su bendición rodeada de los suyos, del pueblo charro. Y que sean muchos más, sin soplar velas, pero conquistando corazones. Felicidades, Señora.

Crónica de Álex López