Martes, 12 de diciembre de 2017

El cuaderno negro

 12/ junio/domingo   

     Desde la ventana de mi buhardilla se ven nubes algodonosas mezcladas con otras más negras que anuncian borrascas veraniegas. Faltan unos días aún para que entre la nueva estación pero en los pagos castellanos ya sentimos que la primavera se acabó. Los trigos y las cebadas ya tienen ese color que abandona el verde intenso para asomarse al amarillo pajizo. En las umbrías las flores silvestres aguantan los calores y se niegan a morir. Aliagas, malvas silvestres, jaramagos, espino blanco, amapolas…:sólo los cardos marianos y las tobas aguantan con dificultad el morado  entremezclado con el sutil vilano, esos filamentos en lo que se ha convertido la flor y que empiezan a levantar el vuelo movidos por el ligero viento. Es la belleza de los cardos.

    En estas tierras secas, el agua primaveral transforma la existencia de todo. Como ha ocurrido este año lluvioso. Hasta el punto de que Castilla y León se convierte en un vergel donde el tomillo, el romero o el espliego consiguen, con sus florecillas blancas o violetas, cambiar la imagen de una tierra adusta, de surco y sementera, de pedregal y sed. Cuando escribo esto pienso en mi pueblo, Cañizo, en El Raso, un pago de dos mil hectáreas donde abunda la encina, el almendro y la zarza silvestre. Allí estuve hace unos días con mi hija Marina, los dos acompañados por Chambo y Rumbo, que no dejaron de perseguir conejos entre los majanos, las jaras y los matojos. La labor del hombre, a lo largo de tantos años, ha hecho aquí caminos por donde transitaban los viejos carros de acarreo, de grandes ruedas de madera, hechas con pinazas de enorme dureza, recubiertas de un aro de hierro a prueba de piedras y tierra endurecida. Los labradores los ahormaban con redes de gruesas sogas para así conseguir un mayor volumen de bálago para trasladarlo a la era. Un día, con la modernidad, los carros fueron sustituidos por los remolques, las cosechadoras quedando varados en los cobertizos y abandonados a la intemperie junto a una pared de adobe o en una tierra hirsuta del pueblo. Los caminos, mientras tanto, ahora sirven para el paso de los tractores o los coches todoterreno.

    El campo de El Raso encierra en sus entrañas muchos misterios que se abren a la luz cuando los aguiluchos, las águilas, los alcotanes o los milanos vuelan majestuosas con proverbial cadencia oteando desde su atalaya para ver qué se mueve en el suelo: un pájaro, una culebra, un lagarto, una liebre o una perdiz. O esas aves negras y blancas que se mueven siempre en vuelo corto y huidizo, cual son las urracas, que en Cañizo llamamos pegas y en Valladolid, en las zonas pinariegas, se conocen por maricas o picazas. Los cuervos y los tordos, de negrura campestre, desconfiados y ajenos, se mueven con precaución, lejos de la confianza que parecen tener en la torre de la iglesia del pueblo las chovas, semejantes a los cuervos, pero de mucho menor tamaño aunque más ruidosas.

    En el Raso de Cañizo los olores y los colores forman un todo con la fauna. Es fácil ver una pareja de perdices apeonando, o las huellas del jabalí, o un conejo que busca la hurga, o una liebre que atraviesa veloz el barbecho, confiada ante la ausencia de un galgo corredor o una escopeta de caza. En El Raso hace tiempo que no se caza. Distintos criterios en torno a este asunto entre los vecinos del pueblo han llevado a que los animales silvestres vivan a sus anchas porque allí no entra ninguna escopeta. Incluso el lobo, que baja desde las tierras altas de Sanabria, desde la Sierra Segundera, o de la Culebra, se mueven por el Raso con soltura, a la espera de una telera de ovejas, de un aprisco, ya casi inexistentes en el campo, ante la voracidad de estos amigos de Félix Rodríguez de la Fuente, enemigos a su vez de los pastores, cuyos intereses se ven contrariados por la defensa de este animal protegido, con buen criterio. El problema llega porque las administraciones públicas nunca han sabido compatibilizar adecuadamente la protección al lobo con los intereses más que legítimos de los propietarios de los rebaños.

    He ido de la ciudad al campo, de Valladolid a Cañizo, sin mucho preámbulo. El cielo es un camino tan ancho que conduce a todas partes a golpes de pensamiento.

 

13/junio/lunes

 

      Empecé ya hace ocho meses este diario sin confianza alguna de hacer escribir algo que merezca la pena, aunque sólo sea para mi y mis amigos. Otras veces ya lo intenté y no pasé de dos folios. No soy persona de gran imaginación y por eso hasta ahora siempre lo he resumido todo en dos folios. Esta vez estoy yendo más allá. La disciplina que me exige cada semana el periódico Salamancartv.es, donde escribo estos contenidos, me están obligando a rebuscar ideas y palabras. Estoy influido por “El cuaderno gris” de Josep Pla, el gran escritor y periodista catalán. También por Tolstoi y sus diarios, o por Salvador Pániker, especialista en este tipo de escritura. De Josep Pla también he leído “Madrid 1921, un dietario”. Nada más empezar a leer “El cuaderno gris” me dije: esto es el tipo de libro que quizá pueda escribir yo. De novela, nada, que exige un esfuerzo mental muy grande y mucho trabajo, y no ando yo para esas. Estoy de acuerdo, además, en lo que dice Pla en su gran obra: “la novela es el cuento para mayores”. Aunque también pienso que Pla carecía de la imaginación suficiente para crear personajes y darles vida. Su novela “La calle estrecha”, lo mejor que escribió de ficción, no está a la altura de otras páginas suyas. Es un gran retratista del mundo rural, donde da vida a esta novela, pero poco más.

    La novela moderna, que inventó Cervantes con El Quijote, es un ejercicio muy difícil de alcanzar. Por eso son tantos los escritores que pasan por la literatura y son flor de un tiempo corto. Después encuentran el olvido. Los “best seller” no dejan de ser literatura a imagen y semejanza a las novelas de caballerías que tanto enojaron a Miguel de Cervantes. Sólo los muy grandes, los que son capaces de crear personajes como Don Quijote o Sancho, incluso sin llegar a tanto, alcanzan la gloria de la posteridad. Y no todos. No hace mucho tiempo que murió Miguel Delibes y tengo la impresión que ya no es valorado como se merece, no sólo por su escritura precisa y única, sino porque creó personajes como el Nini de “Las ratas” o el Lorenzo de “Diario de un cazador”, entre otros muchos. No puedo dejar pasar por alto que Miguel Delibes, escopeta al hombro, y en busca de las perdices del domingo, venía por estos pagos con frecuencia a cazar. En el Molino Maroto, en el lado suroeste del Raso solía reponer fuerzas después de patear los oteros, los ribazos, los alcores y las laderas de la zona. En la desembocadura del río Sequillo en el Valderaduey, entre Castronuevo de los Arcos, Belver de los Montes y Cañizo, Don Miguel ejerció buena parte de su afición cinegética y aumentó su conocimiento de santos inocentes, o sea, los pobres y desheredados de estas tierras, y otras, humillados y vencidos a falsos señores convencidos de su hidalguía sólo por poseer tierras llenas de abrojos. Delibes en “Viejas historias de Castilla la Vieja”, un monumento a la literatura, descubre las formas y maneras, las entretelas, de las miserias de esta tierra que antaño entregó buena parte de sus riquezas a conquistar un mundo imposible, Carlos V y Felipe II por medio. Don Miguel, en uno de los encuentros breves que tuve con él me dijo que este libro que “era de lo menos malo que había escrito”. Tan humilde como grande. Miguel Delibes apreciaba la escritura de Josep Pla y prueba de ello es que parte de su obra sigue caminos semejantes, aunque con elementos muy diferentes, a los dietarios del ampurdanés. 

 

14/junio//martes

 

      Reconozco que decidí escribir este “Picoteo del gorrión”, este dietario, como un “cuaderno negro”, a imitación del “Cuaderno gris” de Josep Pla. Los plagios no son aceptables, pero una imitación  advertida tiene el condimento de la verdad. Y eso ya justifica la iniciativa. De hecho muchos grandes escritores imitaron a otros. La clave está en conseguir que esa imitación sea buena. No digo yo que lo consiga, pero no me importa porque el deseo máximo de este diario es encontrarme a mi mismo, que muchas veces ando perdido y despistado más de lo aconsejable, descentrado, incluso-

    Estoy tan harto de ocho años de crisis, de economía de economistas gurús, de bolsa, de prima de riesgo y otras cuestiones del mundo de las cuentas financieras. Estoy con el  filósofo y escritor  francés Régis Debray, que dice que “a los economistas habría que encarcelarlos, que son los que generan las guerras”. Por eso quiero darme un respiro metiéndome en el acontecer diario sin más pretensión que una mirada sencilla que distinga lo blanco de lo negro.

     Me doy cuenta que ya he escrito dos veces la palabra negro. Y pienso que este color debería, tal vez, formar parte del título de mi diario. Intenté saber porque Josep Pla llamó al suyo “El cuaderno gris, y no encontré ninguna argumentación suya ni de ningún estudioso. Posiblemente la hubiera, pero como yo no la encontraba decidí contar las veces que Pla escribe la palabra gris en su cuaderno. Sumé treinta y cinco, lo cual ya de por sí justificaba dicho título. Pero es que además Josep Pla considera algunos pasajes de su vida como grises, lo que acentúa aún más el motivo de ese título. El mío tiende a lo negro, no tanto porque considere mi vida en negro, sino porque siempre pensé que los córvidos de mi tierra eran tantos que bien pudiera ganar ese color en estas páginas. Es más, ya desde niño me impactó el negro de las señoras mayores de mi pueblo: siempre de luto por el familiar fallecido. Algunas ya desde jóvenes hasta la vejez vistieron de negro porque encadenaron desgracias. En la iglesia, ya en tiempos del cura Don Amado, allá por los años 50 y 60 del siglo XX, los bancos de adelante, junto se llenaban de cabezas con pañuelos negros, en una demostración de cómo la religión cristiana tiene en la muerte una guía determinante. Cristo crucificado, Semana Santa de dolor, vírgenes llorosas, santos atravesados por flechas… ¿cómo el pueblo no va a estar influido por esa cultura de la muerte, de lo negro? El paso del tiempo, no obstante, ha cambiado tanto las cosas que hasta los pasos de Semana Santa se llenan de folklore, juergas turísticas paralelas y otras historias que los puristas ven cercanas al pecado. ¡Qué miedo, siempre el pecado y el diablo acechando!

    El negro, por tanto, no es mi color, pero la vida en estos pueblos de pan llevar, los años de dureza económica en que escribo estas líneas, y el pensar que, sin embargo, el negro es un color para la elegancia, de glamour, a lo mejor en su día me hacen decidir por titular, o subtitular, el futuro libro, nacido de este diario, bajo esta palabra que encierra en sí misma toda una filosofía, un sentimiento, un color, y hasta un olor.

 

15/junio/miércoles

 

 

      Me llama un amigo para pedirme que interceda ante un político, del que sabe que también soy amigo, para se le conceda el concurso de un servicio al que se ha presentado. Me gustaría contestarle a este amigo que estoy harto de hacer favores a amigos, o más bien conocidos, de este tenor y otros semejantes para hacerlos ricos a ellos. Se creen que con invitarte después a una comida ya te pagan. No saben que prefiero comer en mi casa garbanzos que en los restaurantes caviar regalado. Hay propios que conozco que son aficionados a pedir favores que te comprometen. Porque favor que pides favor que antes o después debes pagar. Sobre todo con los políticos que siempre esperan el momento; antes o después tendrás que devolver el favor con creces. Les digo con frecuencia a mis amigos que estoy dispuesto a hacerles el favor que sea siempre que dependa exclusivamente de mi. Si me veo obligado a pedírselo a otro ya no aseguro el resultado. Casi siempre termino por hacer este tipo de favores, pero antes o después me pasan el cepillo. Los favores, favores son,  y no se pagan, pero son muchos los que piensan que se cobra; favor por favor, dicen. Estas cosas demuestran que el número de amigos de verdad son pocos, menos de los que pensamos. Me hace recordar esto que en cierta ocasión, cuando yo tenía 21 ó 22 años le presenté a otro elemento - cuyo nombre no quiero reproducir - ,con el que vivía en un piso en de alquiler en Barcelona, diciendo: “este es mi amigo Fulano de Tal”, a lo que contestó  este sin  pensárselo dos veces: “conocidos y basta”. Tenía razón, lo descubrí con el tiempo, una vez que se aprovechó de mi para hacer los trabajos de la carrera,  más oscuras historias para no contar, y desapareció. Nunca más volví a saber de él. Saber sí supe, porque hasta utilizó mi nombre para beneficio propio ante algún amigo más mío que suyo. Pero me quedó la lección: conocidos y basta.

    Eso pasa con frecuencia; conocemos a muchos, nos entretenemos con muchos, chateamos vinos y trasegamos cerveza juntos, pero no les pidas dinero prestado que aunque lo tengan te podrán mala cara y alguna excusa para no ayudarte. Yo, tengo que decirlo: nunca fui de esta forma malquistada de ser. Ni en tiempos mozos ni ya metido en edades. A más de uno le presté cantidades de dinero importantes, como en cierta ocasión a Iñigo Murugarren, un vasco catalán que jugaba en mi equipo de fútbol y que andaba enfrentado a sus padres. Necesitó ayuda económica y yo le presté el dinero que mi padre me había enviado para la compra de un coche. Retrasé esa compra hasta que Iñigo se vio en mejor situación y me lo devolvió. Tengo más ejemplos, pero ya es suficiente.

   Debo decir, en cambio, que ahora ya no soy tan dispuesto ni tan generoso. El tiempo y la experiencia me han hecho distinto, me han maleado. Y es que las decepciones me han demostrado que el ser humano no es de fiar. Aunque siempre hay excepciones. Porque los hay de ley: amigos profundos y de verdad, con sentido, con generosidad, muy ajenos a los conocidos y saludados, tan abundantes.

  

 

16/junio/jueves

 

 

 

     Cada vez que describo un cielo o un paisaje tengo miedo de caer en la sensiblería. Miguel de Unamuno, al que en Salamanca le concedieron, setenta años después,  el título de Hijo Adoptivo, en su libro “Por tierras de Portugal y España” dice que “Virgilio describía pocos paisajes, pero la sensación íntima, profunda, amorosa, cordial, del campo nos la da como nadie. El descripcionismo es un vicio en literatura, y no son los más diestros y fieles en describir un paisaje los que mejor lo sienten”.

    Josep Pla en su “Cuaderno gris” mide al límite las palabras, pero no duda en extender  al universo, como imagen, la descripción del paisaje ampurdanés. Algo semejante al Macondo de García Márquez. ¿Una contradicción o una forma de introducir una pizca de dulzura en su “crónica” seca y cortante? Esto último es que lo que me gustaría a mi conseguir en mi propio diario, en este “picoteo”. 

     Hoy me ha invitado “el embajador de la Federación de Rusia y la Señora Natalia Korchagina” a la recepción con motivo de la Fiesta Nacional que ofrecen en la sede de la Embajada en la Calle Velázquez 155 de Madrid. He decidido no acudir. Sí lo hice el año pasado y me encontré con una mil personas en busca de un canapé o una copa de vocka. Agradezco la invitación, pero cada vez huyo más de las masas hambrientas pero vestidas a imitación del lujo decimonónico. Hace unos días sí acudí en Valladolid a la presentación de una campaña de turismo de Huelva y me arrepentí por lo mismo. La gente se tiraba a las bandejas de gambas y jamón de Jabugo como si no hubiera comido nunca. Me acompañó mi mujer y entre los dos catamos una gamba, una raspa de jamón y dos copas de vino blanco del Condado de Huelva. Todo muy rico, pero “la abundancia era tan escasa”, como dijo un “pillador” que nos fuimos a los quince minutos a cenar a un restaurante con tranquilidad. No aguanto los codazos de nadie, pero menos de señoras “bien” y de triperos profesionales. Como tenemos un apartamento en Isla Cristina, donde está la mejor lonja de pescado y marisco de Andalucía, iremos a resarcirnos este verano de las gambas blancas onubenses que, más que comer, deseamos en esa presentación turística. 

    Algunos lectores del “picoteo” me han dicho que les encantaron los pensamientos que escribí la semana pasada. Hoy los continúo, pero recordando que no son míos, y que ya diré en su momento quién es el autor, o autora, de los mismos.

6.-La peor derrota……………….el desaliento

7.-Los mejores profesores……….los niños

8.-La primera necesidad………...comunicarse

9.-Lo que nos hace más felices….ser útil a los demás

10.-El peor defecto……………….el mal humor

 

   Por esta semana ya está bien, que además los lectores deben seguir los hechos y los dichos de los candidatos a las Elecciones Generales del 26-J.