Martes, 12 de diciembre de 2017

Hortelanos de posibilidad

Celebración del tercer aniversario de la Biblioteca Popular “Giner de los Ríos”, y homenaje a Agustina Martín Santos.

 

Hacedme  / un duelo de labores y esperanzas.

Poema de Antonio Machado al maestro Giner de los Ríos, 21 de febrero de 1915

Hoy es  una jornada de celebración en la Biblioteca Popular “Giner de los Ríos” del barrio de San José, pues se conmemora el tercer aniversario del inicio de esta iniciativa sostenida por la voluntad, el tesón, la creatividad y el entusiasmo de un grupo de vecinos de este emplazamiento salmantino.

La historia viene de cuando la crisis les puso óxidos a las iniciativas culturales. Hasta entonces, y por más de 30 años, la entidad financiera Caja Duero, había mantenido abiertas las biblioteca en estos limítrofes barrios de la ciudad. Entonces se decidió su cierre, y ante ello la Asociación de Vecinos, y un nutrido grupo de voluntarios se comprometió a continuar con su labor cultural de engendro y difusión de la cultura a través de los libros y otras actividades.

En este sentido, me comenta Josefa Meana, presidenta de la Asociación vecinal del barrio de San José, están agradecidos a la donación que el banco hizo de sus fondos de libros y mobiliario de la biblioteca clausurada; y a la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Salamanca por los camiones que posibilitaron el transporte hasta el edificio del antigua Escuela de Adultos ubicada en el barrio, y también facilitada por el ayto.

Así mismo, sigue Josefa, agradece la cobertura que desde la institución charra se les da por el pago de la luz, el agua, y otros servicios, y del mantenimiento, pues, me subraya, si una bombilla se funde, enseguida acuden a repararla.

Aun así, me comenta la presidenta, sería de agradecer mayor ayuda para, aunque solo fuera, pagar las facturas del teléfono, la línea de internet, o para tener así la posibilidad de emprender más iniciativas culturales, más taller de lectura, de manualidades, actividades veraniegas para los niños, poder ampliar su huerto...

Ocurre que en los terrenos que circunscriben el edificio han plantado un huerto ecológico (una cultura del agro), aunque, todo hay que decirlo, los plantones de tomates, los cebollinos, y otras hortalizas que procesan en los surcos, nos miran sufridos y agónicos como nazarenos. El caso es que los riegan desde un buen trecho a calderetadas, en viajes de regadera de ida y vuelta. Josefa me comenta que ha solicitado una manguera y una toma de agua en el seco jardín, y que está contenta porque le han consentido la petición. Aunque, añade, es menos optimista con la solicitud de que les pinten las fachadas del edificio, cuyos colores ya se desdices de su tonalidad por los envites de la intemperie.

En esta celebración de mercadillo de recaudo para el mantenimiento de la iniciativa, cada cual colabora trayendo bebida, o una fuente de empanadillas, unas ricas tortillas, unos bollos horneados… Desde las 11 de esta mañana, y hasta las 20 horas, las horas se llenan de actividades, de cuentacuentos, de charlas, de talleres, sesiones de Tai Chi, de música popular. He asistido a uno de papiroflexia, a otro de ciencia en la que los niños aprendían a hacer cohetes levantiscos con unas botellas de refrescos y las posibilidades escondidas, químicas y mágicas que tienen el agua y el aire. Y qué pirotecnias de risa buena se oía entre los niños cuando el artefacto improvisado se elevaba gracias al ingenio aprendido.

Ha habido un momento de emoción, de recuerdo, de reconocimiento a una compañera desaparecida apenas hace unas hojas del calendario. Se ha tributado un homenaje a Tina Martín Santos, señera voluntaria, concejala en el Ayuntamiento  de Salamanca por la signatura de Ciudadanos.

Hace un año colaboré con esta Biblioteca, y la recuerdo en una tarde en la que en una reunión se organizaba un mercadillo para vender los productos que cada cual aportaba para engrosar la hucha común y así sufragar los gastos de la biblioteca. Tina trajo unos jabones hechos en casa con grasas recuperadas y los aromas montaraces de plantas. Los envolvía con paciencia en papel de celofán, y luego les ponía vistosos lazos. A cada uno de sus jabones les había moldeado la forma de corazón.

Un día de nos hace nada, Tina se sintió mal y por su pie acudió al centro de salud. Allí su corazón le falló y se nos fue.

Hoy sus compañeros  han colocado en su honor y recuerdo una placa en la entrada de la sala de lectura de este empeño cultural que Agustina tanto ayudó a sostener.

Pido ahora para el loable propósito, para la cierta realidad que este voluntariado sostiene sin fatiga en su barrio, más ayuda, más riego institucional, para que así puedan labrar mejor, sembrar con tierra más fértil, esa posibilidad que siempre nos da la Cultura.

In Memoriam Agustina.