Martes, 12 de diciembre de 2017

1948: Don Santos Jiménez, párroco. In memoriam

Lo prometido es deuda: el folletito de D. Santos Jiménez, que encontré en uno de los trasteros parroquiales de San Juan de Sahagún, es una joyita que nos permite entrar en el túnel del tiempo y, a mí personalmente, trasladarme al año de mi nacimiento, que ya ha llovido. Hay cosas sorprendentes en él, opiniones que explican en gran parte los últimos sesenta y cinco años de nuestra Iglesia diocesana, deseos que podrían ser de hoy mismo:

- hablando de los hombres (varones) salmantinos de 1948, analiza: “los hombres, en general, no están con nosotros; no están los sabios, por resabios políticos, por deficiente formación religiosa. No está con nosotros esa masa amorfa de indiferentes y materialistas…No está, sobre todo, con nosotros el obrero, parte porque no ha eliminado aún el veneno que se le inoculó en años siniestros de apostasía colectiva y parte sobre todo (el subrayado es mío), porque no ve en nosotros los ministros de Jesucristo, sino los aliados de los poderosos”.

- “¿Qué hemos de hacer? Hay que ir a buscarlos. Este ha sido el pecado de Castilla: levantar castillos, fabricar murallas y después a dormir tranquilos. Hoy no son castillos ni murallas lo que necesitamos, sino pistas de despegue para lanzarnos al espacio. Pues ese mismo ha sido nuestro pecado: nos hemos recluido en el templo, a modo de castillo y muralla y los hombres no vienen a nosotros. Hay que ir a buscarlos donde estén. En la fábrica, en el taller, en la oficina y hasta en el bar, si se va en nombre de Jesucristo”.

- fueron años aquellos en los que la Acción Católica se desarrolló en casi todas las parroquias, pero…”no se manifiesta por un apostolado eficiente”. Lo que D. Santos propone es que, junto al párroco, haya un puñado de laicos comprometidos que aborden en equipo, en la parroquia, todo el enorme problema de la cuestión social, el trabajo, la seguridad social, el subsidio de desempleo, las pensiones, una vivienda digna para cada familia y una educación de calidad para todos los niños y jóvenes. Este sería el apostolado de los laicos cristianos, verdadero sentido de la Acción Católica.

Otros muchos detalles de la vida de la sociedad y de la Iglesia salmantinas aparecen en estas paginitas, ya marrones por el paso del tiempo. Solo añadiré dos:

- consejos que da para la predicación de la homilía: claridad en las ideas que exponga; práctica, que refleje las necesidades espirituales de los fieles, pero sin alusiones; que salga del alma; que por medio de parábolas, símiles, comparaciones, ejemplos, despierte el interés en sus oyentes; y todo esto, breve.

- todas las referencias a la corrupción, especialmente de las costumbres, pero también de la otra, más actual. A fin de cuentas, no podía ser de otro modo. Era el espíritu de una época en la que había que reconstruir todo, no sólo en España, sino en toda Europa, asolada por la guerra recién terminada. No estaban los tiempos, en ninguna parte, para florituras hippies y revoluciones sexuales que necesitaban un consumismo desarrollado como caldo de cultivo necesario.