Viernes, 15 de diciembre de 2017
Alba de Tormes al día

Tres generaciones de barro

Sus numerosos premios y sus labores de enseñanza ratifican a los Pérez como una de las familias alfareras de mayor tradición en Alba de Tormes

Junto a los Pérez, en Alba de Tormes permanecen numerosos alfareros en activo

La historia de Alba de Tormes ha transcurrido siempre de forma paralela a la historia del barro y de los alfareros. Ambas historias no podrían ser entendidas la una sin la otra, como no podría ser entendida la historia de la familia Pérez sin su vinculación al mundo de la alfarería y de la cerámica.

Así lo atestiguan sus diecinueve familiares alfareros, distribuidos en seis generaciones, desde que en 1870 se empezará a tener constancia de estos datos. En la actualidad, tres son las generaciones de la familia Pérez encarnadas en las figuras de Bernardo Pérez, ya jubilado, mientras que Tomás Pérez (padre) y Tomas Pérez (hijo) siguen dedicándose al oficio de elaborar objetos de barro o arcilla que acaban por convertirse en verdaderas obras de arte muy codiciadas.

Renovarse o morir

Durante las últimas décadas, la profesión alfarera ha tenido que incorporarse y renovarse para como dice el refranero, no morir. “La alfarería ha cambiado al cien por cien. Ha pasado de ser utilitaria a convertirse en su gran mayoría en artículos decorativos y de coleccionismos”, afirma Bernardo Pérez.

También han cambiado los métodos de elaboración y el color de las piezas, y aunque todo sigue realizándose de forma artesana, procesos como la cocción del barro se han visto reducidos en cuanto al tiempo de duración gracias a los hornos de gas o eléctricos. “Antes la cocción duraba entre diez y doce horas, teniendo el artesano que estar pendiente en todo momento del proceso, alimentando el fuego, y calculando la temperatura a ojo. Todo esto ha desaparecido con la incorporación de la profesión alfarera a la modernidad”, reiteran Bernardo y Tomás Pérez.

La filigrana; sello de distinción

Con la llegada de mejoras que permiten a esta actividad acortar plazos y mejorar la productividad, los alfareros albenses, y en particular la familia Pérez, han tenido que aportar un sello distintivo a sus obras para diferenciarlas de todas las demás. “Por lo que se reconoce a la alfarería de los Pérez es por la filigrana, un distintivo que se une a la uniformidad y la calidad idéntica en todas las piezas que la gente nos demanda”, apuntan las tres generaciones de la familia Pérez.

La forma estética de la filigrana ha conseguido convertir las vistosas obras de los alfareros albenses en figuras representativas y exclusivas de la villa ducal. Obras muy codiciadas entre los coleccionistas privados debido a su calidad y a que estos buscan principalmente que la pieza pueda ser reconocida por su zona de procedencia. Y esta no es otra que Alba de Tormes.