Domingo, 17 de diciembre de 2017

El precio de ser Cristo: Quien quiera ser Cristiano tome

Dom 12. Tiempo ordinario, ciclo C. Lucas 9, 18-24 Domingo de la confesión y del seguimiento:

Éste es el domingo de Pedro que dice a Jesús ¡Tú eres el Cristo! pensando quizá que con eso ha resuelto la vida, pues tiene un buen "amo" para darle privilegios.

Éste es el domingo de Jesús que dice: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, descubriendo lo que significa ser Cristo.

Estaba Jesús buscando su camino desde Dios, su camino de los hombres, en medio de un “mundo” que se volvía hostil al evangelio. Estaba descubriendo a Dios, por eso oraba y por eso pidió ayuda a sus amigos.

Estaba orando, rodeado de discípulos a quienes preguntó qué pensaban de su "oficio" y su camino. Pedro contestó que era el Cristo... como si estuviera dispuesto a seguirle

Pensaba Pedro bien, había reconocido que Jesús era el Mesías de Dios, pero no sabía aún lo que eso significaba. Por eso, Jesús le (les) mandó que guardaran silencio, mientras se abría el arco iris de su luz... Y ese arco iris se sigue abriendo para él y para todos. Buen día de domingo, amigos.

Texto (Lc 9, 18-24)

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas."
Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día."
Y, dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará."

COMENTARIO

Parece evidente que, en un primer momento, la respuesta de Pedro es más exacta que aquella que han dado los de fuera, pues Jesús era el verdadero Cristo, es decir, el enviado salvador que debe reconstruir la identidad israelita, en clave de triunfo nacional, liberación social y plenitud humana, haciendo de esa forma que se cumplan las profecías bíblicas.

a. Confesión de Pedro

El sentido de esta confesión de Pedro y la respuesta de Jesús, que le impone silencio y se presenta como Hijo de Hombre, marca desde aquí todo el despliegue del evangelio. Ciertamente, la confesión de Jesús como Cristo ha cristalizado de un modo especial tras la pascua; pero todo nos permite suponer que Pedro (y otros discípulos) han visto a Jesús de esa manera y le han seguido pensando él va a manifestarse como Cristo triunfador. T

Pedro ha llamado a Jesús Cristo, y al hacerlo, ha querido situar su obra en el ámbito de las promesas y esperanzas mesiánicas de Israel. De esa forma ha reconocido el poder de Jesús y le ha visto como alguien que tiene facultades para realizar algo que los otros son incapaces de iniciar y culminar. Al llamarle Cristo le ha dicho que ha llegado la hora y le ha pedido que ponga esas facultades al servicio del triunfo nacional, que empiece ya su obra verdadera. Eso es lo que Pedro dice y quiere al designarle Cristo.

Esta designación (nominación) desencadena los acontecimientos. Hasta ahora, el proyecto de Jesús se presentaba como abierto, de manera que podía interpretarse y aplicarse quizá en varias direcciones. Pues bien, Pedro toma el liderazgo y quiere mover ese proyecto en la línea del mesianismo nacional triunfante de Israel. Lo que dice Pedro es bueno, conforme a la esperanza de Israel y a las posibilidades de Jesús, en ese momento crucial de su vida

b. Respuesta de Jesús: El Hijo del Hombre….

La “confesión” de Pedro ha acelerado historia de Jesús. Parecen claros los temas básicos (Jesús se sitúa en la línea del mesianismo israelita…), queda por fijar el coste del camino que Jesús ha comenzado. ¿Estará dispuesto a pagar el precio que supone crear una familia universal, empezando por los pobres, en grupos de comunicación de pan, superando así un tipo de nacionalismo religioso de Jerusalén?

¿Cómo ha de actuar, en esta situación, si es que quiere ser Cristo? ¿No tendrá que estar dispuesto a dar vida por ello? ¿No deberá reinterpretar desde aquí la tarea del Hijo del Hombre? En este contexto, el título “Cristo” resulta menos apropiado, a no ser que se reformule su sentido. Eso es precisamente lo que Jesús hará, presentándose como Hijo de Hombre.

Pedro le había dicho que es el Cristo, y Jesús, tras exigirles que guarden silencio sobre él, enseña a Pedro y a los otros diciendo: El Hijo del Hombre debe padecer... utilizando una fórmula teológica (dei) que significa “Dios lo quiere”, es necesario. Se pensaba que Cristo es quien hace, en creatividad triunfadora. Pues bien, Jesús descubre que el auténtico Cristo es quien sabe padecer, dejando que le hagan, quien ama en gratuidad, poniendo la vida a merced de los otros, para así transformarles.

Ha ofrecido solidaridad o reino de Dios, pero él descubre que los jueces del orden judío de Jerusalén no le aceptarán (no aprobarán su proyecto). Ha creado comunión, dando voz a los mudos, pan a los hambrientos, salud a los enfermos, pero los jerarcas religiosos y sociales de su pueblo le han juzgado peligroso y en nombre de su ley social estrecha, han empezado a perseguirle, de manera que si sube a Jerusalén podrán matarle. Así lo ha descubierto Jesús, así lo acepta, sabiendo que al final de ese camino se halla Dios: (al tercer día resucitará! La fe en el Dios de vida (cf. 12, 27) le mantiene decidido, incluso ante el fracaso, en esperanza de reino.

Para hacerse solidario de los hombres (especialmente de los pobres, enfermos, marginados y hambrientos), ha renunciado a la violencia o lucha externa por el Reino. No puede imponer su proyecto por la fuerza, ni emplear en su favor las armas de la guerra u opresión humana, pues ellas las controlan los ancianos, escribas y sacerdotes de Jerusalén, vinculados al poder de Roma. Es claro que en este enfrentamiento desigual él se halla derrotado de antemano. A pesar de ello (precisamente por ello) se mantiene, para que actúe Dios a través de su derrota, ratificando su entrega por el Reino.

Jesús acepta ese “destino”, descubriendo que la obra de Dios se realiza a través de su muerte. Así lo sabe y declara en el momento central de su vida. No ha rechazado las consecuencias de su movimiento, no ha iniciado ninguna rebelión armada, sino que acepta las implicaciones de su obra, iniciando un ascenso que le puede costar la propia vida. Todo su camino posterior será expansión de estas palabras, crónica y despliegue de una muerte anunciada, pero con esperanza de resurrección (que no es básicamente para él, sino para su proyecto de Reino).

APLICACIÓN

El mesías tiene que padecer, ser desechado…

El mesías (mensajero de Dios) ha de abrir un camino en medio de una tierra y de una historia que quiere cerrar sus caminos, para instalarse en la “verdad” (ideología, provecho propio) de algunos que se han hecho dueños de la tierra y del camino.

Si quiere abrir camino verdadero, el mesías ha de estar dispuesto a ser desechado, expulsado, negado… Si alguien no está dispuesto a sufrir por aquello que ama no ama. Sin pacta con los poderes establecidos no será jamás mesías, mensajero de Dios.

Los que rechazaron a Jesús

Son los tres grandes poderes de Israel, los poderes del mundo

a. Son los “ancianos”/ricos (presbiteroi, senadores…), representantes de la oligarquía económica y social que imponen su interés sobre la tierra, diciendo que es por la “paz de todos”. Son los dueños de la tierra y su mercado, un orden social que no acepta el evangelio.

b. Son los sacerdotes/pontífices (arkhiereoi), los que sacralizan el orden existente, en nombre de Dios (o de un tipo de verdad inamovible, pero que ellos mueven y ponen a su servicio). Son los que necesitan “sacrificios” (y los sacralizan) para mantener así la pretendida verdad de Dios, que es su interés…

c. Son finalmente los letrados/juristas (es decir, los hombres de leyes: grammateioi),los que manejan la propaganda pseudo-intelectual, los que dicen para interés de ricos y de sacerdotes lo que es bueno y lo que es malo, son la ideología del poder sacralizado.

Ante los tres poderes de nuestro tiempo

Es en el fondo la misma: los representantes del poder económico (ricos) sacralizado (pontífices) e ideologizado (letrados…). Son los hombres y mujeres del gran FMI (fondo de dinero que busca más dinero), de la OMC (de un banco o fondo mundial de comercio, que todo lo compra-vende, al servicio del mismo dinero…) y los hombres del BCE (que puede ser el Banco Central Europeo u otro Banco de letrados, prestamistas y usureros… al servicio del mismo capital).

Jesús salió a la calle y supo, tras un tiempo, al ver la reacción que encontraba su gesto de Mesías, su Discurso de Palabra en Libertad, que no iban a dejarle seguir, que cortarían su camino, precisamente en Jerusalén, la ciudad que parecía más de Dios.

Jesús siguió el camino e invitó a sus amigos a seguirle, sabiendo que “perderían la vida en el intento”, pero sabiendo también que esa vida entregada por el Reino (que es la fraternidad gratuita) es la única salida existente, la plenitud de Dios en los hombres.

Porque hay resurrección, tiene que haber camino de salvación

Hay muchos (en tiempos de Jesús y ahora) que piensan que no existe salvación, de manera que tenemos que quedar “vendidos” (esclavos) en manos de ricos-pontífices-letrados, para dejar que ellos decidan sobre lo que es bueno… sacrificando así cada año a millones de personas (en el altar del comercio mundial, del banco…).

Jesús pensó que merecía la pena indignarse y protestar, y así subió a Jerusalén, para anunciar y promover otro tipo de vida en dignidad, en comunión, en solidaridad.

Le mataron en el intento, pero abrió un camino, de manera hoy todos los cristianos saben que si quieren “salvar su propia vida” (abrir un camino distinto de fraternidad y de esperanza) han de estar dispuestos a dar la vida, es decir, a “salir” de este orden impuesto por la troika actual, compuesta por gentes que siguen en la línea de la vieja troika que mató a Jesús.