Sábado, 16 de diciembre de 2017

¿Quien recuerda al músico salmantino D. Diego Pisador?

Como ocurre con muchos personajes, que en su tiempo, gozaron de gran importancia, dejando “su saber” para generaciones futuras, han quedado olvidados entre humo, entre nieblas, el mundo ingrato se ha olvidado de ellos. Esto ocurre con D. Diego Pisador, nacido en Salamanca hacia el año 1500 y fallecido sobre 1560, es autor de un famoso libro “Música para vihuela” encargo del Rey Felipe II para su (supuesta) amante Isabel Osorio.

Avanzado a su tiempo, tuvo imprenta en su propia casa, así consta en el colofón del libro “Fenesce el presente libro…hecho por Diego Pisador, vezino de Salamanca e impreso en su casa”.

Los detalles sobre su vida, y andanzas por éste mundo, nos las muestra como casi todos los que se dedican al gran arte de la creación, a través de sus propias composiciones.

Está dedicatoria al Rey Felipe II de las Españas…

El autor es vasallo y criado de Vuestra alteza, que en ello le podrá industriar si fuera posible”. No hace falta ser muy ducho en descifrar, para saber que Pisador trabajaba para el Rey, otra cita en respuesta a la anterior

En dicha obra habéis trabajado más de quince años”, lo cual indica que ya era un famoso vihuelista, para estar el servicio musical del Rey, a la vez que educó musicalmente a Felipe II en el sabio arte de tocar la vihuela, y amar la música. Hay quien dice que enamorado de la amante del Rey Dª Isabel de Osorio, y no correspondido por ella, tomó las órdenes menores, pero aquí nos perdemos si continuó o no con las mencionadas órdenes religiosas.

Compuso villancicos, romances, canciones, pavanas, madrigales, motetes, endechas que son elegías de giros populares, canciones españolas y francesas

El famoso entre los de su tiempo y ahora dormido entre las nieblas “Libro de música de vihuela” contiene 95 piezas, de las cuales 58 son para voz y vihuela, 37 para vihuela sola, algunas son transcripciones de otros compositores como Mateo fecha el Viejo, Joaquín Desprez etc.

Rebuscando en viejos legajos, encontramos que su padre se llamaba Alonso Pisador, su madre Isabel Ortiz, hijo mayor del matrimonio, no era de dudar que Diego naciera con amor a la música, ya que su madre era hija del  Arzobispo de Santiago, y gran mecenas de la música, D. Alonso de Fonseca. Alonso trabajaba como notario de la audiencia del Arzobispo, en 1524 se traslada a Toledo, entrando al servicio del Conde de Monterrey.

Llega el año 1532, y su padre se traslada a Santiago, siguiendo al corregidor Acevedo Zuñiga, no regresará a Salamanca hasta fallecida su esposa, año de Gracia 1551, en éste abandono paterno se cría Diego, cuida de su madre y hermano menor, de asuntos económicos familiares y del puesto de Mayordomo Administrador de la Ciudad de Salamanca, cargo que le deja su padre

Al óbito de su madre, Diego hereda la mayor parte de los bienes familares, su hermano se opone y en la disputa, su padre que le había nombrado “vinculeiro” ahora toma partido por el hijo menor, obligándole a abandonar el hogar familiar.

Se comenta que sus amores no correspondidos por Isabel de Osorio, hermosa dama que quiso ser reina, tuvo dos hijos con Felipe siendo rey: Pedro el mayor, Bernardo el pequeño, ocupó el corazón de forma muy enraizada en el vihuelista, perdió toda esperanza y una noche extendió sus partituras sobre la mesa, encendió una vela y quemó toda su obra, muriendo asfixiado en el incendio, que ya le quemaba el corazón desde hacía muchos años.

Yo misma me sigo preguntando ¿cómo pudo ser la relación de Pisador e Isabel?, deje volar su imaginación, y seguro que encuentra un relato lleno de ternura, amistad y apoyo en los momentos duros que vivió Isabel el desdén de Felipe

Les dejo con algunos fragmentos de sus obras

Quintilla

A la memoria renace/lo ilustre de esta señora/su humildad no te embarace/dila requiescar in pace/ pues limosna pide ahora.

 

Alegria con sombras

Si los delfines mueren de amores/triste de mi, ¿qué harán los hombres/ que tienen tiernos corazones.

 

Mi recordatorio a un gran compositor, y por encima de todo un gran charro, por qué no desdibujamos los nombres de algunas calles, que nada dicen, solo parecen venganza, o ni siquiera eso, y ponemos una placa con mención a charros ilustres que haberlos ailos, hubo y muy sabios.