Miércoles, 13 de diciembre de 2017
Las Arribes al día

Libertad de expresión o falta de educación

ANTONIO VICENTE / Juez Internacional Canino

Aunque ha quedado ya atrás en el tiempo, es mi deseo recuperar brevemente un asunto que va camino de convertirse cada mes de mayo en un clásico, y cuyo  único argumento es si se pita o no se pita el himno de España en los prolegómenos de la final de Copa de S. M. El Rey, si alguno de los finalistas del pasado año repite presencia  en  la gran final, como ha vuelto a suceder este año con la afición de  uno de ellos.

Este año el tema de la pitada era solo por parte de una de las dos aficiones presentes en el estadio, aunque con la añadidura de la polémica que suscitó la inicial prohibición de la presencia de esteladas. Ambas cuestiones han quedado zanjadas, en sus respectivos momentos  por la justicia apelando a la libertad de expresión,  motivo por el cual no cabe ya hacer valoración alguna, sino acatar las resoluciones, y todos tan contentos.

Sin embargo, más allá de que pitar el himno de España no sea delito, sí es una total y absoluta falta de educación y respeto por parte de los que pitan hacia todos aquellos, presentes o no en el estadio, que puedan sentir que el himno representa para ellos determinados valores, que en su derecho están de tener tales sentimientos.

Recuerdo que en cierta ocasión, al salir de la ceremonia de una  boda  civil en una pequeña localidad vizcaína, nos encontramos todos los presentes  con un numeroso grupo de bailarines que por algún motivo, desconocido para nosotros, esperaban la salida de los novios para interpretar durante casi media hora unos bailes en su honor. A pesar de que algunos, por desgracia, no entendíamos nada acerca del significado de aquella manifestación de folklore, aguantamos en silencio el desarrollo de la actuación. Aguantamos por una simple cuestión de educación y lo hicimos, además,  en silencio por respeto a aquellos que a nuestro lado pudieran tener algún sentimiento que les identificara con todo aquello. Tan fácil como simple.

No sé cómo hubiesen reaccionado los lugareños allí presentes si quienes no éramos de allí nos hubiésemos dedicado a silbar y a hacer sonar  silbatos, vuvucelas o cualquier otro instrumento ‘ensuciando’ aquellos bailes, todo ello en aras de nuestra libertad de expresión, aunque puedo suponerlo.

La libertad de expresión es uno de los bienes más importantes de una democracia, quizás el primer derecho a defender por todos, pero algunos en su particular interpretación del mismo lo convierten en una charlotada, a veces violenta,  como hicieron en Barcelona hace escasos días unos valientes, la mayoría encapuchados, agrediendo a dos jóvenes que haciendo uso de su libertad de expresión hacían ‘apología’ de la Selección Española de Futbol en plena vía pública.

El odio que algunos sienten por lo que ellos llaman ‘lo español’ les lleva a perder los valores más elementales del ser humano, la educación entre otros, y también una de las condiciones más necesarias para vivir pacíficamente en sociedad, el respeto a los demás.