Lunes, 11 de diciembre de 2017

Regenerar España (I)

“El proceso autonómico tampoco puede ser una vía para la destrucción del sentimiento de pertenencia de todos los españoles a una Patria común. La autonomía no puede, por tanto, convertirse en un vehículo de exacerbación nacionalista, ni mucho menos debe utilizarse como palanca para crear nuevos nacionalismos particularistas”

(Adolfo Suarez)

En estas azarosas horas que atraviesa España, sumida en un profundo desconcierto, a merced de lo que nos dictan desde fuera y con una clase política que en muchos casos parece incapaz de enderezar la situación,  cuando anhelamos una España con un porvenir ilusionante y en el que podamos confiar. Cuando hoy comprobamos que un sector muy numeroso de nuestra juventud no encuentra trabajo alguno y se ve abocado a una angustiosa situación de paro forzoso y duradero, creemos necesario proclamar que España no está condenada sin remedio sino que sigue siendo una gran nación con historia, cultura, talento y recursos suficientes para seguir teniendo un porvenir incitante y prometedor. Ese porvenir es el que los jóvenes y los no tan jóvenes debemos contribuir a construir con nuestro protagonismo, nuestro esfuerzo y nuestra fe en nuestras posibilidades. El intento de buena fe de los constituyentes a la hora de establecer el Estado de las Autonomías no estuvo exento de cierta ingenuidad al querer desconocer las lecciones de la historia. El afán de conseguir el ansiado consenso consistió en tratar de lograr la integración de las fuerzas nacionalistas en el marco constitucional por todos los medios posibles, operación que con el tiempo se ha demostrado fallida y se puede dar hoy por definitivamente fracasada.

Defensores del Pueblo, Consejos Consultivos, multitud de empresas públicas –la mayoría en ruina manifiesta- y un rosario de asesores y personal contratado al margen de la Administración constituye un verdadero lujo difícil de mantener. No se puede exigir continuos y crecientes sacrificios a aquellos honrados ciudadanos que trabajan sin desmayo para sacar adelante sus familias, al mismo tiempo que se contempla el bochornoso espectáculo de un aparato estatal desbocado al que no hay manera de poner freno, mientras continuos casos de corrupción que salpican a la mayoría de partidos en muy distintas autonomías, quedan en la práctica inmunes. El escenario que se vislumbra en Cataluña y el País Vasco para los próximos meses, donde los sectores nacionalistas se complacen con reiteración en desafiar al Estado defendiendo una inviable autodeterminación y una alocada independencia –sin fundamento histórico serio ni base legal alguna- raya en lo intolerable, debilita en gran medida a nuestro país en la escena internacional y daña gravemente la convivencia entre los españoles. Y es aún más grave que el Presidente de la Generalidad de Cataluña, primera autoridad del Estado en esa Comunidad Autónoma, encabece un proceso hacia la secesión en flagrante conflicto con la Constitución española de la que derivan sus poderes y atribuciones con olvido de los deberes que le impone su cargo.

En otro orden de consideraciones contemplamos con inmensa preocupación que la clase política, siempre dejando al margen muy honrosas excepciones, se deteriora por momentos y su imagen ante la ciudadanía alcanza cotas de un creciente desprestigio. La presente situación constituye un problema añadido de gran transcendencia porque un país siempre necesita, y más en momentos como éste, contar con dirigentes con autoridad y prestigio en los que confiar. Parecería que un sinfín de compromisos y ataduras impidiesen a los políticos emprender cualquier reforma de calado en el sistema lo que conlleva la paralización de cualquier intento serio de revertir la situación.

                Fermín González Salamancartvaldia.es  (blog taurinerías)