Domingo, 17 de diciembre de 2017

El talento

Conozco a verdaderos maestros en romper la mediocridad. Sin embargo, en sus rutinas, no difieren de los demás. La fuerza que les lleva a realizar sus obras más importantes, no es la misma que les impulsa por los caminos del día a día. Pues, mezclados entre los demás, no brillan. Solo destacan cuando abandonan el ruido y se refugian en su mundo creativo.

Estas personas, dotadas de tan preciados atributos, no ejecutan su trabajo para alcanzar la gloria. La fama es algo accesorio; algo que llega por el valor de lo que realizan.

Pues, si algún beneficio otorga la fama, es el de hacer comprender al autor que, aquello que ejecuta, es suficientemente valioso para seguir trabajando. Digo esto porque, también he descubierto a determinadas personas que se autocalifican “artistas”, siendo su trabajo mediocre o poco destacable.

Pero, a muchos creadores, el aplauso y la fama los hundió en la miseria antes de conocer la gloria. Es mejor ser aliados del esfuerzo, que conocidos por la mayoría.

La obra de arte, para madurar, necesita silencio; requiere la paz interior, el orgullo domesticado y la vanidad ausente. Entonces sí, el artista, será capaz de crear; de aplicar eficientemente su destreza para rescatar de la oscuridad de su mente la materia prima que necesita. Puede tratarse de una combinación de sonidos que se convierten en una obra musical. También una mezcla de pinturas que darán vida a un cuadro sobrecogedor, o una obra literaria capaz de trasladarnos a mundos imaginados por el autor. Todo puede ser; no hay límites para la imaginación cuando el artista se encuentra poseido por la magia creativa. 

El arte, es un lenguaje excelso; no se trata de un idioma cualquiera. Emerge de lo más íntimo; de las zonas oscuras de la mente, donde  duerme la intuición. Se trata de parajes que ni el propio artista conoce. Pues, no son pocos a los que le sorprende su propio trabajo. Es como si alguien manejara la conciencia del autor cuando la inspiración le envuelve.

Para quien goza de talento, no resulta difícil ser creativo. Es un privilegio ser portador de capacidades que escapan del común de los mortales. Pero, el propio artista reconoce que, de la misma forma que la naturaleza ha sido generosa al dotarle de actitudes especiales; esa misma naturaleza, le priva de la versatilidad necesaria para mantener constantemente la originalidad en lo que realiza. El estilo siempre identifica al autor.

 En cualquiera de los casos, el talento, traspasa las fronteras del tiempo. Se hace visible en todas las épocas a través de las personas. No podría ser de otra forma. Todas las sociedades han contado con individuos destacados en las más diversas materias.

Pero, el talento, requiere de la persona, suficiente esfuerzo para mantenerlo, y vida ordenada para multiplicarlo. Es como una planta que ha de ser hidratada y alimentada en su justa medida. Las inclemencias del tiempo son para las plantas su principal enemigo; para el talento: los vicios, el ruido y las malas compañías.