Martes, 6 de diciembre de 2016

El olfato

El neocórtex permite un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional como, por ejemplo, tener sentimientos sobre nuestros sentimientos.

—Para comprender mejor, continuó el mago Al, el gran poder de las emociones sobre la mente pensante —y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón— consideraremos ahora la forma en que ha evolucionado  vuestro  cerebro.

— Esa amalgama misteriosa de  de células, circuitos y  jugos neurales, tiene un tamaño unas tres veces superior al de vuestros primos evolutivos, los primates no humanos.

—La región más primitiva del cerebro, una región que compartís con todas aquellas especies que sólo disponen de un rudimentario sistema nervioso, es el tallo encefálico, que se halla en la parte superior de la médula espinal.

—Este cerebro rudimentario regula las funciones vitales básicas, como la respiración, el metabolismo de los otros órganos corporales y las reacciones y movimientos automáticos. Mal podríamos decir que este cerebro primitivo vuestro piense o aprenda porque se trata, simplemente, de un conjunto de reguladores  programados para asegurar vuestra supervivencia.

—Éste es el cerebro propio de la Edad de los Reptiles, una época en la que el siseo de una serpiente era la señal que advertía la inminencia de un ataque.

—De este cerebro primitivo —el tallo encefálico— emergieron los centros emocionales que, millones de años más tarde, dieron lugar al cerebro pensante — creo que vuestros científicos lo llaman  «neocórtex»— y es un  gran bulbo de tejidos replegados sobre sí,  que configuran el estrato superior del sistema nervioso.

—El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al racional y que éste sea una derivación de aquel,  revela con claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento y esto ya debería,  mi joven amigo, darte una pista sobre porqué sois como sois…

—La raíz más primitiva de vuestra vida emocional radica en el sentido del olfato, ese conglomerado celular que se ocupa de registrar y analizar los olores.

—En aquellos tiempos remotos el olfato fue un órgano sensorial clave para la supervivencia, porque cada entidad viva, ya sea alimento, veneno, pareja sexual, predador o presa, posee una identificación molecular característica que puede ser transportada por el viento.

—A partir del lóbulo olfatorio comenzaron a desarrollarse los centros más antiguos de la vida emocional, que luego fueron evolucionando hasta terminar recubriendo por completo la parte superior del tallo encefálico. En esos estadios rudimentarios, el centro olfatorio estaba compuesto de unos pocos estratos neuronales especializados en analizar los olores.

—Un  estrato celular se encargaba de registrar el olor y de clasificarlo en unas pocas categorías relevantes (comestible, tóxico, sexualmente disponible, enemigo o alimento) y un segundo estrato enviaba respuestas reflejas a través del sistema nervioso ordenando al cuerpo las acciones que debía llevar a cabo (comer, vomitar, aproximarse, escapar o cazar).

—Con la aparición de los primeros mamíferos emergieron también nuevos estratos fundamentales en el cerebro emocional. Estos estratos rodearon al tallo encefálico a modo de una rosquilla en cuyo hueco se aloja el tallo encefálico. A esta parte del cerebro que envuelve y rodea al tallo encefálico se le denominó sistema «límbico», un término derivado del latín limbus, que significa «anillo».

—Pues bien querido Kay,  este nuevo territorio neural agregó las emociones propiamente dichas  al repertorio de respuestas del cerebro, y puso a punto dos poderosas herramientas: el aprendizaje y la memoria, dos avances realmente revolucionarios,  cuyo estudio dejaremos para otro día.

 

Foto:babymoon.es