Martes, 12 de diciembre de 2017

San Juan de Sahagún, hoy y en 1948

 

El jueves pasado, los sacerdotes del Arciprestazgo de San Juan de Sahagún, en lugar de una reunión seria como tenemos todos los jueves cada quince días, decidimos hacer una cosa más seria aún: visitar los rincones más desconocidos y más exóticos de nuestras parroquias y, mientras tanto, charlar “de omnibus”, que, para los que somos de Ciencias no es un autobús antiguo, sino “un poco de todo” e informalmente mientras contemplábamos desde el tejado de San Martín el paisaje urbano de la Rúa o el complejo de la Clerecía y La Universidad Pontificia, propiedad que fue -¿o sigue siendo?- de la Real Clerecía de San Marcos, o sea, la agrupación de los párrocos de la ciudad; o comentando, en el camarín de la Virgen de los Remedios del templo de San Julián y Santa Basilisa, los azulejos de Talavera que estábamos pisando o las pinturas murales a las que debemos devolver su esplendor -¡porfa, dejadnos respirar, que todavía no hemos terminado de pagar la restauración del tejado!-.

Como subir tejados y explorar camarines es un oficio cansado, recuperamos fuerzas en uno de los muchos buenos bares de tapas que hay en la ciudad, aunque no sé si el arcipreste no debería cuidar un poco más esos detalles, pues nos llevó a un establecimiento dedicado a la memoria de Marilyn Monroe, uno de los iconos sexuales más famosos del pasado siglo, del nuestro, vamos, de los que peinamos canas o no nos hace mucha falta peinarnos. Sea como fuere, no se nos encendió la pasión, porque teníamos una pasión encendida desde hace rato: la curiosidad de subir a las balconadas interiores y al campanario de San Juan de Sahagún. Un lugar poco apto para gente ancha y pensado, tal vez, para monaguillos adolescentes en tiempo de hambre, dada la estrechez de la escalera de la torre.

Sea como fuere, era de mucho interés ascender-a o penetrar-en las interioridades arquitectónicas de cada parroquia…Aunque la interioridad más íntima y, a la vez, más pública de la parroquia de San Juan de Sahagún es, precisamente, la urna con los restos funerarios del santo patrono de la ciudad y diócesis salmantinas. Obra suya fue la paz entre los Bandos…de cuyos réditos no se puede vivir en el siglo XXI…a menos que la actualicemos cada salmantino, cada familia -de peleas entre familias se trató en el siglo XV-, cada corporación municipal, cada institución, cada agrupación ciudadana, comarcal o provincial. Una actualización activa, valga la redundancia, esforzada, apasionada, inteligente, perseverante, nacida del compromiso bautismal en el caso de los cristianos, llamados a ser fermento de paz  y cemento de unidad entre los diferentes, o incluso entre los opuestos.

Y llegados a este punto, convendría investigar un poco el espíritu de aquella época, en la que un contemporáneo de San Juan de Sahagún (1419-1479), el cardenal Nicolás de Cusa (1401-1464), pensando en la necesaria unión entre los cristianos de Oriente y de Occidente, en la desunión que había entre los católicos de la época y en el diálogo urgente con el Islam, alumbró aquella fórmula magnífica de la “coincidentia oppositorum”, la unión entre los opuestos, que tantos frutos daría en la filosofía europea siglos después, aunque no llevó, por desgracia, a la coincidencia y a la unión, tal vez porque había perdido la raíz originaria, religiosa, cristiana, del asunto: el amor a Dios y al prójimo. Y ya se sabe que, tanto Dios como el prójimo, cada uno en grado diferente, son “lo otro de mí”, lo “opuesto a mí”, lo distinto de mí. ¿Llamados, por tanto, a la guerra entre bandos, a la lucha de clases, a la guerra entre civilizaciones, a la pelea inmisericorde entre géneros –perdón, entre sexos-? ¿O llamados a superar los Bandos, a trabajar misericordiosamente por la justicia y la paz verdaderas, donde pueda darse la unidad, el Encuentro entre los no iguales, solo posible si se respeta y se ama la diversidad, o mejor, si se ama al que es diverso?

Y, como no quiero cansar más al lector, dejo para otro día, uno de los “rincones” más interesantes de la parroquia de San Juan de Sahagún: en uno de los trasteros encontré un ejemplar de un folletito de D. Santos Jiménez, el que fue su famoso párroco, de Guijuelo por cierto, que se titula “Lo que puede y debe ser una parroquia”, impreso en la Imprenta de Ángel de la Torre, Vázquez Coronado, 13, Telf. 2558 – Salamanca, y que contiene tres charlas que D. Santos impartió en Ávila, invitado por el obispo y por la XII Asamblea Parroquial de Ávila. “Salamanca, 27 de agosto, fiesta de la Transverberación de Sta. Teresa de Jesús, de 1948”.

 NIHIL OBSTAT: DR. MICHAEL PEREÑA, CENSOR DEPUTATUS.

IMPRIMATUR: FR. FRANCISCUS, O.P. EPISCOPUS SALMANTINUS.