Martes, 12 de diciembre de 2017

812 días…aproximadamente

En el III artículo de HISTORIAS INOLVIDABLES, decía yo que la señora Petra en nuestra bajada al anejo de Valdelamatanza habilitaba para que pudiéramos pasar la noche una alcoba pequeña dentro de una habitación inmensa. En ella estaba una gran y singular cama cubierta por una colcha hecha de trozos de tela de distintos tamaños y colores y a ambos lados sendas mesillas antañonas. Encima de ellas había una lámpara de aceite de cobre y tres brazos (tal como la de Aladino) y recuerdo aún con sensaciones infinitas en el tiempo, que yo ¡no la frotaba esperando vanas ilusiones!, pero si la apagaba para poder dormir con gran parafernalia; mojando mis dedos pulgar e índice, en saliva para evitar las quemaduras y apretando las mechas impregnadas de aceite que salían de su interior. Con la oscuridad yo no veía, pero intuía, como al apagarlas se oía un chisporroteo y posiblemente un humo tenue y vacilante subiría hasta el techo… y luego dormía plácidamente.

Y tirando y tirando del hilo imaginario de mi cometa, me acordaría de Juan y de cuando estábamos  sentados en aquellas interminables tardes en las escaleras de la vieja Iglesia y me contaba terroríficas historias de caza, que tanto me impresionaban. Un día… me contó Juan con su “deje” serrano de pura cepa: ”Una vez estaba yo refrescándome en la fantástica fuente de los doce pilones de agua fría y trasparente después de una dura jornada quitándole a los castaños toda la “fusca” que tenían alrededor del tronco, cuando vi aparecer tambaleante y sin fuerzas a mi perra de caza “Lola” y pronto pude ver, que una gran “hería”  le surcaba la “quijá”,  pero aquello no era lo grave y sí que su lomo, sin “herías” visibles, estaba lleno de babas de algún jabalí… Seguramente “Lola” se había “encelao”  con los jabatos y se topó con la jabalina madre, y esa ha “sio” su perdición. La han “pillao” en el ajo y la han roto los riñones. Yo sólo sé que salió “pa” arriba, tal vez por los “Pedregales” , “Mata Taberneros”, “Los Bardales” o “Los doce Pilones” se dio de frente con la “mana” y sólo pudo regresar para morir a mis pies”…

A estas alturas de mi narración, continuo con mis recuerdos de aquellos ¡812 días… aproximadamente! que pasé en el bello pueblo de El Cerro, cuando tenía 8 años de edad y… aún no he recordado a mi amigo Agustín o a mi tocayo Anselmo, ni a Don Manuel, (el primer maestro) duro, pero también recto y bondadoso, ni a los amigos de tantas correrías y que aún tengo en mi memoria… Seguro que muchos murieron ya por Ley Vida y los que aún queden, estarán como yo y haciéndose la pregunta ¿Qué es la vida?... Pero esto es otra historia que contaré el próximo domingo.

Anselmo SANTOS

Contador de Historias Humanas