Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los emprendedores de Castilla y León tienen la segunda tasa de cierres más baja de España

El 4,2% de la población activa -mayor de 18 y menor de 65 años- de la región desarrolló algún tipo de iniciativa empresarial en 2014

No despuntan los castellanos y leoneses como los más dados a emprender entre los españoles, pero quienes se deciden a dar el paso demuestran tenerlo todo mejor amarrado que otros y, así, sufren una menor tasa de abandono. En datos: el 4,2% de la población activa -mayor de 18 y menor de 65 años– de Castilla y León desarrolló algún tipo de iniciativa empresarial en 2014. Este porcentaje crece con respecto al año anterior (3,7%) y, mientras el peso relativo de los emprendedores con proyectos nacientes aumentan de forma significativa (del 1,68% al 2,32%), aquellos que han sido capaces de convertir un negocio naciente en nuevo se reducen (del 2,04% al 1,83%), motivo por el cual la actividad emprendedora total no experimenta un mayor crecimiento.

Ahora bien, uno de los aspectos más llamativos del último Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Castilla y León elaborado por el Grupo de Investigación en Dirección de Empresas de la Universidad de León es que mientras los emprendedores potenciales de Castilla y León (5,6%) se sitúan en una posición intermedia en relación con el resto de comunidades, tanto la tasa de abandono (1,1%) como la de cierre efectivo de negocios (0,92%, ya que el resto abandonan por traspaso) están en niveles muy bajos, en este último caso en segunda posición, solo por detrás de Cataluña. Frente a este hecho, el porcentaje de empresarios consolidados de Castilla y León asciende al 4,6%.

La edad media de los emprendedores en fase inicial identificados por el proyecto GEM Castilla y León es de 38 años y, mientras alrededor del 33% del total tienen entre 25 y 34 años, son los adultos dentro de ese rango los que se muestran más propensos a emprender.

“Esto sugiere que el emprendedor de Castilla y León tiene cierta experiencia previa antes de poner en marcha un negocio, aunque la media de edad de la población emprendedora en la comunidad autónoma no es tan elevada si se compara con otras regiones”, señala el documento.

Por otro lado, el estudio revela que la mayor parte de los emprendedores de la comunidad autónoma son mujeres y que la diferencia entre sexos se ha invertido en los últimos tiempos. Al contrario de lo que sucede a nivel nacional, los datos obtenidos en Castilla y León también ponen de manifiesto cómo el porcentaje de mujeres que emprenden un negocio es bastante superior en el caso de los negocios nuevos, nacientes y potenciales, mientras que esta tendencia se invierte en el caso de los negocios ya consolidados. Además, el porcentaje de hombres que cierran un negocio también es algo superior al de mujeres.

También, a diferencia de lo que sucede en la generalidad de España, llama la atención que en Castilla y León la tasa de emprendimiento en el colectivo que tiene entre 45 y 54 años se ha incrementado de manera significativa con respecto al informe del año anterior, al pasar del 0,8% al 3,9%.

“Si bien se defiende que es necesaria una buena formación para emprender con un mayor éxito, los datos obtenidos confirman cómo la población de Castilla y León otorga gran importancia a los conocimientos previos y a las habilidades a la hora de poner en marcha un negocio, lo que supone que la edad a la hora de iniciar un negocio tenga que espaciarse más en el tiempo”, explican los autores. Claro que este hecho también puede deberse a que este colectivo es uno de los que más problemas tiene para encontrar un empleo una vez que han perdido el que tenían.

Tampoco puede extrañar que, en cuanto a la financiación de la actividad emprendedora, los adultos con mayor nivel de ingresos sean los que se muestran más propensos a emprender. En este sentido, cabe destacar que el porcentaje de ‘business angels’ (padrinos inversores que aportan capital a una actividad incipiente –o ‘start up’– a cambio de acciones) es ligeramente superior en Castilla y León, si se compara con el dato nacional (3,3% frente al 3,2%).

 

Razones para lanzarse

Por término medio, los emprendedores han aportado a sus proyectos de negocio nacientes 13.947 euros de su propio bolsillo. En términos porcentuales, la inversión hecha por los emprendedores nacientes en 2014 representa una media del 65,53% del capital semilla requerido por sus proyectos de negocio. Si se tiene en cuenta la mediana, el 50% de los emprendedores nacientes ha invertido al menos 6.306 euros con fondos propios.

El 20% de los emprendedores nacientes aportó el 100% del capital semilla con fondos propios. En consecuencia, el 80% necesitaron fondos ajenos para arrancar su negocio.

Por otro lado, el 3% de la población de Castilla y León entre 18 y 64 años ha actuado como inversor privado en negocios de otras personas en los que no cuenta con una participación directa en la propiedad. La inversión media de estos inversores privados fue de 29.726 euros. El 50% de ellos invirtió al menos 6.872 euros.

Más de la mitad (56,7%) de las iniciativas empresariales desarrolladas en Castilla y León durante 2014 intentaron explotar oportunidades detectadas por los emprendedores, mientras que el 22,4% fueron motivadas por la presión de las necesidades. Las motivaciones subyacentes de los emprendedores que deciden explotar oportunidades están relacionadas, básicamente, con el logro de objetivos económicos tales como aumentar el nivel de renta (57,9%), conseguir una mayor independencia económica (27,7%) o mantener los ingresos actuales (9,4%).

El 17,1% de la población mayor de 18 y menor de 65 años percibe la existencia de oportunidades para iniciar actividades emprendedoras, un porcentaje que se ha incrementado con respecto al año anterior (11,1%), si bien sigue siendo inferior al promedio del conjunto de autonomías (22,6%).

En cuanto a la motivación a la hora de emprender, el 53,6% de la población de Castilla y León considera la creación de empresas como una buena elección profesional y el 37,2% de la población manifiesta haber conocido a un emprendedor recientemente. Asimismo, el 43,6% de la población cree tener los conocimientos y habilidades necesarios para poner en marcha una actividad empresarial.

 

Por comunidades

El estudio diferencia entre diferentes fases del emprendimiento. Por un lado, en cuanto a ‘emprendedores potenciales’ (van desde el 3,56% de Asturias, hasta el 12,06% de Murcia) Castilla y León se sitúa, con un valor de 5,6%, en torno a la media. Toma en consideración también lo que denomina ‘índice TEA’, de actividad emprendedora total, planteado como la agregación de los porcentajes de emprendedores ‘nacientes’ y ‘nuevos’. Las regiones varían desde los valores entre el 1,5% de Asturias, hasta el 8,75% de las Islas Canarias. En este sentido, en Castilla y León, la mayor contribución al TEA procede del porcentaje de emprendedores nacientes, el 2,32%, que la sitúa en una posición intermedia, y el 1,83% de emprendedores nuevos, también una posición próxima a la media.

Finalmente, las regiones con peores cifras en cierres de empresas, por encima del 2%, son Murcia y Extremadura. En el extremo opuesto, con valores en torno a un inferiores a 1%, se encuentran Aragón, Castilla y León y Cataluña.

El documento destaca la preparación académica de la población castellana y leonesa, entre la que hay un amplio porcentaje con formación superior. “Esto parece indicar que Castilla y León se encuentra en una senda de crecimiento en el número de empresas, si bien la población percibe que algunos aspectos podrían mejorar, el crecimiento registrado y las oportunidades detectadas parecen señalar que las empresas creadas van a crecer de forma sólida y relativamente estable”.

Quizás en esos conocimientos y habilidades sea donde radica el hecho de que los emprendedores de la región estén más preparados para ser capaces de gestionar los problemas y generar soluciones de forma más eficiente y rentable.

Los autores estiman que sería recomendable “intentar reducir las barreras existentes” (trámites administrativos, financiación, etc.), “aumentar los incentivos” (por ejemplo, de naturaleza fiscal) en las distintas fases del proceso emprendedor y aumentar además las diversas modalidades de emprendimiento. “Todo ello, sin descuidar la política de promoción en el ámbito de la I+D y la internacionalización, que posibilitará la competencia y el mantenimiento de la fortaleza del tejido empresarial consolidado”, sostienen.