Sábado, 16 de diciembre de 2017

Hoy toca alegrarse

“Parecía que nunca iba a llegar este momento”, es la frase que más resuena por los pasillos de los Centros Educativos, salmantinos y de toda Castilla y León, cuyos alumnos observan expectantes a que el calendario marque el 22 de junio y con ello lleguen las tan esperadas vacaciones para los escolares. 

La verdad es que cuando llevas nueve largos meses trabajando, estudiando y preparando tareas, sobre todo en estas últimas fechas en que todo parece acumularse, tienes ya ganas, merecidas en la inmensa mayoría de las ocasiones, de que llegue el verano y puedas disfrutar, relajarte y dedicar tiempo a tus amigos, a tu familia… a tantas cosas a las que, día a día, a causa de las múltiples obligaciones que tienes, no puedes atender todo lo bien que te gustaría.

“La mejor vida es la de estudiante”, asegura el refranero, y una gran parte de nuestros coetáneos. Si bien tienen parte de razón, por las vacaciones que tenemos, el horario… no se la puedo dar en toda. A alguno quisiera ver yo enfrentándose a tres globales por día, a decenas de temas de una y otra asignatura, que llega un punto en que no sabes ni por donde te vienen los controles.

Pero no podemos quejarnos, al menos un servidor. Pese a ello, creo de justicia dedicar unas palabras de ánimo a todos los alumnos que este curso han acabado 2º de Bachillerato y se enfrentan a la PAEU, prueba tan temida por muchos, pero que no resulta ser tan terrorífica. Esta marcará su inicio en la Universidad, y esto tiene asociada una gran responsabilidad. Debemos ser conscientes del esfuerzo que conlleva preparar tanta materia para demostrar, en un corto lapso de tiempo, todo lo que sabemos, de ahí la necesidad de reconocer este esfuerzo.

Un mensaje de ánimo también, aunque alguno me llame egocéntrico, a todos los alumnos de 1º de Bachillerato, que tras todo un año de esfuerzo, tras todo un curso demostrando su capacidad, deben afrontar en estos días las pruebas que sirven para demostrar esta adquisición de conocimientos, con ese grado de nerviosismo, estrés, cansancio acumulado… que conlleva su preparación.

Y un mensaje de felicitación a todos los graduados, escolares y universitarios, que tras muchos años de duro trabajo y tras sacrificios dignos de elogio, afrontan un verano de merecido descanso, placentero y alejados de esos libros que ya se han convertido para muchos en “compañeros inseparables”.

No creo necesario extenderme más en esto, pero creo, como decía antes, que la sociedad debe reconocer este esfuerzo y animar a la obtención de unos buenos resultados a nuestros alumnos. Resultados en que todos, no lo olvidemos, influimos con nuestro pequeño granito de arena, que permite que los profesores puedan impartir materia o que los centros tengan instalaciones para ello, gracias a la contribución ciudadana a través de los impuestos. Todos somos en parte responsables de la enseñanza que reciben nuestros hijos, vecinos y compañeros y por ello, debemos alegrarnos de sus logros, al igual que denunciar sus carencias. Hoy toca alegrarse.