Sábado, 16 de diciembre de 2017

Sucede en Mogarraz

Memoria asentada del IV Certamen de Pintura Rápida “Florencio Maíllo”

El pasado sábado, 4 de junio, se desarrolló en la Villa serrana de Mogarraz el IV certamen de Pintura Rápida “Florencio Maíllo”. De tal evento se dio ( y se da, puedes repasarlo) cumplido reportaje en este diario digital Salamanca Rtv al Día con estupendo reportaje fotográfico de Kiko. También se imprimieron en las celulosas de los quioscos, y vagaron por las ondas hasta tus ojos y oídos los pormenores de este meritorio combate con la nada que se gastan los lienzos. Pero no viene mal recordarlos aquí: 58 participantes (48 adultos, 2 juveniles y 8 infantiles) 4000 € repartidos en premios, y diploma para cada uno de los concursantes.

Y de sí hacía un día precioso, y de que el cielo lucía tan limpio y fresco que parecía de loza fina, ignoro si lo contó algún noticiario, pero ya queda apuntado aquí.

Ocurrió que  tuve el honor de ser uno de los miembros del jurado de este certamen. No es que lo meta para fardar, no, sino que lo saco porque quiero contaron hoy mis impresiones, y una historia ya de paso.

Recuerdo ahora los mandados de mi madre a la tahona a por el blanco pan de dos kilos. Siempre el pan reciente se guadarba en la despensa, y en la mesa se repartía el que esperando, ya tenía algín día en su miga,pues no habría con medía panadería si se repartiera el crujiente, el calentito, el de la tentadora hornada. Y como asentadas tengo yo también las emociones de tan magnífica jornada, le requiero a la letra que me salga más pausada.

No conocía yo la dificultad de elegir entre tanto bueno. Ni el dolor de tener que abandonar querencias por impositivo numérico, pues aunque el certamen es donoso en premios (3 premios y 8 accésits para adultos, y 4 premios más para infantes y juveniles), pena me dio no poder premiar a algunos más. A algo de esto se deben de referir los chinos de milenaria sabiduría cuando, a modo de maldición, le dicen a alguien: “Ojalá vivas tiempos extraordinarios”. Qué puñeteros.

Este año el tema del concurso versaba sobre “Calles y paisajes mogarreños”. El primer premio (Pablo Rodríguez Lucas, de Fuenlabrada, 1600 €), representa una calleja cuyas casas sucumben, adolecen, mueren. Las vigas inundan la calle como en una riada de olvido, los balcones se desentienden de sobornar alturas, las fachadas se retuercen por los efectos de largas intemperies sin bridas. Sí: también los hogares nos añoran y se derriban cuando los abandonamos. Es un tema atrayente, del los que se ganan enseguida la simpatía de los ojos, acaso por un algo romántico, por un aroma de recuerdo dolido. El artista ha sabido, con sus quietos óleos, mostrarnos el vértigo trágico que acontece en el lienzo.

El segundo premio (Francisco Luna Galván, de Ronda, 1000 €), El autor rondeño (donde las sabias paletas y pinceles) es muy ducho en esto de llevarse certámenes, y se le nota. En un formato estrecho y largo que sacrifica la galanura de la torre, representa la plaza de la Iglesia, El Solano. Aquí lo que nos atrapa son las texturas algo ácidas y chorreantes del acrílico, las que apartan, por lo que dura la visión, a las fachadas de su vetustez de piedra y sombra, y les otorga un estar liviano, aéreo, carnoso; como de mejilla de colegiala.

El tercer premio fue otorgado por votación popular (500 €, y en esta ocasión fue para Francisco Tomás Medina Pérez, del salmantino Cabrerizos), y es un tema muy naturalista, de un pastoral paisaje hortelano, de los que tanto gusta ver en los salones de las casas sencillas.

Se entregaron además 8 accésits de 300 € cada uno. Y sobre uno de ellos, el conseguido por Mercedes Ballesteros López, me gustaría contaros ahora. Serían las premuras, o las musas descuidadas, las que hicieron que Mercedes se presentara a competir habiéndose olvidado el lienzo. Lejos de acobardarse, y como las bases permiten cualquier soporte, se hizo con una caja de cartón, que se sería de envases de huevos, o de botellas de aceite, la abrió, lo puso sobre su caballete, se ubicó, y convocó dutante el día a sus musas despiertas. Bocetó una de las telúricas calles de Mogarraz, y en la parte inferior pegó en collage hojas de periódico. Luego, próxima a sonar las 6 campanadas del final, en la esquina derecha superior hizo dos rasgones como de pugna navajera dejando entrar en su obra al aire serrano por el cartón. Acaso se andaba por los bajos de su ánimo, acaso por la esgrima de su furia con su impotencia, con su rabia. Esta lucha es la que a mí me pareció advertir, y así se lo pregunté entregados ya los oropeles, y por ello, desde el inicio,procuré para ella más laurel. Mercedes, cuando caía ya la noche, confirmó mi barrunto. Yo le dije, algo pedante, todo hay que decirlo, aquello de “El Arte sucede” de James Whistler. No me vino en aquel momento la  bíblica lucha de Jacob con el ángel, para subrayar la desigualdad de todo artista  con su creación, el desamparo de las ocasiones negadas, ni del arrojo desesperado de gritar: “¡No te dejaré hasta que no me bendigas!”, como creo siente todo autor con su obra.

Y terminando, que tendrás que hacer, te digo, paciente lector que te has llegado a este párrafo, que todo visitante que se acerca por esta singular villa de La Sierra de Francia, y callejea, bebe sus aguas, toma sus alimentos, otea el boscaje…, hace, con el solo concurso de sus impresiones, un improvisado, pero pasional y certero ejercicio artístico en el improvisado soporte de su emoción.

Por ello recomiendo que vengáis a Mogarraz, donde en cada instante de cada día sucede el arte.

Muchas gracias a los mogarreños por su amabilidad, a la meritoria alcaldesa Concha, al maestro  Florencio Maíllo que auspicia con su ejemplo tantas y tan fecundas horas de creación.

Fotos y galería: Ángel de Arriba