Lunes, 11 de diciembre de 2017

Repetimos

Hemos entrado en un nuevo período electoral en que los ciudadanos tenemos que ejercer de nuevo nuestra responsabilidad de decidir a quién votar. Es decir, qué partido y que equipos merecen nuestra confianza. La circunstancia que condiciona estos comicios es que hemos acabado un proceso de seis meses en el que ha sobrado arrogancia, intransigencia, verborrea, teatralidad y, sobre todo, populismo. Por el contrario, ha faltado Salud democrática. La mayoría de los candidatos que se/nos presentan tanto en los partidos clásicos como en los nuevos son prácticamente los mismos y tienen como característica que ven en la política un medio para conseguir sus fines personales y, de paso, resolver sus egos y problemas ocupacionales. Es decir, hacen de la política una profesión y, no un servicio a la Sociedad. Además, los ciudadanos perciben, que quienes quieren el poder como representantes de la Sociedad civil, no tienen ni méritos y ni capacidad porque su perfil profesional y social está sin acreditar componentes para poder ser referentes sociales y fomentar los valores democráticos.

Esta nueva y reiterativa campaña debería haber empezado por pedir disculpas a los ciudadanos. En primer lugar, por no haber conseguido un acuerdo de gobierno. En segundo lugar, por no haber conseguido un consenso sobre la reducción de los costes electorales que se podían dedicar a fines sociales, donde hacen mucha falta y existen muchísimas posibilidades de actuación y es fácil acertar.

Mientras tanto la mayoría silenciosa vuelve a tener un espectáculo especulativo sobre su buena voluntad y soporta con bastante preocupación la falta de responsabilidad social de aquellos candidatos que sin méritos, capacidad y crédito social, componentes que exige la Constitución, se proponen para ministr@s.

El estilo democrático es en mi opinión el determinante individual y colectivo esencial para fomentar la Salud democrática y, por tanto, los consensos que necesitan los pilares básicos de nuestra Sociedad. Con esta forma de vivir y de convivir en democracia se pueden afrontar los retos pendientes y que son ya inaplazables:

Consenso nacional sobre la Educación porque este es el elemento básico para llevar a cabo un estilo de vida adecuado y responsable con uno mismo y con sus ciudadanos. Consenso que servirá para fomentar a medio plazo el mérito y la capacidad como herramienta de desarrollo, innovación y progreso.

Consenso para reformar la Constitución para conseguir la integración efectiva y la equidad territorial en términos de igualdad que es exigible a cualquier Sociedad avanzada y moderna del Siglo XXI.

Consenso para conseguir hacer una Justicia rápida y efectiva, por tanto, más justa.

Consenso para hacer del Sistema Nacional de la Salud un sistema único, con equidad territorial y solidario para con todos los españoles. Despolitizando su macro gestión y fomentando su profesionalización.

Consenso para desarrollar una Atención Sociosanitaria nacional y única que trate con efectividad y eficiencia a los enfermos crónicos y pluripatológicos, a enfermos terminales,  a personas con incapacidad, discapacidad y/o dependencia y a las familias con integrantes con enfermedades raras.

Resumiendo, en mi opinión, se tiene que seguir insistiendo en la normalidad y vida democrática; pero ésta debe estar basada en un estilo de vida democrático, saludable e higiénico para conseguir realidades y, ante todo, evitar el daño innecesario que se hace reiteradamente a la mayoría silenciosa y a los más vulnerables.

 

JAMCA