Lunes, 18 de diciembre de 2017

Mar acusador

Todas las cosas que al mar tiramos nos la devuelve siempre la marea

Dicen Fito y los Fitipaldis en su canción “Sobra la Luz”: Todas las cosas que al mar tiramos nos la devuelve siempre la marea.  Cuando más tratas de olvidarlo con más fuerza lo recuerdas... En los últimos días el mar ha devuelto a las costas de Libia más de cien cadáveres. Un portavoz de la Media Luna Roja afirma que la mayoría de ellos tienen aspecto de subsaharianos, pero los cuerpos están en avanzado estado de descomposición y ni siquiera está claro cuánto tiempo podrían llevar muertos. Según Naciones Unidas más de 2.500 seres humanos han muerto tratado de alcanzar las costas europeas desde Libia en los que va de año.

Tal vez las nereidas, ninfas del Mar Mediterráneo que viven en sus aguas y en ocasiones emergen a la superficie para ayudar a marineros, nos les vieron y ahora conmovidas depositan los cuerpos de estos forzosos navegantes en las playas para acusarnos, para hacernos llegar un mensaje claro y contundente, que su tragedia es nuestra vergüenza, que su muerte es nuestro fracaso. Fracaso como comunidad, fracaso como europeos, fracaso como pretendidos miembros de sociedades avanzadas. Porque fuimos nosotros quienes les “tiramos” al mar. ¿Su “culpa”? Carecer en sus países de un futuro, de una vida digna. De ese mismo modo arrojamos recientemente a campos de refugiados turcos a los que huían de la guerra. Llevamos años arrojando al mar nuestros desperdicios, nuestras basuras y ahora, sin ningún rubor, arrojamos seres humanos.

Debemos admitir nuestra responsabilidad. Es la cerrazón, la intransigencia, el miedo de los europeos, por lo que ellos se aventuran en el mar en busca de una nueva vida, de alguna oportunidad ¿quién desea abandonar su país, a sus familias, a sus gentes si tiene opciones de quedarse? Y claro, el mar nos los devuelve porque es inocente, los deja varados en la costa para que nos cuestionemos, si aún somos capaces de ello, qué futuro queremos porque a la fin y a la postre todos viajamos a bordo de la misma patera.                                                                                                                     

La nueva ocurrencia de la Unión Europea, para aliviar su bochorno, es habilitar fondos de Cooperación Internacional para los países de origen de estos buscadores de oportunidades, para que no tengan la necesidad de emigrar hacia el viejo continente. Pero los que llevamos ya algunos años en este mundo de la Cooperación sabemos que sólo son palabras huecas para cubrir el expediente y disimular el sonrojo momentáneo. Además, nada es gratis, ya que a los países se les exige una contrapartida: deberán aceptar acuerdos de extradición con los donantes. ¡Chantaje, puro chantaje! Y para muestra un botón. Esos fondos que ahora generosamente se ofrecen, fueron recortados en nuestro país durante los últimos 5 años en más de un 70%, el mayor recorte de todas las partidas presupuestarias.

En el diario.es[i] podíamos leer hace unos días las duras palabras de una joven: Hemos tenido que burlar controles policiales, trepar vallas, asumir riesgos, tirar nuestras bolsas al mar para que la barca no volcara, venimos con nuestros niños, que llevan días caminando agotados. ¿Es esto necesario?”. ¿Lo es?

Y para terminar, no puedo resistir hacerme un autoreproche en voz alta: ¡Que fácil resulta escribir de todo esto desde el cómodo sillón de mi casa!