Martes, 12 de diciembre de 2017

Emigrantes macoteranos en Estados Unidos

 

Nadie pone en duda de que España ha sido uno de los pueblos más emigrantes del mundo; nuestros hombres ya, en los siglos XV y XVI, acompañaron a Colón y a otros conquistadores en su ambicioso proyecto de invasión y conquista del nuevo continente, y a la estela de estos soldados, siguieron después los colonizadores y gente de a pie, que llevaban, como misión, sembrar allá nuestra lengua, religión, costumbres y tradiciones, a la vez, lograr solucionar su situación laboral y económica.

Y, a finales del siglo XIX, cuando la situación económica de nuestros pueblos volvía a ser insostenible, aparece, de nuevo, el símbolo de América como tierra de promisión, no sólo de España, sino también de Europa; y así es como, desde los distintos puertos europeos, salen los grandes contingentes de personas, huyendo de la hambruna y de la miseria, que mordían sus carnes, en busca del amparo de la tierra del oro. Y allí quedaron generaciones y generaciones de españoles, en un mestizaje, que nos hermana con los pueblos americanos.

Y esta situación de precariedad surge de nuevo en los años sesenta, y nuestros pueblos vuelven la mirada, en este caso, a Europa, países, que culminan su desarrollo industrial y demandan mano de obra, como también sucedió en comunidades desarrolladas españolas como Madrid, Vizcaya y Cataluña.

Y estos procesos de emigración, con otros incentivos, han contribuido a que España sea, hoy, un pueblo de acogida de emigrantes, que, por una parte, están incidiendo en el desarrollo de nuestra economía, como en el bienestar de los propios emigrantes que nos visitan. Como veis la historia se repite, pero a la inversa.

Aparte de esta pequeña reflexión, el motivo, que nos anima a escribir estas líneas, nos invita a informar sobre como transcurrió la emigración de nuestra gente macoterana a América y, sobre todo, a los Estados Unidos.

El pretexto de la salida de la gente de su lugar de origen ha sido siempre el mismo, salvo excepciones: el solucionar el futuro económico y laboral tanto personal, como familiar.

La emigración de nuestra gente a América se inicia en las primeras décadas del siglo XX, muy especialmente entre 1900 y 1920, y se orientan, principalmente, a Haway, al Río de la Plata (Argentina y Uruguay), Brasil y Cuba, seguidas, en un segundo término, a México y Puerto Rico; en cambio, los Estados Unidos no fueron receptores, en un primer período, de un número importante de españoles. Se calcula que el número de compatriotas, que salió de nuestros puertos hacia el nuevo Continente, se cifra, en alrededor de tres millones, aunque estimaciones posteriores sitúan esta cifra en poco más de 4.7 millones. Fijar el número de macoteranos, que partieron para América, es tarea difícil, debido a que las estadísticas, únicamente, nos hablan de cifras globales; igualmente, es harto complicado establecer el número exacto de compatriotas, que emigraron, ya que se hallan fuera de recuento aquellos españoles que llegaron a América desde otros países, por ejemplo, Francia, Portugal o Cuba, Cuba constituía un paso intermedio entre España y los Estados Unidos.

La travesía se hacía en condiciones deplorables; se viajaba, en tercera clase, y se ubicaba a los pasajeros en las bodegas, debajo de la línea de flotación, en grandes dormitorios sin ventanas, sin apenas ventilación y luz, donde dos mil personas se hacinaban sobre literas superpuestas. El viaje costaba diez dólares en 1880, y aumentó a treinta y cinco dólares después de la guerra de 1914. La comida consistía en papas y arenques.

Las embarcaciones se dirigían hacia un pequeño islote, llamado "Ellis Island", donde los servicios de la Oficina Federal de Inmigración habían instalado los centros de recepción, justamente, en la desembocadura del río Hudson. Este centro de recepción fue inaugurado en 1892, y, desde 1892 a 1920 pasaron por allí más 25 millones de personas, a razón de cinco a diez mil por día; sólo un dos o un tres por ciento de los pasajeros eran rechazados; en este supuesto, la propia compañía de navegación se hacía cargo de los gastos del viaje de retorno.

Llegados a Ellis Island, se abría una ficha a cada emigrante, en la que se recogían sus datos personales, se les sometía a un reconocimiento médico, se les vacunaba y se les destinaba a un lugar, en el que se les asignaba un tutor, domicilio y el lugar de trabajo, que ya venía prefijado en el contrato de salida de España

Como modelo os presentamos las de:

- Pedro Cuesta Martín llega a Ellis Island el 18 de marzo de 1920, a los 19 años, soltero. Llega en el barco "Isla de Paranay", procedente del puerto de Cádiz. Tiene como dirección de destino la casa de Desiderio Cosmes en Younsgtown (Ohio); va por tres años; sabe leer y escribir; color de pelo, negro y ojos, grises. Lleva 45 dólares, y su padre se llama Cristóbal.

Calculamos, por los datos que tenemos, que, entre 1914 y 1920, emigraron a los Estados Unidos más de cien macoteranos. En 1914 y 1920 fueron los años, en que emigró la mayoría de ellos.

Recordamos que muchos españoles trabajaron en la Habana en la industria tabaquera y, en el último cuarto del siglo XIX, los Estados Unidos empezaron a grabar con aranceles los cigarros- puros y los cigarrillos cubanos. Es, en este momento, cuando muchos fabricantes afincados en Cuba, se trasladan a Florida para librarse del pago de los aranceles. El traslado de la actividad tabaquera supuso, a su vez, el traslado de buena parte de los trabajadores especializados del sector desde Cuba hacia Florida.Estos trabajadores eran en su mayoría nacidos en España o bien cubanos de origen español.

Los macoteranos, que fueron destinados a California, se emplearon en la recolección de frutas en el Condado de Alameda, en la mina de plata del Condado de san Benito y en los viñedos de Fresno. Como pueblo trabajador y ahorrador, que somos, fueron haciendo su capitalito, que les ayudó muchísimo a superar la gran crisis económica, que se desató en Estados Unidos en los años veinte del siglo; era tan saneada su economía, que apostaron por construir, en plena crisis, el "Club Ibérico", que inauguraron el 4 de agosto de 1926, en cuya junta directiva tuvo gran protagonismo la colonia macoterana.

Superada la crisis, cada uno fue montando su negocio: Antonio y Pepe Calores pusieron en marcha granjas de gallinas, de venta a por mayor; los Tobalo se dedicaron a la chacinería: venta de chorizos, lomos y jamones; los Potanches se iniciaron en la construcción...

Los que fueron a Younsgtown tuvieron peor suerte, pues la crisis industrial los dejó sin trabajo y algunos tuvieron que regresar a España.