Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Casius Clay: In Memoriam

“Nos ofreció una lección de vida”

Huelga decir que hasta ayer mismo, fecha de su fallecimiento, se han vertido océanos de tinta sobre su magnética figura..., y seguirán vertiéndose, qué duda cabe. No obstante, consciente de la futilidad de cualquier otra aportación, quisiera verter la mía: también yo soy coetáneo de aquella época dorada... Estamos en Octubre de 1974; en el Instituto de segunda enseñanza yo zozobraba en las aguas de 6º de Bachillerato; el ambiente en casa era tenso, expectante hacia mí, esperaban una salida de aquella lucha, cualquiera... Aquella noche, de madrugada, TVE iba a retransmitir la pelea de Alí versus Foreman en el Zaire de Mobutu, The Rumble in the Jungle, como la nombró Clay y yo había tomado la decisión de que tenía que verla pasara lo que pasase...

Por aquellos años, el pequeño negocio familiar estaba ubicado en una de las principales calles de Miróbriga, en un local a píe de calle; la vivienda justo encima en el primer piso. La parte trasera de la tienda disponía de una cocina-comedor y un patio; en un rincón de la cocina-comedor había un pequeño televisor que emitía la señal en blanco y negro, bastaba...; arriba, en el piso, había otro algo más ostentoso para las noches, para después de la jornada de trabajo y la cena. La decisión estaba tomada y el plan trazado; no tuve que estrujarme demasiado la cabeza. Después de la cena y unos minutos de TV antes de retirarme a mi habitación a estudiar, le solté a mi padre la milonga de que tenía que madrugar para repasar unas lecciones sobre las que al día siguiente el profesor de turno quería hacer una prueba y le pedí que me dejara las llaves de la tienda. Tras pasar, durante un rato, las páginas del libro con pereza, me metí en la cama.

En la mesilla estaban las llaves y el macizo despertador que debía avisarme... Hundido en el jergón de borra, pensando, dudaba si despertaría cuando el reloj sonase o sería el despertador quien decidiera no sonar; así, yendo de la posibilidad de un infortunio a otro, caí dormido... La alarma saltó a la hora fijada; salté de la cama sobrecogido y recordé el motivo de aquella irrupción metálica, de ametralladora, en mi sueño. No había tiempo que perder; me vestí, de puntillas recorrí el pasillo y al abrir la puerta oí la tos de mi padre; quedé en vilo, esperando...; acostumbrado a dos paquetes diarios de Ducados era la tos que solía castigarlo, cada mañana, al levantarse; quedé esperando que mi plan hiciese aguas, pero no ocurrió, la tos cedió y pude avanzar...; cerré la puerta tras de mi y bajé las escaleras...

Era la primera vez que veía la calle de madrugada, en silencio, estática, a una hora de la que no tenía la menor noticia; era Octubre, finales de Octubre, y se notaba un aire que desperezaba... Abrí la puerta de la tienda, entré y volví a cerrarla con llave; pasé a la cocina-comedor, dí la luz, enchufé el brasero, el televisor..., y allí estaba la imagen; en el cuadrilátero, en rincones opuestos, Alí y Foreman; el maestro de ceremonias, en el centro, anunciaba el evento; el locutor de TVE, consciente de la trascendencia planetaria de la pelea, hacía esfuerzos para contener la emoción...

Y llegó la hora de la verdad, la pelea comenzó. Huelga decir que durante la hora escasa de retransmisión – como se sabe en el octavo asalto Foreman besó la lona en uno de los KO más sorprendentes de la historia – estuve absorto, sin pestañear, esperando una victoria clara, elocuente, de Alí que al final se produjo cuando todos temíamos lo contrario...; de la manera más sutil había fulminado a quien había conseguido, en los asaltos anteriores, erizarle el pelo; The Rumble in the Jungle había terminado como la inmensa mayoría esperaba... Acabada la retransmisión, abrí el libro, lo puse a un lado, coloqué un cojín sobre la mesa-camilla y reposé la cabeza; antes había puesto la alarma en el despertador que solía haber en una de las baldas de la alacena; disponía de casi dos horas antes de que mi padre bajara...

No hace falta repetir que Alí fue un genio; un genio dentro y fuera del ring; esa combinación magistral de esos dos ámbitos es lo que lo hace único; lo que lo convierte en un icono cultural del S.XX como dicen los pedantes; sin embargo Sartre en Las Palabras escribe que el genio sólo es un préstamo, hay que merecerlo atravesando ciertas pruebas, con firmeza, con modestia; Alí tuvo las suyas y las superó con firmeza, con modestia aunque su locuacidad teatral, su necesaria puesta en escena sugiriesen lo contrario. Nos ofreció una lección de vida, sin duda.

James M. Linden