Lunes, 18 de diciembre de 2017
Las Arribes al día

Junio, mes de cangrejos

Todos los ejemplares capturados deben ser sacrificados antes de abandonar la zona de pesca, y los reteles, sin número máximo, deberán portar una tarjeta identificativa con los datos del pescador

Sin cambios legislativos importantes, respecto a la temporada anterior, y los ríos con demasiada agua para esta arte de pesca. Así se presenta la temporada del cangrejo en la provincia salmantina, época en la que el alto caudal de los ríos y las bajas temperaturas de los últimos días de mayo, convertían al primer domingo de junio, fecha de la apertura de la veda, en un  momento no muy apropiado para lograr buenas capturas de este crustáceo en las variedades de rojo y señal.

Su legislación no presenta novedades respecto a la temporada anterior, aunque cabe recordar que no hay cupo máximo de reteles, pero –eso sí– no podrán ocupar más de 100 metros de río y encontrarse distantes del pescador contiguo a un mínimo de 10 metros. Los reteles no deberán sobrepasar un diámetro de 42 centímetros, y se permite el uso de trozos de pescado, también de río, a excepción de especies exóticas. Tampoco hay límite en el número de capturas ni talla mínima, debiéndose sacrificar todos aquellos ejemplares que se extraigan del agua en la zona de pesca.

Portador de la afanomicosis

Demostrada más que suficiente su adaptación a cualquier hábitat acuático, el cangrejo rojo, cangrejo de las marismas, o cangrejo americano (procamburus clarkii), a buen seguro colmará en unos días muchos paladares, aunque en ningún caso como lo hizo nuestro cangrejo autóctono, desaparecido de las aguas salmantinas como consecuencia la afanomicosis, enfermedad de la que es portadora un hongo y a la que se ha hecho resistente nuestro actual protagonista, e incluso –para su desgracia– es portador del mismo.

Sin cupo ni talla mínima, ni la sequía de años anteriores ha facilitado el duelo que Administración y muchos pescadores protagonizan cada temporada contra este proscrito llegado de las ‘américas’. El cangrejo rojo continua resistiendo todos los envites sin que la mayoría se percate de que es el alimento de otras especies que se sitúan un eslabón por encima en esa cadena trófica y contra las que tantas veces ha atentado el hombre. También no es menos cierto que su presencia en algunos ecosistemas ha resultado nefasta para otras especies piscícolas.

Una pesca sencilla

Su instinto devorador hace que no sea demasiado selectivo, pues  unos simples trozos de pescado o unos pedazos de pollo, serán lo suficientemente tentadores como para dejarse engañar.

Sobre artes y técnicas de pesca autorizadas, estás se limita ahora al retel, nasa provista de una base plomada para insertar el cebo y de dos o tres arillos encargados de extender la pequeña red cuando se tira de la cuerda a la que se haya unido el aro superior.

Una de las consideraciones a tener en cuenta para lograr una mayor efectividad, es que el retel se encuentre perfectamente asentado sobre el lecho del río, pues en caso contrario intentará acceder al cebo desde el exterior. Para su colocación se emplea un palo de unos dos metros y medio de longitud, cuanto más ligero y firme sea mejor. Estará acabado en una horquilla que será la encargada de hacer de guía de la cuerda. Tanto la echada como la levantada debe ser sigilosa y rápida si no queremos ahuyentar a los cangrejos que se sitúen en las inmediaciones. Los lugares más adecuados son aquellas zonas del río cercanas a juncos o paredes del cauce y que sirven a los cangrejos de refugio.

Al tratarse de un animal con gran actividad durante la noche, los momentos más óptimos para su pesca suelen coincidir con las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde.

En el plato, mejor

Pero sin duda, lo más preciado del cangrejo para el pescador está lejos del río. Su mejor lugar se encuentra la mesa. En salsa de tomate, con arroz caldoso, o simplemente cocidos o al ajillo, regados con un vino blanco, son un plato exquisito.