Martes, 12 de diciembre de 2017

Sucedidos

Esto de tener una columna de opinión o desahogos, llámenlo como quieran, los lunes. Le pone a uno en la tesitura de actuar como un Rappel de tres al cuarto o pegarle un repaso, a toro pasado, a los sucedidos.

La verdad es que la semana que ayer acabó  ha venido hinchada de despropósitos, desplantes y presbicias políticas varias en esta nuestra amada tierra charra.

Una de las cosas que me han sorprendido, bueno, siendo sincero la verdad es que no tanto. Es la soledad de la visita de la Rosa castellana a la que un día fue su ciudad adoptiva política y laboralmente. La presencia de la vicepresidenta regional dejó al descubierto el desahogo político en el que vive esta provincia, donde ya ni se guardan las formas ni cristo que lo fundó.

A nadie que esté un poco en la pomada se le escapa que las relaciones entre los próceres provinciales del Partido Popular, fundamentalmente de Mañueco,  y sus homónimos regionales es más que gélida. Fundamentalmente por cuestiones que tienen que ver con esa parte de la política que menos importa al ciudadano. Algo que jamás debería interferir en las relaciones institucionales a no ser que alguno se crea eso del “L´Etat c´est moí”.

Y es que es sorprendente que cada vez que algún líder popular pisa provincia el complaciente arrope es una constante, en algún caso incluso cuando pisa región. Y me sorprende que esta ocasión la buena de Rosa estuviera más sola que la una con el único apoyo de otro de los buenos, Bienvenido Mena.

No sé si sería porque acudía a un foro organizado por un medio de comunicación poco considerado por nuestro omnipresente alcalde, o porque  había pocos puntos para sumar en la carrera promocional. O simplemente que la Rosa castellana encontró en el Presidente Herrera el oxigeno que otros se habían encargado de retirarle y eso escuece. No sé. Pero lo cierto es que se desperdició una  oportunidad para achuchar a toda una vicepresidenta del gobierno autonómico para poner sobre la mesa algún asunto con el que arañar unos euros o un apoyo, que nunca está de más para esta provincia.  Pero por encima de todo escenificar educación y respeto institucional. Una pena.

Y es cierto que estos roces no sientan bien a muchos de los suyos que callan por miedo a la extrema sensibilidad de la guillotina que maneja listas y demás índices, pero es terrible que lo personal afecte a lo institucional de esta manera.

La otra cuestión semanal que me dejó con la boca abierta fue la lista de renuncias y consentimientos a la indemnización por dejar de ser Senadores. Me alegro que la decencia tenga nombre de mujer en esta tierra. Y que dos senadoras, una del PSOE y otra del PP hayan mostrado un halo de dignidad y hayan dicho no a los más de ocho mil euracos que podían haberse embolsado. Es cierto que la compensación es para las señorías que no tienen trabajo ni ingresos, que no era el caso, pero creo que por encima de la legalidad esta la dignidad y la ética.

Y que el Presidente de la Diputación provincial, Concejal por Beleña, Presidente provincial del Partido Popular y ahora ex senador no haya dejado pasar la oportunidad de lazar el taco de euros es lamentable.

La actividad política debería de llevar consigo un plus intrínseco de generosidad, de altruismo. Algo así como lo que presupone a otras profesiones. Nadie entendería que un medico, un enfermero o un maestro no tuviera un mínimo afán de servicio, una inquietud por el prójimo que empuja por encima de otras muchas cosas. Pues parece que aquí, si hablamos de política, y con la que está cayendo, si los gestos suponen renunciar a algo… Nanai del Paraguay.

Que si, que son suyos, que la ley le ampara, pero no me negaran que queda fatal. Y más cuando volverá a presentarse de nuevo al mismo puesto,a pedir el voto otra vez, a hablar de empleo. Pero sobre todo porque como Presidente de la Diputación las percepciones por asistencias y demás canonjías que percibía, y sigue percibiendo, no las ganan muchos de los jóvenes ni mayores a los que representa.

Aquí estoy para opinar y opino que se debería de tener un poco más de sentido del cargo, un poco más de sensibilidad y cuando se tienen la oportunidad, hacer un gesto que seguramente sea mucho más valioso que  ocho mil y pico euros.

Pero como todo no va a ser tan gris, no puedo dejar de alegrarme porque la edición de este año del Facyl ha sido una gran edición. Porque no todo iba a ser malo.