Viernes, 15 de diciembre de 2017

Un SÍ por la concertada.

Tras la charla sobre Educación Concertada que el pasado jueves mantuvimos los miembros de la Comunidad Educativa del Colegio San Agustín de Salamanca con las candidatas del Partido Popular a las Cámaras Baja y Alta, María Jesús Moro y Esther del Brío, me veo en la necesidad de dedicar mi artículo de hoy a este asunto.

Sé que unas líneas no bastarán para convencer a todos los que critican y atacan, de manera diaria e ininterrumpida, a la escuela concertada, pero espero que al menos sirvan para evitar el uso de unos argumentos falsos, que intentan persuadir al personal con falacias infundadas.

La primera discordancia viene en relación a la asignatura de Religión. Los contrarios  a la Educación Concertada consideran que desde estos centros se hace un uso manipulador de la misma, y que no sirve sino para adoctrinar al alumnado con teorías absurdas y falsas, propias de centros católicos.

Pues bien, esto es rotundamente incorrecto. Los centros concertados, que no necesariamente tienen que ser católicos, algo en lo que empiezan equivocándose, imparten la asignatura de Religión como una más, dentro del currículo educativo establecido. La escogen aquellos alumnos que desean recibirla, y la cursan con total normalidad y, en la mayoría de los casos, voluntad.

Claro está que los jóvenes que están en colegios concertados y católicos se presupone aceptan estos principios, y si no los comparten al menos intentan, con educación y respeto, que tanta falta hacen en esta sociedad presente, sobrellevarlos.

La segunda nota en discordia, tópico muy usual a día de hoy, viene dada por la financiación y el coste económico de la concertada. “Los colegios concertados son auténticas empresas”, aseguran muchos. No voy a ser yo quien les quite la razón. Como empresas que son ofrecen un servicio que tiene un coste NO OBLIGATORIO, sino voluntario, que cada familia según su criterio satisface en contribución al sostenimiento del Centro en que su hijo estudia.

Cada año el Estado ahorra más de 6.000 millones de euros en mantenimiento, reparaciones y conservación de edificios destinados a la Educación, propiedad privada de personas, organizaciones, congregaciones o individuos que arriesgan e invierten sus recursos en la noble tarea que es educar a las generaciones del mañana.

Esto no es demagogia, es realidad. Auténtica y pura realidad. Quien no vea que la concertada reduce sensiblemente la partida presupuestaria que el Estado dedica a la Educación… tiene un serio problema visual que debe hacerse mirar. España no ha podido, no puede y nunca podrá mantener el sistema educativo sin la existencia de centros concertados, que financien con sus propios recursos parte del coste total del mismo.

Otra desavenencia viene motivada por la labor y la retribución de los docentes. Que sepan sus detractores que un profesor en la escuela concertada es elegido, más o menos democráticamente, por la Dirección, sí, pero que en el pecado lleva la penitencia. El verdadero compromiso con la Educación lo demuestran los profesores de centros concertados que, con salarios hasta 300 € inferiores al sueldo de un profesor de instituto, ofrecen su tiempo, su día a día y su conocimiento a un alumnado que año tras año, demuestra obtener mejor rendimiento y sacar un mayor provecho a sus horas de formación y trabajo.

Otro de los errores comunes en los que solemos caer al hablar de Educación es asegurar que los recortes de la crisis, que llegaron también a esta materia, no afectaron a la escuela concertada. De nuevo, otra falacia. Los profesores de la concertada, funcionarios al fin y al cabo, vieron mermados sus ya inferiores sueldos tras las reducciones aplicadas con la llegada de la crisis.

¿Saben cuál es la diferencia? Que mientras los docentes de la pública se lanzaron a las calles, manifestándose contra vaya usted a saber qué, porque su sueldo había bajado en una cantidad “desorbitada”, según ellos, los profesores de la concertada siguieron ejerciendo con responsabilidad, acierto y buen criterio su labor diaria, con menos sueldo a fin de mes, pero asumiendo el compromiso que adquiere un profesor, que es dedicar su tiempo a la correcta formación de sus alumnos.

El problema que tenemos en este país, es que en el momento en que no tenemos argumentos para defender nuestras posturas, cargamos contra los demás; en cuanto somos incapaces de hacer valer una idea, porque es falsa, acusamos sin fundamento y tratamos de desprestigiar al que, de nuevo erróneamente, creemos que está por encima de nosotros, en derechos o privilegios.

No nos vamos a engañar. No sé si la concertada fue un negocio, quizás sí, pero que nadie piense que hoy lo sigue siendo. Hemos de abandonar esas posturas clasistas y medievales que tenemos de que los alumnos de un centro católico llegan al colegio y se ponen a rezar, y solo descansan para dar Religión, porque no es cierto.

Dice uno de mis profesores, ahora entiendo la certeza de su frase, que no hay mejor filosofía que aprender a ser críticos y no criticones. A esta frase yo le añado que, si criticamos, lo hagamos con juicio y con responsabilidad, no teniendo como único objetivo hacer daño y perjudicar al que tenemos en frente. Si somos lo suficientemente maduros como para criticar todo un modelo de enseñanza, seamos igualmente justos y serios al hacerlo, con la misma praxis que aplicamos para defender lo nuestro.