Jueves, 14 de diciembre de 2017

Machos alfa

El hombre, el ser humano, piensa en sí mismo como la cúspide de la evolución, la especie elegida, la mayor perfección de los animales existentes. Y, como tal, vivimos instalados en el antropocentrismo, somos el centro de lo existente, olvidándonos que somos, tan solo, una especie más. Eso sí, el único ser vivo capaz de pensar en nosotros mismos y en los demás, aún sabiendo que es totalmente falaz el planteamiento: lo que entendemos por inteligencia tiene que ver con cómo está planteada por nosotros mismos. Eso por no hablar del eurocentrismo, tan común en nuestro día a día: nos cuesta imaginar que la inmensa mayoría del mundo no tiene nada que ver con lo que vivimos en nuestra burbuja de cristal, un mundo condenado a desaparecer, pues, de siempre, ha sido la multiculturalidad la que ha dado paso a los grandes avances.

Quiero pensar que, en el futuro, esa mezcolanza de culturas traiga otra visión de la realidad. Y, entre esa amalgama de comportamientos, no podremos dejar de lado lo que de la naturaleza hemos aprendido, aprendemos y aprenderemos. Deberemos, primero, extirparnos los estereotipos que tan profundamente nos han inculcado desde pequeños. Trabajo realmente difícil pues son muchos los condicionantes sociales que nos acechan desde todos los ámbitos, sean familiares, religiosos, educativos…

Un ejemplo es la equiparación de los hombres, como género, con los machos alfa lobo. Tenemos la idea del padre que mantiene, en todo momento, el control total de su hogar y que, una vez alejado de él, es un jefe siempre agresivo y malhumorado. Nada más lejos de la realidad de comportamiento de los cánidos jefes de la manada, pues los machos que comandan la manada no lo hacen de manera forzada, ni tampoco dominantemente, ni son agresivos con quienes les rodean, sino todo lo contrario. La característica principal del jefe de la manada es una gran seguridad en sí mismo, sabiendo lo que tiene que hacer, cuándo hacerlo y cómo; siempre teniendo presente lo que más conviene al grupo, dejando traslucir su propia tranquilidad a todos los miembros que conviven con él.

Odiados hasta querer su exterminio, los lobos son muy parecidos, demasiado, a los humanos. Son, somos, de las pocas especies en que los machos proporcionan comida y protección a sus hembras y crías durante todo el año, hasta que los descendientes alcanzan la madurez. Y, de ambos, el más fiable es el lobo, pues en nuestro caso no son nada raros los casos en los que el padre, normalmente por la separación de los cónyuges, abandona sus obligaciones, sea por dejar de pagar la pensión de manutención de los vástagos, sea por olvidarse totalmente de ellos. Aprendamos de los verdaderos machos alfa: dejemos de gruñir por nada; confiemos más en nosotros mismos, lo que redundará en un mejor ejemplo para quienes nos siguen; defendamos a los nuestros, con el máximo respeto para nuestras mujeres y; ante todo, pensemos que el bienestar de nuestra sociedad, de nuestra manada, aumentará de modo exponencial. Es posible, como casi todo, únicamente hace falta creérselo… seriamente.