Lunes, 11 de diciembre de 2017

La palabra como elemento transformador

(Extracto de la entrevista de Antonio Lucas publicada en el diario ‘El Mundo’)

P.- Este es un libro todo de poeta.

R.- Yo lo creo así. Estas páginas tienen algo de sonambulismo.

P.- Quizá por eso son unas memorias más emocionales que biográficas...

R.- La editora dice que esto es más una vida que unas memorias. Y estoy de acuerdo. Cosas que aún no había contado. Por ejemplo, la importancia de algunas de mis estancias en Italia, en Corea del Sur, en India, en China. O el encuentro con Neruda. O con Ezra Pound. O con María Zambrano. O los últimos días de Vicente Aleixandre... He escrito sin máscaras.

P.- ¿Y con asombro?

R.- También. Sobre todo cuando miro hacia la primera juventud, tan desnortada. Era la fase de metamorfosis.

P.- Llegas a París en el otoño del 68 y allí buscas tu sitio en el mundo ajeno a la política, que todo lo invadía...

R.- A veces hay momentos en que la política es inevitable, como en los años del cambio a la democracia en España. Pero nunca me ha interesado demasiado. O me ha interesado, pero no me ha movido a escribir... Aquel era un París convulso, pero para mí aquel París estaba más vinculado a los libros que había leído, a los museos y a la primera traducción que emprendí de las 'Iluminaciones' de Rimbaud.

Antonio Colinas es un poeta en movimiento, en sentido físico. Pertenece a la tradición de los caminantes. "Pero no he ido donde he querido, sino a donde la vida me ha llevado". Desde Italia y Francia a la Ibiza en la que vivió por 20 años, todo ha sucedido en su caso casi por accidente. Casi como lo inevitable. Digamos que sin demasiadas estrategias. Pero en su escritura hay una lealtad inquebrantable a la infancia. "Pero siempre intentando universalizar eso, huyendo del costumbrismo. La Naturaleza, que es tan importante en mi vida, siempre me ha interesado como algo universal. Igual que la música. O el cine. O la Cultura", explica.

P.- Una Cultura cada vez más rebajada...

R.- Eso parece, pero la cultura tiene demasiadas raíces como para darla por perdida. Eso no se puede ignorar. Como mucho intentarán enmascararla, pero ese depósito de verdades inmutables no se puede perder.

Este hombre tiene una idea de la palabra como elemento transformador. En la poesía, en la literatura, sólo cree en la palabra nueva. Es decir, en aquella que con su carga de significados aún tiene sitio para fundar algo inédito, lo aún no dicho. "Quizá por eso en mi escritura hay mucho de provocador", ataja. Aunque sea por vía de la intimidad. De la metafísica. De lo mistérico. Por eso busca dentro, en los cauces de su memoria, aquello que aún se puede decir de otro modo. Lo que permite reencontrarse con la casa en ruinas de los abuelos. Con la novela de la memoria de uno mismo.