Martes, 12 de diciembre de 2017

Las barreras del mercado

Hoy día, las mayores dificultades ante las que se encuentran las empresas son las barreras que limitan su actuación. Nuevas ideas y nuevos mercados activan el dinamismo de la actividad económica de nuestros maltrechos mercados. La actividad económica es baja, pero el consumidor está necesitado de más innovadoras, más globales respuestas de consumo. Si se levantan las restricciones administrativas y algunas efectuadas por los agentes del mercado más dominantes, la economía daría un giro. Es necesario el debido impulso a levantar estas barreras.

Sobre las barreras administrativas cada vez hay más textos. La literatura comparada y el conocimiento global permite conocer cual es la situación del emprendedor, empresario o PYME de nuestro país. De 13 indicadores que analizan a la Unión Europea, España queda en la cola en ocho de ellos. Mucho queda por mejorar. Ni las anteriores ni las actuales elecciones van a poner solución a esto, seamos realistas. No por ello debemos ser menos reivindicativos. Los que estamos en Asociaciones de Empresarios bien lo sabemos, si se insiste y se aplican con lógica estas propuestas de cambio, se consiguen.

España sigue destacando por los altísimos costes. Crear una empresa es, en España, un negocio para la administración. La rapidez con la que se crean y se destruyen, genera un ingente dinero para la administración y sus redes. Pago de tasas, licencias, documentos notariales, etc que lastran los inicios y que, en algunos casos, desincentivan la creación de las mismas. La administración no tiene ningún interés real en formar empresarios. Se aprovecha, más bien, de los miles de incautos que desean crean empresas. Promover emprendedores es la nueva fiebre del oro. Sólo unos pocos, entre los que está la administración, encuentran las pepitas gordas, el resto, solo mueven arenas en un esfuerzo ímprobo mientras que la administración se lleva su parte del simple deseo de hacerse rico.

Por otro lado están las limitaciones empresariales impuestas por unos pocos. La economía europea debe aplicar los acuerdos del Tratado de la Unión, especialmente en uno de sus pilares: el mercado común o único. Este mercado debe actualizarse al siglo XXI con los innovadores modelos de negocio y con el dinamismo comercial deslocalizado. Las grandes empresas encuentran formas de proteger sus negocios de una manera tan férrea cómo para incumplir ese mercado único. Amazon es una claro ejemplo. Amazon conoce que la deslocalización es uno de sus grandes negocios. El mismo producto en una web de otro país cuesta menos que en la misma web pero del propio país donde el internauta accede. Vaya, que la misma aspiradora cuesta menos en Amazon Bulgaria, que en Amazon España. Internet ha pasado de ser un mercado global, que ampara negocios innovadores y emprendedores, a ser un mercado local. El acceso condicionado a la localización voluntaria o involuntaria del consumidor  permite el acceso a ventajas o no del mercado. Frente a este dilema estos días la Unión Europea ya ha empezado a actuar a favor del consumidor.

La financiación es el nuevo reto. Cada vez más emprendedores y empresas están buscando financiación en mercados alternativos tipo crowdlending y crowdfunding. La economía colaborativa está adelantando a entidades financieras y a la improductiva Iberaval. La gente apoya ideas y forma parte de los proyectos emprendedores con pequeñas o con cuantiosas cantidades. Por parte del emprendedor, pago de 0 intereses (según casos) y un aliciente importante: responder ya no solo ante sus potenciales clientes, si no ante sus reales inversores. Antes era ante la atenta mirada de la familia que había apostado por nosotros, ahora nuestra familia financiera es un acicate.

Otra necesidad importante que requiere de la protección de la normativa europea es la protección de las ideas, los modelos de negocio. Una cosa es la libre competencia y otra es la copia pura y dura. Pon en marcha tus ideas respetando la creación de los demás. No sólo es la fórmula de la Coca-Cola, es cada pequeño esfuerzo de cada comercio local o digital. La creación lleva detrás horas de trabajo, muchas dosis de motivación e incalculables cantidades de ilusión. Si no se protegen, se da paso a las sociedades imitadoras y, por tanto, enrocadas. La Unión debe promover registros y sistemas únicos de registro y protección. Desde la propia identidad de marca, a la los procesos, los medios y los productos. Estados Unidos nos lleva la delantera en esto. No existe la cultura del respeto por el trabajo de los demás y por la propiedad intelectual de otros. No sólo es la copia de la música o el video ampliamente conocido, es también recetas, métodos, medios, etc. que copian otros. No sólo es legislación punitiva, es educación y cultura general. Cuando vemos que por salir en redes sociales o por darnos publicidad usamos imágenes de otros sin siquiera citarlos o reconocer su mérito, mal y flaco favor hacemos.

Queda mucho por hacer, pero aquí tenemos grandes retos: levantar la barrera administrativa, la barrera financiera, la barrera empresarial intrínseca y las barreras culturales.