Lunes, 18 de diciembre de 2017

Expertos en Teología y Derecho Canónico analizan las conferencias episcopales

Aportan sus investigaciones en el Congreso con motivo de los 50 años de la creación de la Conferencia Episcopal Española
Conferencia del profesor de la Universidad Pontificia Comillas, Santiago Madrigal

Este jueves se inició el bloque histórico con la conferencia de José Ramón Hernández Figueiredo, profesor del Instituto Teológico de Orense de la UPSA. El profesor disertó sobre los 'Antecedentes históricos modernos de las conferencias episcopales'. En su intervención, Hernández Figueiredo se remontó a los primeros “conventus episcoporum” de Bélgica, Alemania y Austria, e hizo así mismo un recorrido por las posteriores nuevas Conferencias Nacionales según los modelos desarrollados en Irlanda, Norteamérica, Suiza, Italia y Francia. A continuación, se refirió a la realidad de las conferencias episcopales en Iberoamérica: Portugal, España y América Latina.

Tras este amplio recorrido a lo largo de los siglos, para rastrear los antecedentes de las conferencias episcopales, con amplitud internacional, el ponente se centró en la historia de la CEE desde las primeras agrupaciones episcopales “provinciales” de finales del siglo XIX según el modelo italiano, hasta las Conferencias de Metropolitanos vigentes de 1921 a 1965, que seguían el modelo francés, previas a la creación de la Conferencia Episcopal Española. Según explicó el conferenciante, se recorrió un siglo de proceso remoto de gestación. Con la creación de la CEE en 1966, los obispos salían reforzados al coordinar su tareas pastorales en su misión de gobernar y alentar la vida de la Iglesia en sus respectivas diócesis. Roma no podía solucionar los problemas concretos de la Iglesia en los distintos Estados nacionales según sus necesidades peculiares. Las conferencias episcopales, por lo tanto, vinieron a llenar ese vacío, con el reconocimiento de su autoridad jurídica y con sus encomiendas de carácter pastoral.

El profesor de la Universidad Pontificia Comillas, Santiago Madrigal Terrazas, disertó sobre “El dinamismo conciliar del Vaticano II como matriz de las conferencias episcopales” desde la perspectiva de la afirmación y consolidación de tales conferencias durante el periodo conciliar. Para su exposición, el ponente siguió el Diario del Concilio de monseñor Jacinto Argaya “un documento que arroja una imagen amable y crítica de nuestro episcopado, al tiempo que refleja la difícil gestación de una conciencia colegial durante los cuatro otoños conciliares que coadyuva finalmente a la transformación de la Junta de Metropolitanos en la Conferencia Episcopal Española”, afirmó.

Madrigal Terrazas considera que “la experiencia conciliar fue, en muchos casos, la ocasión para una maduración del sentido colegial que llevó a la consolidación institucional de las conferencias episcopales”, y a lo largo de su conferencia hizo ver cómo se cumple este principio general en el caso concreto del episcopado español.

El ponente dividió su reflexión en cuatro apartados, coincidentes con las etapas conciliares, y concluyó con una cita del diario de monseñor Argaya, en un apunte del 6 de noviembre de 1965: “Es evidente que actualmente existen en la Iglesia española problemas de esta naturaleza: un acefalismo, pues el Primado con sus 90 años no preside ni menos dirige eficazmente el episcopado; y el hecho de que tarde demasiado -¿por culpa de quién?- en constituirse la Conferencia Episcopal, como lo han hecho ya todas o casi todas las Iglesias nacionales (…); el episcopado español no forma bloque monolítico, y su acción aparece como algo dispersa y no asociada”.

En su ponencia “Conferencia Episcopal Española, renovación y Transición”, Juan María Laboa Gallego, de la Universidad Pontificia Comillas, analizó la gestación y primeros años de la CEE desde una perspectiva crítica en su contexto político y social, una historia que “refleja también las vicisitudes, las crisis, la renovación y los cambios del catolicismo español”.

Refiriéndose al periodo de gestación inmediata, Laboa señaló el hecho de que todos los obispos presentes en el Concilio, devotos y fieles a Roma, habían vivido la Guerra Civil, habían sido nombrados por Pío XII y, por su talante, formación y condicionamientos, reflejaban en su mayoría “un modelo eclesial periclitado y barrido por el estilo imperante en el Concilio”. “La Roma conciliar les produjo desconsuelo. Juan XXIII les descolocaba”, afirmó.

En su intervención, Laboa subrayó los aspectos conflictivos en la recepción del Concilio en España, entre otras cosas por la existencia de “un sacerdocio joven y unos activos y creativos movimientos apostólicos frente a un episcopado anciano muy marcado por la persecución y la Guerra Civil”, en una Iglesia “desconcertada ante el compromiso temporal”. En este sentido hizo referencia a la crisis de la Acción Católica vivida en torno a 1966. El ponente indicó que buena parte de la historia de la CEE ha estado marcada, dentro del episcopado, por la alternancia de una mayoría y una minoría de distinto signo, una más conservadora y otra “más libre de condicionantes y prejuicios anteriores”, lo que ha llevado en algunos momentos a “una Conferencia dividida”.

Juan María Laboa explicó la relación conflictiva de Pablo VI con el régimen franquista, siendo todavía cardenal Montini, por su petición de clemencia ante el proceso de Burgos, y cómo el Papa alentó la presencia activa de los pastores en medio del pueblo: "deseamos su acción indiscutible de hombres de Iglesia”. Así mismo, señaló Laboa, Pablo VI intervino para favorecer un clima favorable de recepción del Concilio en España: “Diga a los obispos españoles que confíen en mí”. “En 1972 la CEE había cambiado y rejuvenecido”, señaló el profesor. Se había producido un “cambio de talante en la Conferencia” tras la dimisión de los ancianos y nombramiento de obispos auxiliares”, sorteando la legislación sobre presentación de obispos del régimen de Franco.

Tras explicar algunos hechos significativos vividos en la Iglesia en España como, entre otros, la celebración de las Asambleas provinciales y la Asamblea conjunta, Laboa subrayó la importancia del año de la reconciliación convocado por Roma en 1975, "tan oportuna para España, necesitada de reconciliación, también en el seno de la Conferencia Episcopal".

BLOQUE TEOLÓGICO-CANÓNICO

Este viernes, el Decano de Teología de la UPSA, Gonzalo Tejerina Arias, ha pronunciado la conferencia 'Lectura orgánica de la doctrina del Vaticano II: sobre las conferencias episcopales".  Tejerina Arias se ha referido a los principios de reglamentación de las Conferencias Episcopales "que en tiempos de Pío XII las instituye en muchos lugares y se conciben y actúan en función de finalidades prácticas de carácter pastoral". Los datos históricos reflejan que "la realidad de las Conferencias Episcopales precedió con mucho a la reflexión teológico-canónica".

El decano ha explicado también la doble naturaleza de las posiciones del Vaticano II a la hora de ordenar las posiciones de los documentos conciliares sobre las conferencias. Tejerina se ha referido al aspecto más doctrinal de Lumen Gentium, dedicado a la constitución jerárquica de la Iglesia, "que en sus últimas líneas trata explícitamente de las conferencias episcopales". Un segundo documento al que se ha referido el profesor es el número 37 del decreto sobre el ministerio pastoral de los obispos "considerado como el texto constitutivo de las Conferencias Episcopales". 

El decano ha destacado también que en el Concilio Vaticano II "el análisis de la discusión conciliar permite observar una notable riqueza doctrinal", como la discusión sobre la potestad concreta de las conferencias, donde se percibía "la atribución abierta de sus competencias o el temor a que fueran excesivas y con sus distintas decisiones sembraran demasiada diversidad en la Iglesia", apuntó.

El decano se ha referido también a la discusión sobre las conferencias en la elaboración de Lumen Gentium y Christus Dominus donde en el capítulo 'Consejo o conferencia nacional de los obispos' "ya aparecía la obligatoriedad jurídica de las decisiones de la Conferencia". "El Decreto transforma a las conferencias en encuentros oficiosos, más o menos voluntariosos, en autoridad dentro del derecho constitucional de la Iglesia como institución necesaria y de asistencia obligada para los obispos y con capacidad jurídicamente vinculantes", señaló. "Se puede sostener que el Concilio no elaboró una teología sobre las conferencias episcopales y no señaló abiertamente la colegialidad episcopal como su fundamento teológico, se limitó intencionadamente a establecer unos cuantos principios esenciales".

La segunda conferencia del bloque teológico-canónico versó sobre 'La experiencia eclesial y reflexión teológica: Iglesia local, conferencias episcopales y misterio petrino'. Estuvo a cargo del profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, José Ramón Villar Saldaña. El ponente, tomando como punto de partida y contexto las conferencias del bloque histórico disertó sobre la evolución de las conferencias episcopales a partir del Concilio y marcó sus hitos fundamentales. El profesor profundizó también sobre la naturaleza y el estatuto de las conferencias episcopales, sus competencias y su función ministerial, y sobre la colegialidad, atendiendo a la evolución del pensamiento de la Iglesia sobre estos temas a lo largo de los años.

El programa matinal concluyó con la ponencia 'Las conferencias episcopales en el pensamiento del Papa Francisco' de Eloy Bueno de la Fuente, de la Facultad de Teología de Burgos.  El profesor afirmó que, aunque Francisco no ha escrito de modo sistemático sobre este tema, ha hecho referencias y alusiones significativas que permiten conocer su pensamiento sobre las conferencias episcopales, situadas en “una Iglesia en conversión y con rostro pluriforme”. Una Iglesia que ha de renovarse “desde la urgencia misionera”. Respecto a la sinodalidad y la colegialidad, Bueno de la Fuente afirmó que el Papa vincula la sinodalidad al dinamismo conjunto del Pueblo de Dios y de todos los bautizados, y la colegialidad al encuentro en la acción entre los obispos, al servicio de la sinodalidad del Pueblo de Dios. Las sinodalidad es “la palabra primera de la eclesiología: la Iglesia tiene nombre de sínodo” que ha de procurar el “potenciamiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión”, “marco interpretativo… para comprender el mismo misterio jerárquico”. Detrás de todo ello está el trasfondo teológico y espiritual de “caminar juntos”.
El profesor Bueno de la Fuente recordó que la primera aparición del Papa Francisco en el balcón de San Pedro tras su elección, fue una lección de Eclesiología en la que se perciben “los tres niveles de la colegialidad en su perspectiva misionera": la Iglesia particular, el espacio eclesial de las conferencias episcopales, y la vinculación del sínodo de los obispos con la voz del obispo de Roma.

“La diversidad no asusta al Papa”, señaló el conferenciante, porque esa diversidad se corresponde con la encarnación de la Iglesia en distintas realidades. Según su pensamiento, "el modelo de unidad de la Iglesia no es el de la esfera, sino el poliedro, porque cada elemento conserva su peculiaridad y se unifica aportando una riqueza polivalente". Así, el ministerio episcopal se realiza en comunión.

Bueno de la Fuente concluyó afirmando que el Papa Francisco aporta sobre este tema un pensamiento propio y original al desarrollar las potencialidades de las reflexiones papales previas yendo más allá: sitúa las conferencias episcopales “desde la sinodalidad del Pueblo de Dios, que genera un dinamismo de comunión”. “Fácil decirlo y difícil hacerlo”, terminó, apelando a expresiones del propio Papa.