Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Delirium tremens

Todo el mundo habla de lo que habla todo el mundo. Y yo también. Es un círculo vicioso, pero que muy vicioso. Los días de fútbol, que son casi todos, por la “final del siglo”, por la Eurocopa, por el Mundial de Brasil, porque ha ganado el Leganés, o perdido, es lo mismo, porque lo estrelló en el larguero… estamos de celebración varios días con sus noches respectivas, o de lagrimeo…, unos porque han ganado y otros porque han perdido. Yo creo que no son tantos, ochenta o noventa mil que van al estadio de los cuatro o cinco millones de la ciudad. Pero hacen ruido los de los alrededores, y los periodistas con la “previa” y estudian después en el “estudio estadio”, qué bien suena. Y así ven el partido cientos de millones porque no hay otra cosa que ver. Esos días se suprime la guerra y los naufragios de inmigrantes, para que la gente vea el partido también en los telediarios, que pagamos todos, igual que el tiempo de esa señora tan pesada. Y luego la recepción en el Ayuntamiento. Y que no falte la alcaldesa, ni el rey, ni el presidente, que hay que estar con el pueblo. Todo el negocio bien montado, hasta las evasiones fiscales, con talento en los pies y la filosofía del míster, y las ventas y compras millonarias, con el apoyo del establecimiento, para que se divierta la gente que falta le hace. Vamos, un banquetazo para los miles de periodistas, que salen con gran dignidad en la tele, y otros que todavía no salen. Y si sacan a una adolescente en la grada llorando de emoción o de pena porque su equipo ha ganado o ha perdido… ya el “delirium tremens”. El problema está en que le pongamos a la humanidad un balón de reglamento en lugar de una cabeza sobre los hombros.