Martes, 12 de diciembre de 2017

Ecos del Corpus

Mientras en muchos lugares la celebración de Corpus Christi vive un resurgir, cuenta con el respaldo popular o ha sido potenciada, en la ciudad de Salamanca no termina de despegar. En 2015, el Cabildo Catedralicio, que por delegación organiza la celebración diocesana, introdujo un par de novedades procedentes del amplio proyecto de mejoras sugerido por la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, algunas relacionadas con la Misa y la procesión y muchas otras con posibles actividades para los días previos. Fueron la inclusión de una banda de música en el cortejo y la instalación de altares a lo largo del recorrido, que ambientaron la jornada y sirvieron para una cuantiosa colecta solidaria para Cáritas. Ambas novedades se recibieron con una crítica contestación desde sectores diocesanos. Se mantenían, pese a todo, en la celebración de 2016, aunque el mal tiempo impidió la colocación de los altares dedicados al Jubileo de la Misericordia y al VIIIº centenario de los Dominicos y el temor a la lluvia recluyera la procesión con el Santísimo Sacramento, la más importante del año, en las naves de la Catedral.

 

La mencionada contestación, sin embargo, no generó un debate posterior más reposado, una puesta en común de diferentes puntos de vista o una excusa para abordar cómo debe la Diócesis de Salamanca celebrar el Corpus Christi. Ha quedado aparcada la revisión y no debiera demorarse mucho más. Es posible que unos y otros sigamos discrepando: a los que el itinerario procesional nos parece más bien corto y a los que se les hace eterno; los que no desestimamos el camino de lo complementario hacia la esencialidad, con sus riesgos que los tiene, y los que lo rechazan de plano y de pleno, con no menos riesgo por su parte; los que sentimos la fiesta también desde lo popular y los que la viven sin contemplar esa dimensión; y así muchas cuestiones, matices, minucias… que nos despistan de la importancia de este día que debiera ser de unidad y comunión, en el que las sensibilidades de todos caben y encajan. Por eso, extrañan tantas ausencias. Tantos curas que no acuden. Tantos religiosos que no comparecen. Tantos grupos laicales que no se hacen presentes, niños de primera comunión, familias, cristianos de a pie... No es el Corpus un día en el que se pueda faltar.

 

No tengo dudas de que la Asamblea Diocesana, en sus sesiones plenarias de septiembre, subrayará la Eucaristía como la clave de la renovación espiritual para la Iglesia salmantina. De ese subrayado, un eco bien podría ser la potenciación de los movimientos eucarísticos como la Adoración Nocturna, tan valiosa y necesitada de savia nueva, de la Capilla de Adoración Perpetua como pulmón para la ciudad, y de la fiesta de Corpus Christi como punto de encuentro diocesano en el que todos deben estar y que, además, es el Día de Caridad.

 

El Corpus, a su vez, debe seguir reluciendo y resonando en las comunidades, con su particular celebración que venga a alargar la diocesana en parroquias, colegios, cofradías, monasterios… Este domingo, sin ir más lejos, la Real Junta de Capilla convoca la Fiesta Sacramental de la Universidad (¿no sería buena cosa extender la procesión eucarística hasta el patio de Escuelas Menores?), la Cofradía de la Vera Cruz su Octava de Corpus con estación en las Úrsulas y el convento de San Esteban el Corpus Dominicano revitalizado por la Archicofradía del Rosario.