Sábado, 16 de diciembre de 2017

Destinatarios

   A lo largo de los años se me han ido quedando la memoria, y seguro que a ustedes también, un montón de eslóganes publicitarios como “sólo le falta hablar” (éste no les sonará, era de New Pol, es muy viejo) o "expresión de talento". Son clásicos en los anuncios de coches. Pero de muchos de ellos no soy capaz de recordar el producto que anunciaban. Y de hecho ya en cuanto apagaba la tele se me había olvidado la marca. Hasta la del “tacita a tacita” se me ha ido. Supongo que para los publicistas eso será un ejemplo de eslogan fallido donde se consigue lo contrario de lo que se busca si bien quizá el mero hecho de que su producto salga por televisión ya lo consideran un buen recurso para que gane prestigio a la hora de decidir comprarlo.

   Traigo esto a colación porque a la hora de valorar todas las maniobras publicitarias (no pueden llamarse de otra manera las estrategias preelectorales a las que estamos asistiendo últimamente porque ya son puro show) se las intenta juzgar desde un único punto de vista, básicamente según sean del propio partido político o del contrario. Creo que eso es un análisis limitado. Porque cada una de esas acciones tiene tres posibles destinatarios, a saber, los que se consideran conmilitones, los indecisos y los contrarios. Claro está que la opinión de los contrarios va a ser crítica, adversa, pero eso les traerá sin cuidado a los jefes de campaña. Y de hecho siempre me ha parecido que la gente se mete demasiado con cosas que no le incumben, que pertenecen a un exogrupo del que no quieren formar parte (un ejemplo que me llamó mucho la atención fue el revuelo y la indignación de los no creyentes por la beatificación, qué digo, canonización incluso, del padre Escrivá de Balaguer cuando ese tema debían repudiarlo o aplaudirlo los concernidos). Ahora bien, captar a los indecisos también tiene su aquel pues si te escoras hacia babor o estribor, si tiras de la manta hacia un lado para acoger bajo su calor a un sector, puedes destapar el contrario y perder lo que ya tenías. O provocar el rechazo de esos indecisos que se echarán en brazos del oponente. Y la traca final: al tomar decisiones arriesgadas a la hora de buscar el voto puede producirse el efecto contrario de acabar perdiendo al propio electorado abochornado si no horrorizado ante lo que presencia. Y no me refiero a que te dejen con el culo al aire revelaciones periodísticas sino a lo que tú mismo perpetras para mejorar en intención de voto. Quizá esto no se daría en todos los partidos por igual pues creo que el PP y Podemos tienen unos juramentados más fieles que comulgarían con ruedas de molino, pero el PSOE o Ciudadanos para mí correrían ese peligro por su electorado más volátil. Cualquier toma de postura política si se hace explícita tiene sus riesgos como bien saben quienes invitan a hombres de paz, apoyan referendos o proponen soluciones estrambóticas para mantener la sostenibilidad de las pensiones pero con tanto vídeo y contravídeo los partidos se la están jugando de manera imprudente por mucho que por el otro lado con el rabillo del ojo vigilan las encuestas en esta campaña exprés y cortoplacista propiciada por una inédita segunda vuelta electoral. Más que vergüenza ajena están causando vergüenza propia a mi modesto modo de ver.

   En general estoy disfrutando bastante estos días y espero seguir haciéndolo hasta el 26 de junio como ya aventuré que pasaría antes de la anterior convocatoria de diciembre. Y no quiero ser ventajista que publicado está. ¿No queríamos caldo contra el bipartidismo?, pues toma diez tazas. Y disfruto más como psicólogo y viéndolo desde la barrera. Porque si yo fuera votante del PSOE y para descalificar al PP sacaran unos doberman dejaría de votar a un partido tan simplón, si fuera votante del PP y volviera a oír una sola vez más “sentido común” y “como Dios manda” además de ver a mi prócer jadeando en la carrera dejaría de votar a ese anciano titubeante, si fuera votante de Podemos y vuelvo a ver la omnipresencia mediática del líder máximo que dice apostar por las bases y la gente dejaría de votarlo y desde luego si hubiera tenido en perspectiva votar a Ciudadanos -al que, por otra parte, consideraba que era el que lo estaba haciendo mejor fuera de la capacidad de Iglesias para manejar como arcilla a los demás- ese último vídeo de los parroquianos de un bar me habría quitado las ganas. Hay que tener cuidado, que esos vídeos los carga el diablo y acaban significando un fuego amigo que causa bajas.

   Yo, perdonando, me reafirmo en la misma abstención cínica a la que voté en diciembre y ya me voy apuntando a la tercera vuelta.