Viernes, 15 de diciembre de 2017

Caravansar

Cada encuentro era una excusa para soñar.

Un grupo variopinto, fuimos entretejiendo nuestras pequeñas historias y entre ellas la de viajar.

Cuando podíamos, durante el año en curso, lo ahorrado se depositaba en la "Banca Dori", sin comisiones de apertura ni usura y al final de año tras romper el "cerdito".. este año podemos ir... y comenzaron los amigos viajeros "los rusos". Un día os contaré mi Rusia pero hoy quiero dedicar a estas palabras a alguien que no conocí, sin embargo le presento mis respetos. Y lo haré con alegría, porque desde el balcón de mi conciencia volaron una delicadas y acertadas palabras hasta mi pluma.

En uno de estos viajes aterrizamos en Turquía, Estambul, la primera impresión fue retrotraernos a la España de los años 70-80, basura deposita en las aceras, ciertos olores, ahora existen contenedores en las puertas de nuestras casas y parece que vivimos en un estado de civilización, pero de postureo.

No sé si debería, pero lo voy a contar, la última noche, fuimos al baño Turco, tres buenos mozos en un cuchitril, entramos vestidos y salimos con el pareo de Tarzán, de repente mis dos amigos marchan a los Baños y salgo disparado tras ellos, no me abandonéis, que esto da miedo. Ya los tres juntos, nos sientan con nuestras vergüenzas casi al fresco y unos señores de aspecto rudo, rellenitos, bigotudos nos van señalando, el primero en caer fue el maestro "Tuky", le tocó la bestia, al más chico el más grande. Luego nuestro turno y todo perfecto, recomendable el baño Turco aún con impuesto revolucionario, que hablar español no hablan, pero se hacen entender.

De los mejores recuerdos, la Capadocia y el detalle de Dori de quedarse cuidando de Soraya en el hotel por estar enferma porque ella ya había estado en otra ocasión, estos actos de generosidad hacen que te enamores perdidamente de alguien sin igual.

Las chimeneas, las catacumbas, el paisaje desértico lunar con infinidad de representaciones en nuestra imaginación. De las mezquitas "La Azul", Santa Sofía impresiona, es majestuosa. El café de Pierre Loti (a este aventurero francés lo puedes fichar, Jorge Moreta para tu próximo libro de viajes), el Bósforo visto desde esta colina a la que llegamos por un sendero que atraviesa un cementerio merece la pena. Topkapi, el palacio, el regateo con los taxistas, los ricos postres, la iglesia de pan de oro, el kebap, Atatürk y su mausoleo, nuestra guía (Buryu), gastamos millones de liras en comer y pocos euros (por el cambio de moneda), este viaje a Turquía da para escribir un libro.

Os dejo desde el Caravansar, con los Derviches danzando, hasta la próxima oportunidad de conocernos.

Pensé que este pequeño homenaje puede acompañar en ese otro viaje que nuestros amigos han emprendido. Nos aventuramos hacía lo desconocido y volveremos a encontrarnos.

Se nos ha ido un grande. Isidro, eterna sonrisa y bondad.

Se fue Uri. Mamá de Andrés y Nacho.

A Filina, por auténtica, por soñadora, por artista, por ser tan querida.