Martes, 12 de diciembre de 2017

Chichas

 

 

Hace unos días que se cumplía un año de la conformación de los ayuntamientos de todas España. Fue un 24 de mayo de hace un año cuando el panorama político comenzó a cambiar en España, una irrupción de nuevas o viejas, depende como se miren, fuerzas políticas que parecía que llegaban no solo para quedarse si no para imponer una supuesta transparencia, una sanitaria limpieza y un ímpetu de la lógica, que me da a mi que se ha quedado en declaración mas que en arranque certero.

Esta vez no quiero irme muy lejos para echar la vista atrás en este año, que en mi a veces obtusa opinión ha sido anodino en lo referente al motor municipalista charro, el ayuntamiento capitalino.

Y es que lo que primigeniamente muchos barruntaban como un aire nuevo, nuevas hechuras y transparencias,  ha quedado en nada. Más allá del sonoro topetazo del candidato y de nuevo alcalde, la entrada de lozanos partidos no ha servido para mucho.

El ciudadano charruno no percibe excesiva novedad, no percibe impulso, no percibe futuro. Con un equipo de gobierno deslavazado, en una mayoría minoritaria, cuya cartilla de novedosos méritos, fuera de la rutina normal,  no va más allá de cambiar a golpe de efeméride las luces a la Plaza Mayor, enzahorrar algún solar para solaz aparcamiento o facilitar que Salamanca sea Verona, y cruzar los dedos para que lo siga siendo unos cuantos meses más. Y es que después de cinco años, ha habido tiempo más que suficiente para poner en orden  ciertas cosas y conformar un proyecto sólido de ciudad, y ni veo orden ni veo proyecto. Y si hay proyectos, son más de índole particular que colectiva.

Que conste que no soy de desdeñar nada, todo debe ser bienvenido, pero debemos aspirar y exigir mucho más, que entre jefes e indios hay un buen ejército.

Y en todo este pastel, el que ejerce de pivote, de muñeco de la tarta del “nuevo” ayuntamiento es Ciudadanos. Que a veces dan la sensación que poco tienen que ver con su líder nacional, o todo lo contrario… Cada vez hay más voces que soterran cierto disgusto hacia su  permisividad y tragaderas, pero no esperaba otra cosa. A parte que lo de la experiencia no es excusa, debemos analizar la tendencia de voto capitalino en los últimos veinte años. A partir de aquí su traducción es de una lógica aplastante, porque los naranjas han entendido y saben que la gran parte de su electorado tiene profundas raíces de centro derecha, o con otras palabras, que muchos han votado PP no hace mucho, y que quizás sería demasiado castigo para esa confianza no soportar sobre sus lomos un gobierno que no fuera el que es. Aunque veremos lo que aguantan, cuanto aguantan y hasta donde aguantan. Opino que visto lo visto y sobre todo oído lo oído, el pacto no corre peligro, de momento.

Y los demás a lo suyo. Lo de Ganemos está dentro de lo previsto, con leves momentos de lucidez y una gran mayoría de limbo ilegible. Y el PSOE intentando sacar la cabeza haciéndose el alcaldable, con un líder mucho más incisivo y menos cómodo que el bueno de Cabero, en definitiva, mucho más político.

Dicen  que en esto del municipalismo el primer año es el de la toma de contacto, el segundo y el tercero el de la chicha y en el cuarto solo se piensa en elecciones y votos. Veremos donde nos lleva este segundo año de legislatura municipal, pero no me digan ustedes que como tierra de suculentas chichas no nos merecemos un poquito más de caloría política.