Lunes, 18 de diciembre de 2017

Predicar y dar trigo

Salvo honrosas excepciones, los estudiantes poco organizados deben acudir a septiembre para conseguir sus metas. En la universidad de la vida se supone que, de cara a una nueva campaña electoral, los políticos desempeñarán el papel de profesores y a los votantes nos corresponde hacer de estudiantes. Sin embargo, el 20-D fallaron los profesores, que no supieron –más bien pienso que no quisieron- explicar su asignatura, y es al sufrido votante a quien le toca volver a examinarse el 26-J. Así pues, estamos en condiciones de exigir a esos políticos que se expliquen bien; que les va a resultar muy difícil ser comprendidos si no hacen uso de la sinceridad; que deben hacerlo de forma sencilla, pero comprensible para todos, de manera que quienes ejercemos nuestro derecho al voto no nos veamos sorprendidos al comprobar aquello de “donde dije digo, digo diego”.  Estamos tan hartos de vernos engañados que, más que hacer caso a lo que dicen, introduciremos en la urna el voto que esté más en línea con lo que hacen –por supuesto, lo que hacen ahora-.

Tras las pasadas elecciones municipales, hemos adquirido la información suficiente para saber cómo cumplen los partidos con lo prometido en campaña y, sobre todo, cómo reaccionan cuando no les salen las cuentas. Ante el señuelo de un sillón, no dudan en saltarse las famosas líneas rojas que con tanto énfasis habían prometido respetar, ni se acuerdan de los improperios lanzados –o recibidos- de los oponentes. Así pues, no se molesten en prometer nada, porque, sencillamente, ya no se lo creen ni los suyos.

Siempre se ha dicho que los partidos emergentes fueron la consecuencia directa de aglutinar a los indignados del 15-M. Pero yo me pregunto: ¿hay alguien que no esté indignado? Quienes establecieron su cuartel general, hace dos años en la Puerta del Sol, tenían sus motivos para protestar: paro, corrupción, recortes, etc. Sin embargo, ahora que muchos de aquellos indignados han experimentado lo que significa llegar al poder, se están mostrando de forma tal que han trasladado la indignación al resto de españoles que observa su falta de equidad, su revanchismo, su declarada apuesta por los antisistema y, lo que es más grave, su descarado apoyo a quien se niega a cumplir la ley, o se enfrenta a ella. Tampoco hay que olvidar a quienes, pensando en su propio beneficio, han propiciado el nombramiento de algunos irresponsables.

Claro está que quienes ahora nos sentimos indignados ante la ola de barbaridades que se ven y se oyen, no tenemos madera de guerrilla urbana, y nunca acudiremos a la violencia para hacernos oír. Entre otras razones, porque nos han enseñado lo que es el respeto a la ley y a la libertad de los demás. Eso sí, también estamos acostumbrados a ver cómo se las arregla el Estado para hacer cumplir esa ley, con todas sus consecuencias.

No será necesario recordar las particulares decisiones adoptadas en ayuntamientos de capitales importantes; algunas, por lo descarado del revanchismo, rayando en el esperpento; otras con consecuencias claramente negativas desde el punto de vista económico y, lo más grave, dirigentes políticos que se alinean del lado de los terroristas o de quienes se resisten ante las fuerzas del orden. A la vista de actitudes tan extremas, bueno será que cada uno medite serenamente a quién quiere colocar en los puestos de responsabilidad.