Lunes, 11 de diciembre de 2017

Alrededor del pan y las cigüeñas

“De día el pan /nos trabaja/ y nos pone en pie los cuerpos como árbol/ un nombre nos crece/ y se levanta por las entrañas/ desde una piedra blanca en las raíces”

José Luis López Narrillos, Alrededor del pan

Pan y cigüeñas perfilaban los horizontes de mayo de nuestra infancia pueblerina, pan y cigüeñas para los días nuevos y las tardes largas, salpicadas de festivos, adornadas de amapolas y cantuesos, zapatilla  blanca  preservada en la penumbra de la alcoba, después del barro,  cuando los deshielos del invierno,  los animalillos inquietos, los niños ruidosos...

Fue la fiesta del pan, y "con este pan que son los cuerpos que tenemos a todas horas por la casa" (J. L. N. ) se nos escapó su fulgor  mientras consumíamos  días  de hipermercado, centro comercial o futbol, ensombrecidos por disputas de poder y noticias de hambre, entristecidos por  no poder ponernos a salvo de tales descargas eléctricas, cínicas, maliciosas,  desasosiegos y tormentas, si no fuera buscando la luz en los pináculos o en las antenas, que más da, cualquier altura es buena para trascenderse con las cigüeñas que  nos dibujan ese aire tan del sur, tan nuestro. Me dicen mis amigos de Dinamarca que allí las cigüeñas son noticia, la pareja de turno sale en el periódico cuando pasa por sus tierras, aquí son tan comunes y plebeyas que  pasan inadvertidas. A pesar de su vuelo inmenso y  su crotoreo certero  que nos adornan las tardes, como si llamaran a vísperas en un claustro invisible, dorado y blanco como el  pan de la merienda infantil,  pan paseado por las eras,  amasado y  crecido bajo el sofocante crujir del trillo. "El pan de los años mozos" (H. Böll),   pan que para nuestros abuelos fue el pan de cuando hubo hambre y respiraban la vida como don sagrado, serenamente, sin más afán: "como en un pan en el canto de la puerta he sentado a mi hijo y estoy ahora que me pondría a bailar alrededor" (J.L. N.)

A lo largo de generaciones se fueron fraguando alrededor del pan los días celebrados, las fiestas y los ritos, pero también cuajaron costumbres populares que reverenciaban el pan esencial, "al pan se le besa si se cae porque se nos echaría llorar como el hijo y el beso le acuna al ritmo de la sangre antiguo" (J.L.N.), que entrañaban  la bondad sin dobleces, "es un cacho pan", o la facilidad de algunas tareas en tiempos esforzados, " eso es pan comido".

Alrededor del pan se coronó el hambre y el trabajo y se edificó la dignidad de los  pobres, por ejemplo en  "La conquista del pan" (1892) Kropotkin sostiene  que la humanidad es rica, sobrepasando los sueños de los cuentos de hadas o de Las Mil y Una Noches,  haciendo de la tierra un lugar más habitable, solo falta compartir el pan...  Porque "los pensamientos pajarean en lo alto del día cuando el pan nos trabaja y nos pone en pie los cuerpos como árboles" (J. L. N.)