Lunes, 18 de diciembre de 2017

Constelaciones festivas

Indicaba el etnógrafo y antropólogo francés, en su valioso libro sobre el Carnaval, que el calendario cristiano está pautado, en lo que a la celebración de sus fiestas principales se refiere, por ciclos de cuarenta días, esto es, por cuarentenas.

            Tales ciclos se perciben palpablemente desde las fiestas navideñas hasta la llegada de la Semana Santa. Por ejemplo, desde el nacimiento del Niño hasta las Candelas, transcurren cuarenta días; y ya el propio nombre de la Cuaresma es bien expresivo, en el sentido de lo que indicamos.

            Las fiestas primaverales son muy hermosas en el mundo campesino, pese a que se hayan perdido no pocos de sus ritos y de sus ceremonias. Desde la Pascua de Resurrección hasta San Juan Bautista, nuestro calendario festivo está marcado por hitos de celebraciones de una gran importancia. Acabamos de celebrar las romerías marianas, tan significativas en diversas áreas rurales y poblaciones del mundo salmantino.

            Y ahora le llega el turno a la fiesta de Corpus Christi, que celebramos hoy; una de las fiestas cristológicas más solemnes en toda la Europa occidental y, particularmente, en la mediterránea. Las cofradías del Santísimo Sacramento o sacramentales han desempeñado tradicionalmente una importante función en la solemnidad de esta fiesta.

            En el pasado –y todavía quedan algunas pervivencias en nuestro presente de lo que vamos a indicar–, la fiesta de Corpus Christi estaba marcada, además de por los actos religiosos y litúrgicos, por ritos y representaciones, como danzas, paloteos y dramatizaciones de tipo eucarístico o religioso, dentro del ámbito del teatro popular.

            Hoy, seguimos conservando las procesiones, con altares en calles y plazas por donde ha de transcurrir el itinerario procesional, y otros ritos festivos que aún no se han perdido del todo.

            Los altares, adornados con figuras, imágenes, bordados, relicarios, exvotos, amuletos, urnas y otro tipo de objetos antiguos, son muy hermosos en La Alberca; así como los bordados serranos antiguos y sábanas y colchas, también antiguas y bordadas, con los que se ‘pulen’ las ventanas y balcones de las casas ubicadas en el itinerario por donde ha de pasar la procesión. También en la vecina localidad de Mogarraz ‘se pule’ de modo muy hermoso con los mismos tipos de bordados.

            Y tiene un gran interés el Corpus de Béjar, con los hombres de musgo, que         –aunque el rito se haya desdibujado en el presente– forman parte de una suerte de dramatización que se desarrollaba a lo largo del itinerario procesional, relacionado con la toma y liberación medieval de Béjar, que constituía una suerte de dramatización de moros y cristianos.

            No podemos seguir mencionando ritos importantes y significativos de otros lugares salmantinos. Pero sí queremos animar a toda la sociedad a que los valore, los mantenga y nunca los deje perder, porque forman parte de nuestra identidad secular y, en el fondo, de nuestra mejor cultura.