Miércoles, 13 de diciembre de 2017

¡Gracias!

Agradecimiento del último premio Reina Sofía de de Poesía Iberoamericana

Han pasado algunos días desde la aparición de mi libro “Memorias del estanque” y también desde la concesión del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y quisiera enviaros estas palabras de agradecimiento. En estos días el teléfono se ha saturado y no he podido responder a cuantos me habéis escrito y recordado. Algunos de los comentarios han sido para mi libro; otros para felicitarme por el premio. Y todos lo habéis hecho con vuestro nombre, evitando la cobardía del anonimato.
A veces los mensajes son generosos por entrañables. Guillermo, desde Zaragoza, me dice que ya ha leído mi libro “dos veces”; Luis, desde París me dice que es uno de los libros “con más libertad y sentido de universalidad que ha leído”; desde México, Minerva ha puesto en su Universidad cartel y felicitación. Son respuestas curiosas a esa aventura que supone leer un libro.
Más que unas memorias, en él creo que hay una vida, puesta de relieve sin máscaras y que parte de las raíces de la memoria del origen: del descender. Esto es lo primero que sentí cuando me comunicaron la noticia del premio: más que a una obra yo pensé que se me concedía a mi vida. Luego, otros habéis escrito o hablado con generosidad sobre el libro, al comentar cosas que no había dicho antes o respondiendo a preguntas que siempre me habían hecho, o que incluso yo me había hecho a mí mismo.
Nada hay, en cualquier caso, más hermoso que esta sintonía entre lectores y obra, entre amigos conocidos y amigos que desconozco, o que están lejos. De ahí el don que para mí supone esa comunicación, muchas veces secreta, con los lectores. Como digo –pensando en este premio, en Iberoamérica– también quiero recordar ahora a los lectores que en América hablan o escriben en español y a los de Portugal y Brasil. Por este eco, tan lejano y a la vez cercano, tiene para mí un sentido muy especial el premio que se me ha concedido.
Otros me escribís desde los lugares en que he vivido y en donde algo he ido sembrando, pues de ellos nacieron amigos y libros. También vuestra alegría es mi alegría cuando me llamáis los que estáis cerca, muy cerca, en mi tierra, en mi ciudad natal. Aquí comenzó todo.

Pd) Algunos de vosotros me habéis pedido, a raíz de la publicación de “Memorias del estanque”, más información sobre algunos de los episodios del mismo. Espero seguir haciéndolo. Hoy os envío algunas de las fotografías que aparecen mientras ordeno mi archivo: la juvenil travesía del Canal de la Mancha, rumbo a Inglaterra (1968); nuestra visita a la casa de Nietzsche en Suiza; la entrevista con Neruda en 1972 en Milán, en compañía de María José, (que aparece bajo la lluvia con su magnetófono y la rosa que le regaló Neruda) y el funeral de Vicente Aleixandre.