Sábado, 16 de diciembre de 2017

Mi ventana y el Prior de San Esteban

    Llegábamos a Moscú el año 1980 cuando cruzar la frontera tenía todavía cierta tensión dramática por las metralletas que rodeaban la escena en el aeropuerto de Moscú. Nos sacamos la foto consabida con la mascota de los Juegos, el oso Misha, y seguimos el riguroso itinerario turístico que el grupo tenía que seguir cada día. Y cuento esto por lo que luego se verá.

Un día nos llevaron al salón de actos de una fábrica textil y allí ante los obreros, sobre todo obreras, nos contaron y nos cantaron las glorias de la URSS. En un momento determinado invitaron a que alguien del grupo recitara algún texto en su propio idioma para que los obreros y obreras escucharan el sonido de otras lenguas. Yo me ofrecí y recité, no sin intención, el romance Que por mayo era por mayo… Ay de nosotros si las autoridades hubieran descubierto la intención de recitar en aquella cárcel política el romance del prisionero…

Treinta y seis años después vuelvo a recitar el mismo romance por motivos muy distintos y, lo confieso, absolutamente triviales.

Y presento el estado de la cuestión.

Estamos en el mes de mayo y tengo ante mi ventana una vista magnífica de Salamanca, me saluda cada mañana, me trae vida y variación con las constantes variantes que el sol y las nubes provocan en cada momento, sin olvidar la noche luminosa con los monumentos encendidos de luz y resplandor. Casi no hay quién dé más.

Y aquí entra el romance de aquel prisionero al que cada mañana una paloma lo saludaba y le alegraba la vida tras su ventana. Pero, dice el romance, que un mal día la mató un ballestero y el prisionero se queda sin la paloma que era su consuelo. En mi caso no hay ballestero sino un árbol que ha venido creciendo sin cuidado ni poda, asilvestrado y a su aire, y me ha tapado aquella hermosa vista que me saludaba al albor, por citar la hermosa precisión del romance.

Y no deseo yo, como el autor del poema, que al ballestero “déle  Dios mal galardón” pues se trata en mi caso del mismísimo Prior de San Esteban que, avisado y suplicado estos dos últimos años (y éste ya no, por decepción), no cumplió su reiterada promesa de mirar por el árbol que crece sin cuidado en su jardín y, aunque sólo sea por cumplir con la Laudato Si´, arreglarlo un poco, darle aire y buena poda y rejuvenecerlo algo que así va muy a prisa para viejo. El árbol ganaría figura y vida y yo podría recuperar la visión perdida. Así sea, el año que viene, claro, si llegamos.

Y si el Prior, mi buen amigo,

que a tiempo casi estaría,

hiciera poda y buen tino,

el dios que anda noche y día

en este rincón salmantino,

buen galardón le daría.  *

* que me perdone el autor del romance si le copio verso y hasta idea pues no le alcanzo ni de lejos la belleza

Fructuoso Mangas, el de la ventana en Calatrava