Jueves, 14 de diciembre de 2017

Ejemplaridad pública y comportamiento protocolario

EVOLUCION O REVOLUCION ESPIRITUAL

“España es el pais más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido." Otto von Bismark

Feliz idea la del Decano de la Facultad de Derechos y de las coordinadoras de este Curso. Es el momento de que la Universidad enfrente una problemática que a todos nos afecta, ocupa y preocupa. Lo Público debe ser ejemplo, debe dar ejemplo. Entiéndase por Público todo aquello que institucionalmente hemos creado como representación, gestión y control de lo que jurídicamente hemos delimitado como lo Público.

Vulgaridad y educación, respeto y tradición, protocolo y principios. Hoy en la Facultad de Derecho diversos expertos, (que por no mencionar a todos, dejo reseñados mediante el enlace que más abajo detalle a la web de la USAL) exponían sus pareceres, experiencias y saberes acerca de tan espinoso asunto, pues si para gusto se hicieron los colores, en lo relativo a lo estético no te digo. Y lo que se busca es la excelencia, entonces, tomemos un café antes de iniciar el debate pues va para largo.

Dijo Einstein

“Los problemas no se pueden solucionar en el mismo nivel de conciencia en el que fueron creados”

Todo problema debe resolverse en un nivel de conciencia diferente al que le dio lugar. En lo relativo a la moralidad pública, a la pérdida de valores, al feísmo y la vulgaridad en que algunos creen que se ha caído, se han intentado soluciones en el plano físico, o lo que denominados “las formas”, pues parece  que se han perdido, se ha intentado en el plano mental con aportación de ideas plasmadas en normas que fracasan una detrás de otra y no se ha conseguido nada en el plano emocional, pues en cuestión de sentimientos cada uno tiene los suyos y no nos ponemos de acuerdo ni en fronteras, banderas e himno nacional. Partiendo de este constatado fracaso y tomando en consideración el principio de Einstein la pregunta era obvia: ¿Será el plano espiritual el que pueda aportar la solución?, y si es así, ¿cómo?.

Esta pregunta fue formulada esta mañana en la primera mesa de debate. ¿Será en el plano de la espiritualidad donde este país encuentre la serenidad perdida y recupere una su esencia vital?

Como recordaba uno de los ponentes, que no nombro para no hacer menos a unos y otros, Bismark afirmó, ante la pregunta de cuál era a su juicio y por entonces el país más fuerte del mundo:

España es el pais más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido."

Así es, el espíritu de España o lo español ha sobrevivido incluso a una guerra civil. Es una cuestión espiritual, sin duda.

Carlos I y Felipe II, así como sus sucesores, privaron a España de la libertad religiosa a sangre y fuego. Lo Católico se constituyó para los españoles como el único referente espiritual, lo demás era herejía. Tal opresión llegó hasta nuestros días al confundir el Estado con la Iglesia y la Iglesia con el Estado en el Nacionalcatolicismo. Hoy la Iglesia Católica apartada del poder del Estado vive sus mejores momentos en los últimos quinientos años de su historia pues quienes formamos parte de ella, y me incluyo como católico y romano, lo hacemos desde la más absoluta libertad y en una sociedad de descreídos (educados y formados en la Fe Católica pero profundamente contrarios a la Iglesia), ateos y agnósticos por doquier. Pero el peso de la historia ha supuesto que los españoles huyamos de todo lo que huela a religión o espiritualidad, algunos le salen urticaria con solo oír hablar de la palabra. Tal vez por eso esta mañana resonó lo espiritual como ajeno al problema que nos ocupaba.

Un mismo espíritu, eso es lo que tienen todos los nacionales de un mismo país, que con independencia de ideologías, sentimientos y formas con colores por medio, comulgan bajo ese mismo espíritu para sentirse orgullosos de lo que son, americanos, venezolanos, argentinos, alemanes o italianos. En nuestro caso no es así.

Falta un liderazgo espiritual, un liderazgo que deje al lado creencias e ideologías y desencarne al mito. Nuestro espíritu no lo debe representar siempre un hombre o una mujer como ha pasado en nuestra reciente historia pasada. Debe ser un ESPIRITU. Un mismo ESPIRITU.

Para encontrarlo, o que él nos encuentre, (pues en temas espirituales nunca se sabe, las reglas son diferentes al mundo mental) debemos ser conscientes de que está presente, pues de otro modo España, como bien decía Otto von Bismark no podría ser tan fuerte como para resistir tantos años de encarnizados enfrentamientos.

Son nuestros políticos los que nos privan del debate espiritual. Son los medios de comunicación los que lo eliminan de lo noticiable. Son los centros educativos quienes lo tratan con mucha cautela. Somos todos nosotros los que apartamos el tema de nuestras conversaciones cotidianas.En fin, no estamos para rollos de curas y monjas, dirá todavía alguno, en la creencia de que lo espiritual es idéntico a lo religioso.

El ESPIRITU llegará, bien por la vía de la evolución o  inevitablemente por la vía de la revolución. En nuestras manos está el llevarlo por un camino u otro.

Me aparté de la política cuando vi como se perdía el espíritu, cuando se difuminaba su esencia entre el pragmatismo, ni siquiera sobrevivió la ideología, como si el ideólogo de todo partido pasara a ser GROUCHO MARX: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”.

El espíritu de la concordia hizo posible la transición y, como hoy recordaba un ponente, la generosidad de una clase política que supo dejar paso no sin resistencias, pero dejó paso.

He de proponer ahora mi modelo, pues en caso contrario me saldrían gratis estas líneas. Abogo por un ESPÍRITU, el del PERDÓN, que no es otro que el de la MISERICORDIA, que no es otro que el de la COMPASIÓN, que no es otro que el del REINICIO. Reiniciarse y ¿desde qué instante?, desde el ahora. Sin mirar atrás, mirando siempre hacía delante, SIEMPRE ADELANTE.