Jueves, 14 de diciembre de 2017

James M. Linden: “Memoria de Otoño nació por pura necesidad”

Hermoso texto sobre la soledad, sobre la rutina que a menudo es lo único que nos mantiene vivos y atados a la tierra…

Hermoso texto sobre la soledad, sobre la rutina que a menudo es lo único que nos mantiene vivos y atados a la tierra…Escrito en una prosa limpia y precisa que va dando nombre a cada acontecimiento, a cada emoción. Me gusta ese hombre solo, que va dándonos pistas sobre su vida mientras alivia el luto, que va haciéndose una vida nueva, dentro de otra ya casi acabada.  Novela que te sorprende a medida que avanza, que parece discurrir sin sobresaltos entre pequeñas cosas, para sumirnos al acabar en un profundo desasosiego, porque lo que tenemos entre las manos es literatura, buena literatura hecha con los mimbres básicos e imprescindibles y por eso nos ha inquietado, nos ha dolido y nos costará olvidar a ese hombre meticuloso que por unas horas formó parte de nuestra vida.

En Amarú ediciones están contentos con este libro recién salido del horno: ‘Memoria de Otoño’  y el autor, castellano de pura cepa aunque se esconde bajo el pseudónimo de  JAMES M.LINDEN, también parece satisfecho, con esta primera incursión en el mundo de la literatura; hablamos con él, tímido en apariencia, con las cosas muy claras y con esa edad en la que las tonterías han quedado definitivamente a un lado. 

¿Por qué un pseudónimo? Suena muy bien que conste 
Tú lo has dicho, suena bien; eso es lo importante. James es el equivalente a Santiago en inglés; M. es la primera letra del primer apellido; Linden es el nombre de la calle donde pasé mis primeros años en Londres, en el barrio de Notting Hill Gate. Puede que el uso del seudónimo tenga la intención de sacudirse, olvidar, ése maldito yo que todos tenemos, de una forma u otra, soportar. Es una operación de autoengaño que puede funcionar

Tengo que empezar preguntando cómo surgió la idea de este libro.
Por pura necesidad. En el Otoño del 2011 llevaba unos meses en la casa familiar, desterrado, esa era la sensación que tenía y comencé a pensar que algo tenía que hacer para mitigarla. Había releído el libro de Solzhenitsyn “Un Día en la Vida de Ivan Denisovich” y pensé que salvando la imposible comparación podía servirme como marco temporal para la idea que tenía en mente. Enseguida vi que no iba a servirme de mucho, pero fue útil para establecer el punto de partida.

Un libro que es como una especie de cuaderno de bitácora, de diario de una época de duelo, de irse recomponiendo.
Al principio la ida era muy vaga. Esa especie de cuaderno de bitácora de la que hablas fue estableciéndose a medida que avanzaba, a medida que veía, con cierta satisfacción, que avanzaba.

Lo primero que llama la atención es lo bien tratado que está el tema de la soledad, como trasmite esa sensación de estar solo, de ser solo.
Bueno, es un gran halago que digas eso. Si es así, digamos que ha sido un regalo;  un regalo en compensación por la disciplina que conseguí imponerme.  Nunca pensé que podría sujetarme a una mesa 5 horas todas las tardes de Lunes a Viernes. Estaba además la atmósfera de la casa, de la comunidad donde habitaba donde el silencio era la norma; creo que todo eso contribuyó a lo que sugieres.

Y luego ese contar la vida rutinaria, cotidiana, como una forma de sobrevivir de mantenerse en pie

No tenía otra opción. Debía plasmar en el papel todo eso, hasta donde llegara, como una especie de ejercicio espiritual que me liberara de la grisura aplastante. Como tú sabes, el efecto sólo es momentáneo, pero bastaba para compensar el día. A la jornada siguiente se podía volver a intentar y que el efecto surgiera de nuevo.

Por otro lado las referencias geográficas y esa precisión en el detalle, el desayuno, el paseo, esa especie de ritos hacen que nos identifiquemos con el protagonista, con la situación.
En cuanto a las referencias geográficas eran las dos que tenía a mano; el lugar donde me encontraba y el lugar que me había visto obligado a abandonar. Por lo que respecta a si el lector se identifica o no con el protagonista, no soy yo quien deba o pueda reafirmarlo; si es así, pues un regalo más; quiere decir que he tenido suerte al hacer vibrar ciertas cuerdas.

Una situación personal, única y al mismo tiempo universal, una vida, una forma de vida que parece terminada mientras otra está comenzando.
Desgraciadamente parece ser así. Una forma de vida que intuye se ha esfumado, por primera vez a punto de tocar los 60 años cae en la cuenta de que será muy difícil, si no imposible volver a recuperarla y otra ¿qué está comenzando? Bueno, eso es pecar de un optimismo exagerado; si acaso continuar con la misma habiendo aprendido algo mediante un proceso de resignación.

Esa meticulosidad, trasmite por un lado una profunda paz, y por otro un desasosiego infinito.

Yo no diría paz, diría una cierta tranquilidad, algo así como un estado de tregua; porque como dices el desasosiego se nota que circula bajo la superficie. El desasosiego es su normalidad, aunque disimulado; para acceder a la tranquilidad necesita echar mano de ciertas fórmulas que tiene en su cabeza; algo parecido a ése mantra estoico que dice: “ tranquilidad, libertad, calma…”

Por qué este hombre tiene una historia detrás que va recolocando en su cabeza, una historia sin resolver y que aún duele
Sí claro; una historia que se compone de pequeñas historias y que no creo que pueda resolverse nunca; en cuanto si duele aún, digamos que es esa especie de dolor estético que facilita el tamiz de la memoria y que está ahí para hacer uso de él en esos momentos de autocompasión.

Cómo ha conseguido esa prosa tan precisa, que se adapta como un guante a la historia, le costó mucho, le dio muchas vueltas o estaba clara desde el principio.
No paras de halagar, ¡vaya bochorno! El tono general me lo ofreció la primera página de la obra citada de Solzhenitsyn. La contención en el estilo; evitar en lo posible el desbordamiento, el sentimentalismo que todo lo estropea. Las dos primera líneas de la novela marcaron el paso: “El martillo golpeó diana en la verja afuera del campo a las cinco de la mañana, como siempre; hora de levantarse. El sonido displicente fue amortiguado por los dos dedos de escarcha pegados al cristal de la ventana…”; después ya sólo tuve que seguir en lo posible esa sobriedad. Añade, si quieres, el uso comedido de ciertas palabras de argot ( había más, pero alguien me aconsejó que debía si no descartarlas todas, reducirlas al mínimo) para quitarle excesiva seriedad al asunto y ya tenemos casi toda la herramienta.

¿A quien lee habitualmente, quienes son su referencia en esto de la literatura?
El texto está plagado de referencias; quitando las estrictamente ensayísticas, todas las demás me afectan. Por citar un autor así a bote pronto, tiempo atrás estuve atrapado, como lector, a la manera de contar de L.F. Celine. Era diferente; como decía el mismo en un ensayo novelado que se titula “Conversaciones con el Profesor Y”: mi estilo es pura emoción, la emoción en marcha…

 ¿Y tiene ya una historia nueva en mente? 
Quizás…, ¿Quién sabe? Necesitaría reunir parecidas circunstancias de
tiempo, espacio y lugar con las que he podido empezar y acabar este libro…

CHARO RUANO