Viernes, 15 de diciembre de 2017

El ser humano

Las noticias ponen de relieve asuntos sociales o de cualquier otro tipo que interesa difundir, sin embargo, no siempre son del todo verdaderas. Pueden presentarse bajo una envoltura que no siempre resulte transparente. El énfasis puede recaer no tanto en la noticia en sí, cuanto en la forma de presentarla, en relación al público al que llegará.       

            Es de todos conocido el recorte en materia de sucursales de empresas que pueden gestionar sus servicios vía electrónica. Este tipo de cambio también lo podemos constatar en la sustitución de personal por máquinas, en establecimientos como supermercados. Más o menos a propósito de esto, Miranda consiguió un trabajo nuevo. Vende billetes de autobús desde la comodidad de su casa. Se pone una diadema con el sistema de sonido, cuelga un cartel con el nombre de la empresa en la pared y atiende al público desde su ordenador. Ayer, amablemente hizo esperar a un par de personas a kilómetros de distancia mientras hablaba conmigo por teléfono. —La música no es tan mala, no les importará esperar ―me dijo―. No te preocupes.

            En algunas ocasiones, no sabemos lo que vemos. Pensamos que vemos algo, pero en realidad no es así. En términos de literatura, no todos los textos impresos corresponden al manuscrito original, o a la imagen ideal que tenía en mente el autor de la obra. En cuanto a la política, probablemente el entramado institucional no le permita a los funcionarios sacar a la luz información que por derecho debe ser visible. Existen situaciones que condicionan lo que se publica y lo que se esconde, o lo que se saca, pero elaborado con una retórica al caso.

            Las mentiras piadosas ―versión yogurina de todo esto― son otro instrumento del género humano. —No pasa nada. Así no harás sentir mal a nuestros padres ―le dijo Holden a Phoebe a su vuelta a Nueva York―. Movida por el amor fraternal, ella fue obediente, aunque no pudiera dejar de sentir cierta inquietud. De regreso de Central Park, no hubo que dar más explicaciones en casa porque todo había resultado bien. Sus padres pensaron que había estado en la escuela ensayando la obra de fin de curso. En el gran teatro del mundo, como podemos ver, no todos desempeñamos como deberíamos el papel que nos corresponde. Cada actor dispone de las aptitudes básicas para llevar a escena su personaje, pero estas no bastan, hay que desarrollarlas, con el esfuerzo que esto implica. Hay que concebir una meta que lo mueva a uno a llegar ahí.

            Yo no sé si algún día llegaré. Hablando el lenguaje de la religión, un amigo me dijo que en los conventos no interesan aspirantes al cielo ―no recuerdo si esta fue la palabra exacta― entusiastas, sino aspirantes obedientes, que hagan bien lo que tienen que hacer. Recogiendo esta sentencia particular y llevándola a un territorio general, el hombre no tiene que vender o ilusionar con proyectos; en cambio, tiene que llevar a cabo su tarea. Tiene que ser realista, no entusiasta, para, algún día, dejar de responder a medias, o con palabras cubiertas por un velo, a preguntas como: «¿Qué tal estás?», «¿Qué estás haciendo?», «¿Cuáles son tus proyectos?». Una cortina de humo desaparecerá del rostro del hombre y quizá entonces aparezca ante nosotros el ser humano.